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Editorial
Opinión

El eurobono, un ‘buy Europe’ financiero más necesario que nunca

Convertir al euro en referencia mundial no solo reforzará la autonomía del continente, sino que también hará más barata la financiación de empresas y Estados

Banderas de la UE en la sede de la Comisión en Bruselas.Yves Herman (REUTERS)

El Banco Central Europeo nunca ha ocultado su preferencia por que el euro sea una moneda europea de referencia en el sistema financiero internacional, un papel para el que la divisa sólida es un instrumento; condición necesaria pero no suficiente. Una moneda que no está ligada a un activo líquido y de bajo riesgo siempre va a estar coja. Los eurobonos han sido durante décadas un anatema en la Unión Europea, pero el continente se halla en una coyuntura radicalmente distinta a la de las últimas décadas.

El cambio de discurso del BCE refleja una coyuntura radicalmente diferente. Europa no puede contar con el paraguas estadounidense en términos de defensa, ni tampoco con la arquitectura financiera basada en el dólar. En un mundo fragmentado, las finanzas (al igual que, como hemos visto, el comercio) pueden ser un arma.

Si los eurobonos no existen es por el rechazo, alemán sobre todo, a la mutualización de riesgos, más ligado a cuestiones de política interna que a aspectos puramente financieros; el propio BCE se ha encargado en su propuesta de especificar que esta deuda europea debe preservar los incentivos a una política fiscal prudente. Algo que, en todo caso, ya han tenido en cuenta todas las propuestas serias al respecto.

Ahora bien, si se quiere un eurobono activo, eso supone también un mayor volumen de emisiones, es decir, más deuda común. Los motivos para desearlo son poderosos: dar a los inversores internacionales, en un momento de demanda de diversificación de riesgos, una alternativa a la combinación de dólar y bono estadounidense a 10 años. Una versión financiera del buy Europe para la que sí hay un apetito claro. Más allá de las declaraciones de los gestores de carteras institucionales, es la subida del euro frente al dólar la que demuestra que hay demanda para una moneda de reserva que no dependa de los cambios de humor de Donald Trump.

Convertir al euro en referencia mundial no solo reforzará la autonomía del continente, sino que también hará más barata la financiación de empresas y Estados, y dará a la eurozona una capa de protección adicional en el caso, ciertamente verosímil, de turbulencias financieras. No faltan tampoco destinos a los que dedicar las voluminosas emisiones de estos eurobonos. Defensa, industria, clima, infraestructuras y tecnología precisan de grandes inversiones, que tendrán un menor coste financiero (y probablemente político) si se canalizan de forma unificada. Si el eurobono siempre ha tenido razón de ser, ahora es una necesidad estratégica.

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