Verifactu 2027: más tiempo para afianzar una facturación digital eficiente y competitiva
El aplazamiento no detiene el proceso, simplemente amplía el horizonte y ofrece una oportunidad

El 11 de diciembre –y a pocas semanas de la fecha inicialmente prevista–, el Congreso aprobó el aplazamiento de la entrada en vigor de Verifactu hasta 2027. La decisión ha sido recibida con alivio por muchas empresas, pero, más allá del calendario, el verdadero reto sigue siendo cómo aprovechar este margen adicional para avanzar de forma ordenada en la digitalización de la facturación.
La prórroga de Verifactu ha reducido la presión inmediata sobre empresas y autónomos, especialmente sobre aquellos que aún no habían iniciado su adaptación. Sin embargo, conviene no perder de vista que esta norma forma parte de un proceso más amplio y estructural: la digitalización del tejido empresarial y la modernización de la relación entre empresa y Administración, lo que puede marcar la diferencia entre una adaptación meramente reactiva y una transformación digital sólida. Desde una perspectiva empresarial, el debate no debería centrarse únicamente en la fecha de obligatoriedad, sino en qué hacer con este nuevo horizonte temporal.
Los datos de mercado reflejan con claridad que este proceso ya estaba en marcha antes del cambio de plazos. En nuestra compañía, por ejemplo, la adopción de soluciones de facturación se había acelerado notablemente en las semanas previas al anuncio. En el último mes, las soluciones dirigidas a autónomos y pequeñas empresas de hasta 50 trabajadores crecieron un 131,5% interanual, mientras que en las orientadas a empresas de más de 50 empleados el crecimiento fue del 141,8%. Esta diferencia responde, en parte, a que las empresas de mayor tamaño tenían una obligación más cercana en el calendario, pero también evidencia que la digitalización va más allá del mero cumplimiento de Verifactu.
El aplazamiento no invalida este movimiento, pero sí plantea un riesgo conocido: interpretar el tiempo extra como una invitación a esperar, lo que, desde una perspectiva empresarial, sería un error. La experiencia demuestra que concentrar decisiones tecnológicas clave en el último momento suele traducirse en prisas, sobrecostes y soluciones poco alineadas con la operativa real del negocio.
Para las empresas que ya han adaptado sus sistemas de facturación, el mensaje es claro: no tienen que hacer nada en particular y pueden operar con tranquilidad. En paralelo, la Agencia Tributaria ha publicado recientemente información que apunta a una cierta flexibilización para aquellas compañías que habían optado por Verifactu con remisión automática de facturas, permitiéndoles pasar al modo no Verifactu sin necesidad de esperar un año natural, pero siempre manteniendo las garantías exigidas en el registro de facturación. Este tipo de ajustes contribuye a dar mayor margen operativo en una fase todavía transitoria.
Para quienes aún no han iniciado la adaptación, el nuevo calendario ofrece una oportunidad valiosa para planificar mejor el cambio. No se trata solo de implantar un software, sino de revisar procesos, formar equipos y mejorar la calidad del dato financiero. Hacerlo de forma progresiva reduce el impacto en el negocio y permite llegar a 2027 en condiciones óptimas, minimizando riesgos de sanciones o incidencias operativas.
Conviene recordar, además, que Verifactu no es solo una cuestión tecnológica, sino también organizativa, La factura electrónica obligatoria y los modelos de intercambio de información en tiempo casi real forman parte del futuro inmediato, como ya ocurre en otros países europeos. En este contexto, anticiparse no es solo cumplir antes, sino ganar eficiencia y competitividad.
Las empresas que aprovechen este margen para revisar sus flujos de facturación, integrar sistemas y formar a sus equipos estarán en una posición mucho más ventajosa cuando la normativa entre en vigor, lo que les permitirá tomar mejores decisiones, anticipar riesgos y responder con mayor agilidad a un entorno económico cada vez más exigente.
El aplazamiento de Verifactu no detiene la digitalización de la facturación; simplemente amplía el horizonte y ofrece una oportunidad para elevar el nivel de madurez digital del tejido empresarial español. No se trata de ganar tiempo para esperar, sino de ganar tiempo para hacerlo mejor. Las empresas que utilicen este margen para invertir con criterio, revisar sus procesos y fortalecer su gestión llegarán a 2027 no solo preparadas para cumplir, sino mejor posicionadas para competir.

