Ir al contenido
_
_
_
_
Análisis
Opinión

Autogás, la transición energética que no deja a nadie atrás

Mantener la etiqueta ECO para este combustible refuerza la coherencia entre regulación y accesibilidad

La reciente aprobación en el Congreso de los Diputados de la Ley de Movilidad Sostenible confirma un hecho que muchos conductores en España recibirán con alivio: el rechazo a modificar las etiquetas ambientales de la Dirección General de Tráfico, dejando intacto el estatus actual del autogás como combustible con etiqueta ECO. Una decisión que no solo responde a criterios técnicos, sino también a principios de sentido común, equidad social y accesibilidad económica.

En emisiones, los beneficios son tangibles. El autogás reduce hasta un 20% de dióxido de carbono frente a los combustibles líquidos tradicionales, disminuye hasta un 99% las partículas y recorta las emisiones de NOx en un 96% frente al diésel y en un 68% frente a la gasolina, contribuyendo de una manera directa a mejorar la calidad del aire urbano.

Además, los vehículos de autogás reducen el ruido hasta un 50%, un factor clave en entornos urbanos. Una más suave combustión disminuye vibraciones y puede prolongar la vida útil del motor, sin que el conductor perciba cambios en la experiencia de conducción. Son mejoras disponibles hoy, sin esperar a tecnologías futuras.

Preservar la etiqueta ECO para el autogás es coherente con la neutralidad tecnológica que promueven las directivas europeas: la descarbonización no debe pasar por una única vía, sino por un mix energético con tecnologías variadas que sumen y aporten valor. En este ecosistema, el autogás tiene un amplio potencial de crecimiento para ser cada vez más relevante, siguiendo la experiencia de mercados más maduros como Polonia, Alemania o Italia, donde lleva tiempo plenamente implantado.

De hecho, datos recientes de mercado ya confirman que el uso del autogás está entrando en una fase de expansión real. Según la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (Anfac), los turismos nuevos propulsados por autogás superaron al diésel en matriculaciones en marzo del año pasado por primera vez en la historia en España: 5,60% para el autogás frente al 5,27% del diésel. La tendencia se mantiene firme: en mayo el autogás alcanzó su mayor cuota histórica (5,74%) y en septiembre y octubre volvió a situarse por encima del diésel, consolidando un cambio claro en las preferencias de los consumidores.

Esta evolución se explica también desde la óptica económica. Los vehículos impulsados por autogás rondan aproximadamente los 22.500 euros de media, con modelos que incluso se sitúan por debajo de los 14.000, como el Dacia Sandero. Su competitivo precio sitúa este vehículo como el más vendido en España desde 2023 y en Europa desde 2024, y este año lidera nuevamente el mercado español tras matricularse 32.249 nuevas unidades entre enero y octubre, según los últimos datos de Ideauto. De las ventas totales en España, un 85% funcionan con autogás.

Además, el litro de autogás está por debajo del euro y proporciona un ahorro aproximado en los puntos de suministro de un 50% frente a la gasolina y al diésel. Esto se traduce en ahorros reales desde el primer día sin cambiar hábitos ni realizar inversiones adicionales en infraestructura. Mantener el reconocimiento del autogás como energía de transición supone apostar por una movilidad inclusiva y realista con el bolsillo promedio español, sin renunciar a los criterios de sostenibilidad.

Otra clave es la infraestructura. El autogás ya cuenta con una red de distribución consolidada, con más de 800 puntos de suministro que cubren todo el territorio nacional. Esto permite viajar sin depender del despliegue de puntos de recarga, un cuello de botella aún visible especialmente en períodos vacacionales. Repostar es rápido, seguro y tan sencillo como repostar gasolina o diésel.

Pero no solo afecta al particular. El autogás también aporta resiliencia operativa allí donde la electrificación masiva es compleja. En transporte pesado de larga distancia, las baterías resultan demasiado pesadas, la recarga rápida exige potencias aún escasas en autopistas y los tiempos de espera penalizan la productividad. Con el autogás, los transportistas pueden repostar de inmediato sin sacrificar autonomía.

La transición tampoco exige un coche nuevo. Convertir un gasolina con etiqueta C a autogás es una intervención homologada que cuesta entre 1.800 y 2.000 euros. Los vehículos matriculados desde 2006 suelen ser buenos candidatos para la conversión, fomentando así el principio de la economía circular. El resultado es un bifuel que mantiene prestaciones, suma autonomía y obtiene etiqueta ECO en el sistema actual, facilitando el acceso a Zonas de Bajas Emisiones de las ciudades.

El autogás está llamado a pasar de ser una alternativa poco explotada a convertirse en un pilar relevante dentro del mix energético español. Garantiza seguridad en el suministro, ya está extendido por todo el territorio y no depende del despliegue de una red eléctrica costosa. Desde una perspectiva social, una transición justa exige soluciones diversas que no excluyan a quienes no pueden asumir el coste de una electrificación inmediata.

Mantener la etiqueta ECO es una medida que proporciona resultados inmediatos y refuerza la coherencia entre regulación, accesibilidad y objetivos climáticos. No se trata de frenar el cambio, sino de avanzar todos a la vez, permitiendo que cada tecnología aporte lo mejor de sí en función de su madurez y alcance. El objetivo es garantizar una transición ordenada, inclusiva y adaptada a la diversidad social y territorial de España, sin dejar a nadie atrás.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
_