El fantasma de la sustitución en los nuevos modelos de IA
Es extremadamente difícil subestimar las repercusiones de este posible cambio sobre el mercado laboral, la economía, la educación y, en general, la sociedad en la que vivimos


El desarrollo de los modelos de lenguaje de inteligencia artificial ha ido tan ligado a los mercados financieros que hace difícil discernir el humo bursátil del fuego tecnológico. El lanzamiento de ChatGPT primero, y la carrera posterior de las grandes tecnológicas por lanzar y actualizar los suyos, no se pueden entender sin tener en cuenta las ingentes necesidades de capital que requieren los centros de datos. La tecnología precisaba de la fiebre bursátil para desarrollarse al ritmo que sus promotores, con los bolsillos llenos, pero también con sus propios accionistas, exigían. Ello derivó en situaciones a veces grotescas, como el lanzamiento de varias plataformas de creación de vídeo enfocadas al meme, a veces repugnantes, como la sexualización de menores por parte de Grok, y a veces preocupantes, como los deepfakes.
Pobres réditos para una tecnología que no solo prometía cambiar el mundo, sino que ha requerido inversiones sin precedentes. El debate sobre la burbuja ha sido, y es, pertinente a la luz del volumen de gastos y, también, del rendimiento esperado. Pero el ajuste de los modelos está moviendo la brújula financiera, y el impacto se puede notar pronto a pie de calle. Los nuevos modelos han cambiado los memes por tareas propias de trabajadores especializados, como programación informática, redacción de textos legales o análisis de datos. Los mercados han tomado nota de ello, con fuertes caídas en empresas cuyo modelo de negocio está supuestamente amenazado.
Pero, de concretarse las expectativas actuales, la disrupción puede ser mucho más abultada, y traumática, en el mercado laboral. El temor a la sustitución de empleos de oficina por modelos de IA especializados se ha extendido como una mancha de aceite en las últimas semanas, espoleado tanto por las masivas caídas en determinadas empresas como por las alertas de algunos directivos dentro y fuera del sector tecnológico.
No hay que tomar al pie de la letra los movimientos de unas Bolsas que siempre tienden a reaccionar en exceso. Pero si la IA pasa de ser una máquina que lee y redacta (bien) textos para poder realizar tareas específicas, de complejidad media y a la velocidad de la luz, el elenco de puestos potencialmente amenazados da un salto tanto en cantidad como en espectro. Es extremadamente difícil subestimar las repercusiones de este posible cambio sobre el mercado laboral, la economía, la educación y, en general, la sociedad en la que vivimos.