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Breakingviews
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Keir Starmer puede reclamar el dividendo de la competencia

Por primera vez desde 2016, Reino Unido tendrá un Gobierno relativamente sensato, según los estándares

Keir Starmer, líder de los laboristas británicos, y Rachel Reeves, su portavoz de Economía, en un supermercado Morrisons, en Wiltshire, el 19 de junio.
Keir Starmer, líder de los laboristas británicos, y Rachel Reeves, su portavoz de Economía, en un supermercado Morrisons, en Wiltshire, el 19 de junio.Hannah McKay (REUTERS)

Hace ocho años, Gran Bretaña se tambaleaba tras su sorprendente decisión de abandonar la UE. La agitación política y la incertidumbre económica que siguieron elevaron la prima de riesgo para los inversores en el país. Si los sondeos de opinión no fallan, los votantes sustituirán hoy en el poder a los conservadores, que presidieron aquel turbulento periodo, por un Gobierno centrista del Partido Laborista. Mientras Francia y EE UU afrontan elecciones impredecibles, Gran Bretaña empieza a parecer un relativo refugio de estabilidad. Esto brinda al líder laborista, Keir Starmer, la oportunidad de cobrar un dividendo de competencia.

A sus 61 años, espera que Gran Bretaña vuelva a ser fiable. Los conservadores pasaron por cinco primeros ministros en ocho años, incluido el desastroso mandato de seis semanas de Liz Truss, que demolió lo que quedaba de las pretensiones del partido de una gestión económica competente. Si Starmer se asegura la mayoría en el Parlamento y completa un mandato completo, será el primer jefe de Gobierno británico en dos décadas en lograr esa hazaña hasta anteriormente poco destacable.

No es de extrañar, por tanto, que Starmer y Rachel Reeves, su probable ministra de Economía, hayan situado la estabilidad económica en el centro de su programa. Consideran que la solidez es la clave para atraer inversiones, que esperan que reactiven el crecimiento.

A los laboristas les vendría bien algo de ayuda. La productividad británica se ha quedado rezagada con respecto a otras economías desarrolladas, mientras el Brexit ha introducido nuevas fricciones en el comercio con la UE. La pandemia llevó la deuda del sector público al 100% del PIB. Las escuelas, los hospitales y el transporte público sufren las consecuencias de años de falta de inversión.

Sin embargo, no hay perspectivas de revertir por completo el daño económico causado por el Brexit: Starmer ha descartado volver al mercado único o a la unión aduanera de la UE. Mientras, Reeves se ha comprometido a mantener la deuda pública bajo control, al tiempo que promete no aumentar el impuesto sobre la renta, el de sociedades y el IVA. Eso limita mucho su capacidad de aumentar el gasto.

Los beneficios financieros de la estabilidad también son difíciles de precisar. Tomemos como ejemplo el retorno de los bonos del Estado británicos a 30 años, que subió brevemente hasta el 5% después de que el Gobierno de Truss presentara su presupuesto de reducción de impuestos en octubre de 2022. Eso incluía lo que Dario Perkins, economista de TS Lombard, denominó “prima de riesgo de la necia”. Aunque el retorno actual es solo ligeramente inferior, del 4,7%, esto se debe en gran medida a la obstinada inflación del país y a la futura dirección de los tipos. Un nuevo Gobierno no puede cambiar rápido esas perspectivas.

Otra forma de medir el riesgo es comparar los rendimientos de la deuda pública. Por ejemplo, la diferencia entre el retorno de los bonos soberanos franceses a 10 años y la deuda alemana equivalente ha aumentado desde que Emmanuel Macron adelantó las elecciones. Con la misma métrica, la diferencia entre los bonos británicos y alemanes a 10 años es menor que en el punto álgido del pánico inducido por Truss, pero sigue siendo mayor que antes de que ella asumiera el cargo. Sin embargo, esta última comparación es una guía poco fiable de cualquier prima de riesgo asociada a los gilts. Francia y Alemania comparten una moneda y un banco central; Gran Bretaña y Alemania no.

En algunos aspectos, Gran Bretaña puede estar disfrutando ya de los beneficios del restablecimiento de la estabilidad. Un barómetro empresarial elaborado por ­Lloyds se ha recuperado desde finales de 2022 y se mantiene por encima de su media a largo plazo. La inversión empresarial, que se estancó tras el referéndum de 2016 y se desplomó durante la pandemia, se ha recuperado en los últimos años, ayudada por las generosas exenciones fiscales sobre el gasto de capital introducidas por el Gobierno de Rishi Sunak.

Starmer podría argumentar que los inversores ya están anticipando un cambio de Gobierno. Muchos financieros de la City son, en efecto, optimistas en privado sobre un cambio de administración. Sostienen que una amplia mayoría ayudará al exabogado a tomar decisiones a largo plazo y resistir las presiones de su partido para impulsar el gasto.

Pero los inversores extranjeros no deben esperar la ley de la selva. Aunque Reeves habla de estimular la inversión mediante asociaciones con el sector privado, la execonomista del Banco de Inglaterra también es partidaria de proteger a los trabajadores y reforzar la seguridad económica. El partido prevé eliminar las normas de “no residencia” que permiten a los extranjeros ricos eludir el pago de impuestos sobre sus ingresos en el extranjero. Los laboristas también se han cuidado de no revelar demasiado sobre su programa. Aun así, los líderes empresariales que observaban con creciente desesperación cómo los conservadores daban palos de ciego en busca de un conjunto coherente de políticas económicas acogerán con satisfacción un enfoque más pragmático.

La sobriedad británica también contrasta con los cambios de rumbo en otros países, como Francia con Marine Le Pen, y EE UU con Donald Trump. Por primera vez desde el referéndum del Brexit, Gran Bretaña puede tener un Gobierno que, según los estándares internacionales, parece relativamente sensato.

Por supuesto, las suertes políticas pueden cambiar rápidamente: cuando Boris Johnson obtuvo una convincente victoria en 2019, muchos esperaban que gobernara durante una década. Duró menos de tres años. Una economía relativamente abierta como la de Reino Unido también está expuesta a las turbulencias económicas de otros lugares. Si Trump cumple su amenaza de imponer un arancel general del 10% a los productos del resto del mundo, perjudicaría a Gran Bretaña, que envía más de un quinto de sus exportaciones a EE UU. Un crecimiento más lento en Francia también repercutiría en su quinto mayor socio comercial.

Pero, en un mundo en el que naciones y regiones compiten por la inversión, la imagen importa. El referéndum del Brexit y las batallas políticas que lo siguieron convirtieron Gran Bretaña en el blanco de las bromas en las salas de juntas de todo el mundo. Más recientemente, los CEO británicos se han dado cuenta de que el país apenas aparecía en los debates internacionales. Si los votantes están ahora dispuestos a recompensar a un partido que promete estabilidad, Gran Bretaña puede esperar un dividendo de competencia. Suponiendo que Starmer se despierte como primer ministro mañana por la mañana, debería poder reclamarlo.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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