El mercado no entiende qué quiere la SEPI en Indra
El organismo público –es decir, el Gobierno– debe aclarar si abandona el empeño de crear un campeón de la defensa y por qué


Las acciones de Indra han perdido cerca del 15% de su valor en apenas tres sesiones al trascender un inexplicado giro del Gobierno sobre el futuro de la empresa de defensa y tecnología. De acuerdo con algunas informaciones, La Moncloa está estudiando la sustitución de Ángel Escribano como presidente de Indra, tras solo un año en el cargo; además, la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), que tiene un 28% del capital de Indra, echa el freno a la fusión de la compañía con Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), propiedad de la familia del presidente. El mercado se inquietó ante un posible paso atrás en la creación del campeón nacional de la defensa, un proyecto que hasta ahora apoyaba el Gobierno y convence a los inversores: Indra subió el año pasado un 184%, la mayor alza en el Ibex. Escribano negó ayer haber recibido presiones: “Nadie ha pedido mi dimisión ni hay ningún proceso en ese sentido”, dijo.
El Gobierno no ha confirmado ni detallado el cambio que desconcierta a los mercados. Hace apenas un año, la SEPI apoyó la llegada de Escribano a la presidencia de Indra (en sustitución de Marc Murtra, quien pasó a Telefónica tras el cese de José María Álvarez-Pallete, que se le comunicó a este en La Moncloa). Los consejeros del vehículo inversor del Estado en Indra han votado varias veces a favor de trabajar en la integración de EM&E, un proceso de cuyas deliberaciones se ha apartado a Escribano y a su hermano Javier, también consejero, para evitar el conflicto de intereses.
El problema del súbito parón en esa operación no es solo que fusionar Indra y Escribano tenga todo el sentido industrial, por la complementariedad de sus negocios militares: es que lo tiene para la seguridad nacional y para la autonomía estratégica europea. España ha perdido demasiado tiempo y carece de una gran industria nacional armamentística, sobre todo en el ámbito terrestre, cuando el vertiginoso aumento del gasto militar en Europa ha llevado a lanzar una oleada de contratos. La única opción viable es unir las fuerzas de Indra y Escribano, una vez que la histórica Santa Bárbara pertenece a la estadounidense General Dynamics, quien ha entablado una batalla en los tribunales, y en el ámbito del lobby, contra las adjudicaciones a Indra.
No se entendería que los contratos de defensa, estimulados por la presión de Washington a sus socios europeos, acaben engordando a firmas estadounidenses. España necesita tanto como hace un año, o con más motivos, un gran grupo de defensa. La SEPI –es decir, el Gobierno– debe aclarar si abandona ese empeño y por qué.