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Breakingviews
Opinión

Cómo una crisis del ‘software’ sacudirá el mercado privado

La caída de las valoraciones puede acabar provocando un problema de liquidez y financiación

Las acciones de los grupos de soft­ware están sufriendo fuertes caídas por el temor a que la IA acabe con sus productos para empresas. Los precios de la deuda cuentan una historia similar, al menos en el mercado de préstamos sindicados. Pitch­Book calcula que el volumen de créditos que se negocian por debajo del 80% de su valor nominal se ha doblado con creces desde final de año, hasta 25.000 millones de dólares. Los préstamos para software son casi un tercio de los que hay en apuros en estos mercados líquidos.

Todo ello implica fuertes pérdidas en los mercados privados. Las firmas de software fueron una opción muy popular entre los magnates de las compras tras la pandemia, animados por unas relaciones con los clientes en apariencia sólidas y una deuda barata. En muchos casos, la financiación de la deuda procedía de prestamistas directos, que probablemente sigan expuestos. En 2021 las compras de software se hicieron a un múltiplo superior a 20 veces el ebitda, y con una deuda equivalente a unas 10. El apalancamiento se moderó un poco, hasta una media de 7 entre 2022 y 2025.

Si el múltiplo se acercara a 5 veces, en línea con algunas de las firmas de soft­ware más afectadas, el capital se vería prácticamente eliminado y los prestamistas afrontarían pérdidas. Los analistas de UBS estiman que la tasa de impago del crédito privado podría crecer hasta 8,5 puntos porcentuales en un escenario de rápida disrupción de la IA.

Uno de los riesgos es que los inversores, temiendo este escenario, retiren dinero de los fondos de crédito privado semilíquidos. Algunos vehículos permiten a los inversores retirar una parte de sus fondos cada tres meses. Se han vendido a particulares, que podrían decirse que son menos sofisticados y más propensos al pánico. Blue Owl, uno de estos vehículos, recibió solicitudes de reembolso equivalentes al 15% de sus acciones en el cuarto trimestre. Aunque pudo hacer frente a los reembolsos, una retirada masiva podría obligar a los fondos a restringir el acceso a los inversores o incluso a vender activos.

Esto tendría un efecto dominó en otros vehículos, como las obligaciones de préstamos garantizados, que dividen la deuda en diferentes tramos para compradores como las aseguradoras. Una restricción de la liquidez podría elevar los costes de financiación y estrangularla para futuras adquisiciones.

Esa repercusión aún no es evidente. Las empresas de EE UU con nota B tienen que pagar de media unos 310 puntos básicos más que los tipos sin riesgo para obtener financiación en los mercados de bonos. Aunque ha subido, está en línea con la media de los dos últimos años, pero hay mucho margen para que las condiciones de financiación empeoren.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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