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Análisis
Opinión

Visa y Mastercard, lo peor está por llegar

Europa promueve un sistema de pagos alternativo al duopolio y Trump respalda una ley que favorece la competencia

Las dos grandes marcas de tarjetas del mundo, Visa y Mastercard, parecen estar bajo una tormenta perfecta. Por un lado, los bancos europeos, espoleados por la UE y el BCE, avanzan rápido en la construcción de un sistema de pagos que prescinda de la intermediación de las dos grandes enseñas americanas, algo que parecía imposible dada la tradicional burocracia del Viejo Continente. Por otro, el Gobierno de Estados Unidos ha puesto bajo la lupa el duopolio de los dos gigantes de las tarjetas y va a poner en marcha una normativa que favorezca la competencia.

Se trata de medidas de calado, especialmente la europea, que empiezan a hacer mella en la cotización de las dos empresas. En el mes de enero, las acciones de Visa han caído un 8,2% y las de Mastercard un 5,5%, con un mercado alcista, ya que en ese mismo período índices como el S&P 500 y el Nasdaq 100 subieron un 1,4% y 1,2%, respectivamente. Estos descensos serán preocupantes si se prolongan en los próximos meses, algo que no prevén los analistas, que parecen ajenos a los enormes riesgos regulatorios y al cambio que se está experimentando en Europa. Por eso, ambas compañías siguen cotizando con unos múltiplos increíbles, con precios que suponen más de 30 veces su beneficio y que han llevado a que estén en el TOP de compañías del mundo por capitalización bursátil. Visa cerró 2025 en el puesto 16, con un valor bursátil de 686.219 millones de dólares, y Mastercard en el 18, con 512.648 millones de dólares. Solo estas dos compañías suman una capitalización similar a la del conjunto de los 35 valores del Ibex (1,1 billones de euros).

Pero ya se sabe que rentabilidades pasadas no garantizan rendimientos futuros, y el año ha arrancado mal para estos valores. El 3 de enero, Donald Trump respaldó en su red social la Credit Card Competition Act, lo que les costó una caída media en Bolsa del 4%. Como explica el título de la norma, promovida por un senador republicano (Roger Marshall, de Kansas) y un demócrata (Dick Durbin), lo que buscan es incrementar la competencia en el negocio de tarjetas de crédito. Para eso proponen algo tan concreto como que los terminales que procesan los pagos de las tarjetas (el típico datáfono o las pasarelas de pagos) no puedan estar restringidos a una sola tarjeta, si no que obliga a abrirlos al menos a otra red.

No parece que sea una medida que vaya a cambiar la vida a uno de los grandes duopolios del mundo, que suma cuotas de mercado de alrededor del 65% a escala global, pero muestra que Donald Trump les ha tomado la matrícula. De hecho, un día antes de respaldar esa normativa, propuso que se limitara el tipo de interés de las tarjetas de crédito a un máximo del 10% durante un año. Es una medida intervencionista inusual, que afectó a la cotización de los bancos, que son los que cobran esos intereses, no las marcas de las tarjetas; una muestra de populismo en el año de las elecciones intermedias. En España, el Gobierno de Pedro Sánchez acaba de aprobar un límite máximo temporal a los tipos de interés del crédito al consumo, pero ese límite es del 22%, y va dirigido a terminar con el abuso de las tarjetas revolving y los micropagos que llegan a esconder tipos efectivos de hasta el 50%.

Esto son pellizcos si se compara con la transformación que se está cuajando en Europa en los sistemas de pagos, y a la que me refería hace un mes. Esta misma semana, Bizum y sus homólogos europeos han acordado para interconectar sus sistemas de pagos, “lo que supone un paso decisivo hacia el fortalecimiento de la soberanía de los pagos en Europa”, señalaron en un comunicado. El acuerdo alcanza a trece países europeos, entre los que están los bancos de las nacionalidades de mayor peso (Alemania, Francia, Italia, España, Países Bajos o Portugal), hasta llegar al 72% de la población de la UE y Noruega, con alrededor de 130 millones de usuarios, y su idea es ir incorporando otros mercados, incluso de fuera de la zona euro.

La virtualidad del nuevo sistema de pagos europeo es que opera directamente de cuenta bancaria a cuenta bancaria, sin necesidad de la intermediación de un operador de tarjetas, es decir sin Visa o Mastercard, por quien actualmente pasan la práctica totalidad de los pagos con tarjeta. Además, estas tarjetas están incorporadas a los monederos de Apple Pay, Google Pay o Samsung Wallet. Cuando un español paga con Bizum, se salta estos pasos, lo que supone eliminar las comisiones que cobran las marcas de tarjetas y las de los monederos.

El plan de Bizum y sus socios europeos es interconectar en este año a todos los sistemas para pagos entre particulares y el año que viene será implantado en los comercios, tanto electrónicos como presenciales, de manera que se pueda utilizar en tiendas y restauración con el móvil y saltándose a los gigantes americanos. Por tanto, cuando el sistema de pagos europeo esté totalmente operativo y los clientes lo utilicen en la misma medida que hoy lo hacen para pagos entre particulares, el descenso de los ingresos por comisiones en Europa para Visa y Mastercard será muy importante.

La evolución de las acciones de estas compañías no descuenta una fuerte caída de ingresos por pérdida de negocio en Europa, que sería la consecuencia del éxito de la mencionada interoperabilidad de los sistemas nacionales. Si de verdad la banca europea consigue prescindir de Visa y Mastercard y esa dinámica se extiende a otros mercados, como Asia, éstas podrían entrar en la dinámica de su paisana Kodak, que después de décadas liderando el mercado de la fotografía se acogió en 2012 a la ley de quiebras. O no, igual les hace espabilar, como ha pasado con la cadena de distribución Walmart. El crecimiento exponencial de Amazon hizo pronosticar su muerte, sin embargo, lo que ha hecho es empujar su transformación hasta conseguir ser la empresa la top 13 del mundo por valor en Bolsa, con una revalorización del 25% en un año.

Visa y Mastercard nacieron de la cooperación entre bancos regionales de EE UU y sería irónico que el trabajo conjunto de la modesta banca europea les diera la puntilla. El daño que sufran, se lo deberán a Donald Trump, quien pasará a la historia como una de las personas que más contribuyó a la integración de Europa, continente al que amenaza y desprecia de manera continua. Son los riesgos de poner al tigre al frente del circo.

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