Las claves: los mercados reciben con una de cal y otra de arena las elecciones en Japón
No se puede tener a todos contentos en este mundillo


Para los mercados financieros, no hay nada puramente positivo o negativo. Primero, porque siempre hay un integrante de ese nutrido grupo que apuesta en contra de la mayoría y, segundo, porque lo bueno para un activo puede ser malo para otro. Con esa premisa ha recibido el mercado la contundente victoria en las legislativas del partido de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi: un triunfo amplio es sinónimo de estabilidad –bueno–; Takaichi, heredera de Shinzo Abe, apuesta por una política de gasto y estímulo económico, algo bueno y malo a la vez.
Las políticas esperadas son vistas de forma positiva para la Bolsa nipona, que se disparó tras los resultados, y, a renglón seguido, para el Estado japonés en sí, que es uno de los grandes inversores de su propio parqué (banco central incluido). El plan, sin embargo, no resulta tan positivo para la deuda pública del país, cuyo coste de financiación sube ante un aumento previsible del gasto, lo que a su vez redunda en una debilitación de su ya castigada moneda. No se puede tener a todos contentos en este mundillo.
Ellison pone toda la carne en el asador por Warner
David Ellison parece estar dispuesto a lo que sea para hacerse con Warner Bros Discovery. En diciembre, después de que esta pactara con Netflix la venta de sus estudios de cine y del servicio de streaming HBO Max, Paramount lanzó una opa hostil por toda la compañía de 108.400 millones de dólares. El consejo de la mítica compañía aconsejó a sus accionistas rechazar la oferta. Ahora, Ellison vuelve al ataque: no solo se compromete a pagar la sanción por romper el pacto con Netflix, sino que dice que abonará un extra de 25 centavos por acción por cada trimestre que no se cierre la operación en 2027. Cuesta imaginar cuál será el siguiente paso, si lo hay.
El impulso del ‘private equity’ también pasa por diversificar sus actores
El capital riesgo está detrás de las grandes operaciones corporativas españolas en los últimos años, pero en manos de un reducido puñado de actores: fundamentalmente las grandes firmas estadounidenses. Sin embargo, las sociedades de capital riesgo, constituidas en buena parte por familias adineradas –muchas de ellas españolas y notorias– están ganando un peso mayor en los últimos meses. La tendencia es positiva, toda vez que diversifica las entradas de capital, de la mano del respectivo pellizco fiscal que acompaña a este tipo de sociedades, e impulsa un private equity más allá de las archiconocidas y extranjeras ballenas del sector. Y, de paso, las familias se ahorran las comisiones de estas firmas.
La frase del día
La estrategia de doblegarse ante EE UU no da resultadosEmmanuel Macron, presidente de Francia
Un intento tardío de poner coto a la privatización de la sanidad
El Consejo de Ministros aprobó ayer la Ley de Gestión Pública e Integridad del Sistema Nacional de Salud, con la que buscará poner coto a la privatización de la sanidad. La norma impone una serie de limitaciones que complican de facto –por la ambigüedad de sus condiciones, también– que una entidad privada acabe gestionando un servicio de la sanidad pública.
La norma llega, sin embargo, tarde y en un momento de especial incapacidad legislativa del Gobierno. Si pasase todos los trámites –incluido un Congreso que es territorio comanche para las aspiraciones del Ejecutivo– y teniendo en cuenta los plazos habituales para un texto así, la ley lograría aprobarse justo para la disolución de las Cortes, si esta no ocurre antes.