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Editorial
Opinión

Trump contamina el futuro de la Reserva Federal

El indisimulado autoritarismo de la Casa Blanca en estos poco más de 11 meses puede ser impactante, pero no sorprendente

No cabía esperar que Donald Trump, después de ver cómo los electores obviaban los sucesos del 6 de enero, fuera más comedido en su relación con el poder en su segundo mandato. Tampoco es habitual que las personas con avidez desmedida por el poder o el dinero (o por ambos) se sacien una vez ven cumplidos sus anhelos. El indisimulado autoritarismo de la Casa Blanca en estos poco más de 11 meses puede ser impactante, pero no sorprendente. Los mercados parecían haber aprendido a convivir con esta volcánica forma de gobernar, confiados en que el republicano, como hiciera en primavera, se contuviera antes de tomar decisiones que hagan daño al mercado. Pero la investigación contra Jerome Powell ha despertado unos fantasmas que parecían conjurados.

El motivo de la demanda, penal, es hasta cierto punto irónico: el edificio de la Reserva Federal por cuyo sobrecoste Powell afronta la investigación está a pocos metros del ala este de la Casa Blanca que Trump ha ordenado demoler para construir un salón de baile. Que el mandato de Powell expire en mayo no ha frenado a la Administración, que quiere asegurarse de que no solo deje la presidencia sino, también, de que deje el consejo de la Fed, de donde también quiere expulsar a Lisa Cook. Un caso sobre el que el Tribunal Supremo decidirá en las próximas semanas.

Salvo que el caso contra Powell esté sustanciado (lo que él desmiente con inusitada vehemencia), la carga de profundidad contra la Reserva Federal será imposible de obviar. Da igual el nombre y apellidos del próximo presidente de la Fed, pues habrá sido elegido precisamente por su falta de autonomía.

El ataque de Trump ha encontrado algo de resistencia en el Capitolio, nula oposición en la gran banca y un impacto tímido en el mercado. Hecho este que, lejos de opacar una situación sin precedentes históricos, la agrava: en todo 2025, solo el mercado de bonos pudo meter en vereda a la Casa Blanca. Sin contrapesos dignos de mención, el acaparamiento de poder solo puede ir a más.

Si las decisiones de la Reserva Federal dependen de Trump, la divisa (dólar) y activo (bono del Tesoro) dejan de ser el ancla de la arquitectura financiera internacional para ser una herramienta. El mundo, el financiero, entra en otra fase. Que no debería sorprender, pues la marca de la Casa Blanca es la demolición de normas, consensos y acuerdos para establecer por la fuerza un nuevo régimen a beneficio de inventario.

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