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La selección del director
Opinión

Un Florentino Pérez en el Real Madrid, un Florentino Pérez en ACS

El accionista de la empresa de infraestructuras está más contento que la grada del Bernabéu. No es tan distinto el gestor de la compañía y el del club. Quien es distinto es el forofo

Florentino Pérez, en su rueda de prensa del martes en el Bernabéu. Juanjo Martin (EFE)

El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, ha recibido un aluvión de críticas (que él considera ataques al club, pero son a su gestión) después de una desdichada rueda de prensa que rompió con estrépito, el pasado martes, más de una década de discreción. El que ha sido durante 22 años mandamás del equipo blanco dijo desafiante que no dimite y que tendrán que sacarlo “a tiros” de su puesto, anunció una convocatoria de elecciones en la que concurrirá y trató de descalificar (presentándolo como mexicano) a su potencial rival en las urnas, el presidente de Cox, Enrique Riquelme, que es alicantino.

El presidente de ACS, Florentino Pérez, tiene también la intención de presentarse a la reelección, en este caso dentro de un año, cuando él ya tendrá 80 años, con lo que acabaría ese mandato con 84. Así lo ha comunicado a sus colaboradores, según ha contado aquí Javier F. Magariño. En la constructora todo transcurre con fluidez y calma, nada que ver con las peleas en el vestuario y los pitos desde la grada del Bernabéu. No debe haber grandes obstáculos para su continuidad en la décima mayor compañía del Ibex: Pérez controla un núcleo duro entre el 13% de acciones que él tiene, el 9% de CriteriaCaixa (la catalanidad no es aquí un problema) y el 5% de los Albertos (Cortina y Alcocer, que acaban de anunciar un nuevo pacto de sindicación de sus participaciones). El accionista de ACS está mucho más feliz que el socio del Madrid, porque su inversión ha más que duplicado su valor en un año. Y se ha multiplicado por cinco en cinco años.

En aquella tormentosa rueda de prensa, Florentino Pérez, el presidente del Madrid, mostró su cara más agresiva, antes reservada a los espacios privados. Denunció “campañas orquestadas” contra el club, lanzó un ataque contra la prensa que ejerce como considera su independencia (dedicó muchos minutos a denigrar al ABC), culpó a los árbitros de haberle robado siete Ligas por los pagos del Barcelona a Negreira, y soltó algún comentario irrespetuoso hacia mujeres periodistas. Faltaron explicaciones sobre sus planes inmediatos: el nuevo entrenador (se espera al áspero Mourinho), la renovación de la plantilla y, muy relevante, el cambio en la estructura del club que prepara para abrir parte del capital a inversores privados. Además, Pérez se atrincheró ante una supuesta conjura de ejecutivos eléctricos, lo que sugiere que tras la alternativa de Riquelme ve la mano de su viejo y acérrimo enemigo Ignacio Sánchez Galán, el presidente de Iberdrola. Cox acaba de cerrar con Iberdrola la compra de sus activos renovables en México por 3.400 millones de euros.

La imagen del club con más títulos de Europa seguramente se resintió esa tarde del martes, tras este discurso populista y victimista que dio la vuelta al mundo, pero es imposible medirlo. Porque el Madrid no cotiza en ningún mercado, ni lo hará mientras sea propiedad al 100% de sus socios.

A la mañana siguiente, la del miércoles, la acción de ACS subía más del 2%, ajena al ruido en torno a su máximo responsable. Porque los inversores han desligado siempre las dos facetas del bipresidente. El día anterior, el lunes, los títulos de ACS habían tenido un bajón, tras la presentación de unos resultados buenos, con un crecimiento del beneficio del 25%, pero no tan buenos como algunos analistas esperaban. Estos vaivenes no pueden rebatir que en el último año la compañía ha sido la reina de las constructoras en Bolsa. Las acciones han subido un espectacular 130% en 12 meses, muy por delante de sus competidoras: Sacyr, Ferrovial, FCC, Acciona u OHLA, la mayoría de ellas con un buen desempeño, pero de doble dígito.

Todo el sector de la construcción se ha ido transformando desde la gran crisis del ladrillo: se ha volcado en la gestión de infraestructuras, apenas construye viviendas y se expande por todo el mundo. Pérez, el constructor, ha hecho este camino con muy buen ojo: como detalla Magariño, “ACS avanza en terrenos como la defensa, infraestructuras digitales, minería, energías renovables o la nueva industria descarbonizada en América, Europa y Asia-Pacífico”. En especial, se ha volcado en un negocio en auge, los centros de datos, enganchado a la fiebre de la inteligencia artificial (y sin compartir sus riesgos). Ha enfocado su crecimiento internacional sobre todo a Estados Unidos, donde ya obtiene la mayor parte de su facturación a través de su filial Turner.

¿Hablamos de la misma persona? Sí, mientras hablemos de gestión. Pese a lo ocurrido el martes, el largo periodo de Pérez al frente del Real Madrid será más recordado por sus luces que por sus sombras: llegó a un club arruinado y disparó los ingresos (hoy por encima de 1.200 millones anuales, la mayor cifra del fútbol mundial), afrontó fichajes ambiciosos, reformó el estadio Santiago Bernabéu. Y, sobre todo, cosechó grandes éxitos deportivos, con siete orejonas bajo su mandato. En 22 años, claro, ha habido altibajos en un negocio que depende de que la pelota se meta entre tres palos, pero es indiscutible que el club se fortaleció. En los dos últimos años, sin embargo, muchas cosas se torcieron: el fiasco de la Superliga, el plantón a la gala del Balón de Oro por una rabieta, el ruido del Bernabéu que frustró rentabilizarlo con los conciertos (y la última sentencia no despeja el tema). Y, en lo deportivo, la caída fue en picado: fichajes caros y desafortunados para reemplazar a leyendas; la desautorización y luego destitución de Xabi Alonso como entrenador; su sustitución por un Arbeloa encargado de adular a las estrellas y protegerlas de toda crítica; el bajón en rendimiento de un grupo tan joven como dividido e indisciplinado, que dejó de pelear la Liga con muchas jornadas por delante. El adelanto de las elecciones al Real Madrid, cuando solo ha pasado un año de la reelección de Pérez (sin rival desde 2006, dadas las durísimas exigencias para presentarse) no se explica tanto en su deseo de volver a legitimarse ante la afición, o de anticiparse a la censura del estadio, como en la aceleración de los plazos para impedir a Riquelme armar una candidatura alternativa. Este ha pedido tiempo, pero no lo tendrá. Y si Pérez pretendía sofocar incendios, el tiro salió por la culata: el jueves arreció la bronca en la grada y Mbappé estalló contra Arbeloa por sentarlo en el banco. Señales de que la situación está fuera de control.

Una posible diferencia entre el presidente del club y el de la empresa de infraestructuras, ambos llamados Florentino Pérez, es que el segundo supo iniciar una transición tranquila que va poniendo el rumbo de la compañía en manos de un consejero delegado fuerte y reconocido por el mercado: Juan Santamaría. En el Madrid, donde ha imperado el Pérez más personalista, nunca asomó un número dos con atribuciones, ni siquiera un director deportivo como se entiende en los demás clubes. ¿Vendrá la transición ordenada en este que suponemos un último mandato? Eso solo ocurrirá si Riquelme no saca provecho del enfado de la afición. Le va a costar reunir los avales necesarios en pocos días. Todavía no sabemos si habrá partido. Y falta por conocer a sus compañeros en un viaje arriesgado: la posible presencia de David Mesonero, alto directivo de Iberdrola y yerno de Sánchez Galán, que algunas fuentes cercanas enfrían, afianzaría el relato de la gran batalla entre dos personalidades del Ibex. Un choque de trenes que se remonta al intento de ACS de hacerse fuerte en Iberdrola entre 2006 y 2012, y que tuvo otro episodio de gran tensión con la personación de Pérez en la causa contra Galán por el caso Villarejo, archivada en 2022.

La industria del fútbol siempre fue más pasional que cualquier otra. Todos conocemos a personas muy serias y formales que parecen otras cuando ven rodar el balón. No es tan distinto, entonces, el Florentino Pérez gestor del club de sus amores y el Florentino Pérez gestor de una gran empresa multinacional de infraestructuras. El que es distinto es el Florentino Pérez forofo, que ahora se muestra sin tapujos. El público al que se dirige en cada ámbito es distinto: una masa social que tiende a dejarse llevar por la emoción o una base de inversores que mira los fríos números que les llenan los bolsillos. Otro asunto es el desgaste de un concepto, el señorío, lamentablemente pasado de moda. Importan los resultados, y los goles, pero también la reputación.

Este texto forma parte del boletín semanal La selección del director de Cinco Días, con el análisis de Ricardo de Querol y enlaces a las mejores historias económicas. Cada viernes en su buzón. Puede apuntarse aquí.

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