Evitar la fusión o adquisición de Commerz perjudicaría a Alemania
El plan de Berlín para frenar a UniCredit podría encarecer la operación y distorsionar el mercado

Berlín podría estar tramando una nueva táctica para neutralizar fusiones y adquisiciones. Sus efectos serían nefastos para los contribuyentes alemanes, la empresa a la que supuestamente intenta ayudar y la política industrial europea. Existen mejores formas en que el Estado puede influir en el enfrentamiento por las fusiones y adquisiciones.
Reuters informó el miércoles, citando a personas involucradas en el asunto, que algunos miembros del Gobierno están estudiando la posibilidad de aumentar la participación estatal del 12% en Commerzbank, valorada en 41.000 millones de euros. La idea sería frenar a UniCredit, que posee aproximadamente un tercio de la entidad crediticia alemana y se ofrece a comprar el resto. Irónicamente, la maniobra del CEO Andrea Orcel sobre Commerz fue posible en 2024 gracias a la decisión del Estado alemán de reducir su participación, que entonces era del 16,5%, vendiendo un 4,5%, porcentaje que el banco italiano se apresuró a adquirir.
La regla de oro de la inversión es comprar barato y vender caro. Berlín corre el riesgo de hacer justo lo contrario. Estaría comprando a un precio tres veces superior al que pagó en la venta masiva de 2024. Commerz vale ahora 11 veces sus beneficios futuros, lo que está muy por encima del múltiplo medio de nueve veces de sus homólogos regionales, según datos de LSEG. Supongamos que Berlín quisiera una participación del 25%. Eso podría impedir que UniCredit impusiera un llamado acuerdo de dominio, que requiere el 75% de la propiedad y permite un control explícito de la gestión. El Estado tendría que reunir la considerable suma de 5.000 millones de euros, según el precio de mercado de este miércoles.
Es cierto que podría haber formas de pagar menos. El ejército de fieles inversores minoristas de Commerz representa una quinta parte de sus acciones. Es posible que estos se muestren menos dispuestos a aceptar cualquier oferta del banco italiano, lo que significaría que el Gobierno podría salirse con la suya manteniendo una participación inferior al 25%. Y cuanto más consiga Alemania hacer subir las acciones con compras graduales, menos dispuesto podría estar Orcel a lanzar una oferta superior a la actual, que se sitúa por debajo del precio actual de Commerz.
Pero nada de esto eliminaría necesariamente a UniCredit, dada su gran participación y su proclamado compromiso a largo plazo. Esa gran participación podría dar a Orcel la capacidad de nombrar consejeros afines con el tiempo y ejercer una influencia creciente. El beneficio político, mientras tanto, parece escaso. Mantener la independencia de Commerz podría sentar bien a los políticos nacionales y a algunos de los clientes empresariales del banco. Pero desembolsar fondos para hacerlo dejaría en mal lugar al canciller Friedrich Merz, quien propone recortes en el gasto social para que se apruebe su presupuesto.
Las repercusiones en Europa podrían ser peores. Es cierto que Italia y España se han entrometido en los intentos de adquisición de empresas nacionales por parte de UniCredit y BBVA. Pero al oponerse a una operación transfronteriza, Berlín corre el riesgo de ir en contra de la ambición de Europa de crear gigantes regionales. Si gigantes alemanes como Rheinmetall o Deutsche Telekom quieren comprar un rival italiano o francés, podrían verse frustrados.
Existe otra alternativa. En lugar de comprar más, Berlín podría utilizar su participación actual, que ya es suficiente para impedir la exclusión de la bolsa, para obtener un precio más alto y compromisos posteriores a la operación en materia de empleo y financiación. Lograría muchos de los mismos objetivos, pero sin malgastar dinero ni arriesgarse a una reacción adversa transfronteriza.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Almudena Barragán, es responsabilidad de CincoDías