Europa vuelve a ponerse palos en las ruedas
Una decisión de la Comisión y del Consejo a favor de aplicar provisionalmente el acuerdo UE-Mercosur sería beneficiosa para el bloque en su conjunto


La incertidumbre en torno al acuerdo comercial UE-Mercosur, que se había firmado después de 26 años de negociaciones, se renueva ahora al sufrir un freno por parte del Europarlamento, que solicita que primero sea evaluado por el Tribunal de Justicia de la UE. Es un nuevo palo en las ruedas en un intento loable por mantener en lo posible la apertura del comercio global, en tiempos de un intensificado proteccionismo por parte de Estados Unidos, que se suma al tradicional de China, pero también a la postura de partidos extremistas dentro de los miembros del bloque europeo, y a la de Gobiernos como el francés, condicionado por los temores del sector agroalimentario.
Siendo comprensibles muchas de las demandas que están frenando este tratado, en particular las de los agricultores, defender el intercambio global es la mejor manera de aprovechar el conocimiento y los recursos de cada lugar en beneficio de todos. La Comisión Europea tiene ahora la posibilidad de pedir que se aplique de forma provisional, en vez de esperar quizá varios años a que dictaminen los jueces, y el Consejo de la UE puede autorizarlo por mayoría cualificada, de la misma manera que se firmó el acuerdo el sábado pasado. Pero eso conllevaría endurecer aún más el enfrentamiento con los europarlamentarios, cuya posición suele respetarse históricamente, salvo en casos particulares como el Brexit, cuando también se aceleró la aplicación provisional por una cuestión de plazos.
A favor de que la decisión de los organismos ejecutivos se adelante a la del legislativo juega la necesidad de responder a la impaciencia de unos socios latinoamericanos que llevan décadas esperando que los países europeos se pongan de acuerdo. De fondo, está la crónica dificultad del Viejo Continente para anteponer el interés común a los distintos nacionales. En tiempos turbulentos como estos, la unidad europea ha pasado de ser un ideal para ser una necesidad urgente. El objetivo original del club comunitario era evitar una nueva guerra, algo que se ha conseguido de forma sobrada. Pero ampliar el radio de alcance de la UE (especialmente acortar los plazos de los procedimientos) está resultando un esfuerzo quimérico: el Reino Unido ya decidió ir por su lado (aunque ahora flirtee con volver a la casa común), y Alemania y Francia, en particular, siguen aspirando a marcar la pauta del bloque.
Una decisión de la Comisión y del Consejo a favor de aplicar provisionalmente el acuerdo, pues, sería beneficiosa para el bloque en su conjunto, pero podría echar más sal en la herida de las divergencias internas entre países y grupos políticos.