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Análisis
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Se acaba la guerra arancelaria, China pasa a la ofensiva

Sin poder sostener la cadena de producción de chips sin tierras raras, reducir la dependencia de Pekín no es ni barato ni rápido

La posibilidad de que Trump y Xi se encuentren durante la cumbre de la Apec a finales de mes está ejerciendo más presión sobre un entorno de rivalidad en auge. En estas semanas previas, las restricciones y las represalias se suceden, pero podría haberse alcanzado ese momento crítico en el que la guerra arancelaria no parece tener el recorrido esperado por la administración Trump a la vista de cómo respondía China al último movimiento de Washington. La cadena de suministro global y la cadena de valor tecnológico podrían estar amenazadas, es decir, la economía global y la seguridad nacional.

En qué condiciones lleguen ambas partes al encuentro marcará la diferencia, sobre todo cuando el acuerdo sobre TikTok en Madrid terminó trasladando un ambiente de sintonía en el que parecía equilibrarse el terreno de juego, algo nada propicio cuando todavía quedan temas pendientes. Tampoco resultaba positivo para futuras negociaciones que pocos días después se anunciara la entrada de China por primera vez en la clasificación de países más innovadores de las Naciones Unidas, todo un revulsivo para Estados Unidos.

La consolidación de China como líder en innovación tiene implicaciones geopolíticas que van más allá de reemplazar a Alemania en el décimo puesto. Supone el reconocimiento de la ambición tecnológica de Pekín durante las últimas dos décadas, un valioso impulso para su diplomacia tecnológica. Pero también constata la acelerada apuesta de China por equilibrar el poder tecnológico justo cuando la rivalidad entre ambas potencias está escalando en intensidad.

Los aranceles siguen siendo una herramienta de negociación, pero su impacto se diluye cuando Estados Unidos apenas representa un 10% de las exportaciones chinas, pasando a ser un destino más para China, cayendo un 27% interanual en septiembre. Por contra, la Unión Europea, pese a los intentos de diversificación, el Sudeste Asiático y África son destinos en auge que crecen un 14%, 15,6% y 56,4%, respectivamente. China sigue sin recuperar la demanda interna, pero ha diversificado sus exportaciones en tiempo récord haciéndolas menos dependientes del mercado estadounidense, sin que eso haya supuesto erosionar significativamente su superávit comercial global.

En este contexto, Washington desequilibraba de nuevo el terreno de juego buscando evitar la evasión del control de exportaciones al ampliar las sanciones comerciales a las filiales de empresas chinas sujetas a restricciones cuando estas tengan una participación de al menos el 50%. Sin embargo, la respuesta de China, endureciendo nuevamente las restricciones sobre las tierras raras, que ya se habían suavizado tras la reunión en Madrid, ponía ahora mayor poder de influencia sobre el comercio global en la parte baja de la cadena de valor que en el dominio mismo de tecnologías avanzadas.

Más allá de la guerra comercial, Washington y Pekín pasan ahora a rivalizar por la cadena de suministro, la autosuficiencia tecnológica y el control del comercio global. Estados Unidos sigue manteniendo el dominio sobre el desarrollo de tecnología e innovación en chips, mientras busca retrasar que China alcance mayores capacidades, pero el gigante asiático lleva tres décadas siendo el líder en tecnología de refinado de tierras raras. Dos caras de la misma moneda que mantienen a ambas potencias dependientes entre sí. Si bien China ha dado un gran salto adelante produciendo chips suficientemente avanzados, los países productores de tierras raras, entre ellos Estados Unidos, son dependientes del gigante asiático para el refinado. China no solo controla la extracción de alrededor del 60% de tierras raras, sino que, tras tres décadas de inversiones y fusiones de empresas estatales, lidera el 90% del proceso de refinado del que se obtiene el material para fabricar chips, también de IA, turbinas eólicas, vehículos eléctricos y equipamiento militar, entre ellos algunos componentes del caza F-35 de fabricación estadounidense.

Tierras raras

El nuevo perímetro de restricciones sobre tierras raras, de aplicarse rigurosamente, generaría importantes disrupciones. En noviembre, dos días antes de que expire la tregua comercial el 10 de noviembre, China ampliará las restricciones a siete elementos de tierras raras adicionales a los cinco contemplados en abril, algunos con aplicaciones militares. A partir de diciembre las restricciones serán más severas, requiriéndose la solicitud de licencia para la exportación de todo producto que contenga al menos el 0,1% de tierras raras de origen chino, o cualquier tecnología china para el tratamiento de tierras raras, de aplicación directa sobre el entorno militar y las aplicaciones de doble uso.

Sin poder sostener la cadena de producción de semiconductores sin tierras raras, reducir la dependencia de China no es ni barato ni rápido. Los proyectos mineros en Estados Unidos tardan hasta 10 años de media, dos años en Canadá y Australia, el mismo tiempo al que aspira la Unión Europea. Y la respuesta de Trump con la imposición del 100% de aranceles a China, adicionales al 30% en vigor, resultaba ser una medida efímera, al considerarla Trump de “insostenible” apenas unos pocos días después de anunciarla, al dejar de ser los aranceles una táctica de negociación eficiente.

Pasando a considerarse estratégicas, las tierras raras van a marcar una nueva senda de diplomacia y alianzas. Por tanto, para que Washington pueda alejarse de esta incómoda posición defensiva ante China requerirá de más inversión para desarrollar capacidades de refinado, considerado desde el inicio de la administración Trump de emergencia nacional, y también de más diversificación de suministro, como el acuerdo recientemente firmado con Australia. Una guía de pasos a considerar por la Unión Europea si quiere mantener sus ventajas competitivas.

China ha pasado a la ofensiva, y buscará el equilibrio entre no erosionar su economía y reducir la venta de imanes de tierras raras, como ya sucedió en agosto, abriéndose una nueva etapa de profunda incertidumbre global que trascenderá a la guerra arancelaria.

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