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El Foco
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Alemania: tarjeta prepago en lugar de efectivo para los refugiados

Los inmigrantes enviaron 6.800 millones al exterior en 2023. La tarjeta permite pagar en Alemania, pero no en otros países. Berlín quiere reducir el ‘efecto llamada’

refugiados alemania
Frank Augstein

¿Más o menos emigrantes? Berlín quiere menos refugiados. Alemania es el primer destino de asilo europeo. Uno de cada tres en Europa vive aquí. Son 3,3 millones en total, el mayor número desde la Segunda Guerra Mundial. Berlín, desbordada, busca fórmulas para perder atractivo como destino de los refugiados globales, quiere recortar estímulos (más deportaciones, prestaciones sociales en especie y menos dinero en efectivo) y se ha sacado de la manga la tarjeta de débito para migrantes. El objetivo del ministro liberal de Finanzas, Christian Lindner: “reducir el atractivo del Estado de bienestar alemán para los peticionarios de asilo”. En 2023 se registraron 352.000 solicitantes de asilo en Alemania (1,1 millones en la UE). A los que se suman los refugiados ucranianos: casi 1,2 millones. Entretanto, las ciudades y los municipios advierten de que están colapsados y que es imposible la integración por falta de recursos. La mitad de ellos utiliza pabellones de deporte o contenedores como alojamientos.

El pasado otoño Alemania aprobó la introducción de la tarjeta para refugiados, con la que pueden pagar, pero no transferir dinero al extranjero o a los traficantes ilícitos de personas y migrantes. En muchos Estados federados ya está en funcionamiento. El volumen de dinero transferido a los países de origen se ha disparado en los últimos años. Según datos del Bundesbank, desde 2012 se han duplicado las transferencias de dinero privado procedentes de Alemania para apoyar financieramente a familiares y amigos en los países de origen. Berlín teme que las prestaciones económicas que reciben los refugiados provoquen un efecto llamada a la migración irregular. Los solicitantes de asilo perciben hasta 460 euros mensuales; de los que aproximadamente 260 se disponen como saldo en la tarjeta, con la que pueden pagar en establecimientos de su entorno. El presidente de Hessen y jefe de la Conferencia de presidentes regionales, el democristiano Boris Rhein, opina que la tarjeta es un buen instrumento para evitar el llamado abuso social.

La nueva medida del Gobierno rojiverde y liberal hay que interpretarla en un momento de crisis económica (con una caída del 0,3% en 2023) y de fuerte polarización social. El populismo político de la extrema derecha sostiene que la emigración es el principal problema político y social de Alemania y echa leña al fuego de la rivalidad entre grupos vulnerables. Y eso en un país en el que el Estado social funciona, con menos pobreza que hace 30 años, con poco paro y con un sector de bajos salarios que está menguando. En Alemania el aumento de los gastos sociales está vinculado al factor demográfico, al envejecimiento de la población. Dos terceras partes del presupuesto social van a sanidad y pensiones. Solo el 5% va para ayudas sociales y desempleo.

No obstante, la población aumenta por la fuerte emigración: más de 84 millones, cuatro millones más que hace diez años, según los recientes datos de la Oficina Federal de Estadística. En este momento están llegando 1.000 solicitantes de asilo por día. Y la cuestión es cómo manejar el complejo reto migratorio en beneficio de todos. Mientras muchos municipios se plantan porque están desbordados, la economía alemana insiste en que los extranjeros cualificados permitirán mantener el bienestar. ¿Más extranjeros? ¿Menos? Ante ese dilema, el tripartito en Berlín ha aprobado un nuevo derecho de nacionalización, que facilita la doble nacionalidad y agiliza ese proceso para integrarse y encontrar trabajo y, por otro lado, ha reforzado las medidas para acelerar la expulsión de solicitantes de asilo rechazados y de traficantes de personas. Según el ministerio del Interior, 242.642 extranjeros tenían que salir del país a finales de diciembre. En 2023 fueron expulsados 16.430 personas, el 27% más que en 2022.

El formato de la nueva tarjeta es similar al de una tarjeta de débito, en la que pone el nombre del titular y el número de registro de extranjería, y en la que se registran su fecha de nacimiento y el país de origen. Para recargarla el usuario debe personarse mensualmente en las oficinas del municipio. Con la tarjeta se puede pagar en establecimientos locales; pero no se puede transferir dinero. Todavía no está claro si se podrá retirar algo en efectivo.

De los 6.800 millones de euros que transfirieron los migrantes a sus países de origen en 2023, no se sabe exactamente qué parte del dinero procede de extranjeros que trabajan regularmente o de refugiados que reciben ayuda social. Tampoco se sabe con exactitud cuánto dinero se transfiere realmente al extranjero, porque el importe suele estar por debajo de los 12.500 euros (cantidad que hay que declarar) y se transfiere a través de canales digitales o redes informales. El Bundesbank estima que la mayor parte de los 6.800 millones de euros transferidos procede de extranjeros que trabajan. En cualquier caso, se trata de un fenómeno gigantesco, según el investigador Matthias Lücke, catedrático e investigador del Instituto de Economía Mundial de Kiel.

El 75% de los pagos a países europeos se transfiere a Rumania (604 millones), Polonia (534 millones), e Italia (389). Los destinos fuera de la UE fueron, en 2023, Turquía (843 millones), Ucrania (451), Siria (360), Serbia (255) y Afganistán (139). Otros 15.000 millones se pagaron a trabajadores extranjeros que trabajan temporalmente moviéndose entre las fronteras. En total, el dinero que se transfirió privadamente desde Alemania al extranjero ascendió a 22.400 millones de euros en 2023, según el Bundesbank. El Banco Mundial calculó que ese importe alcanzó los 25.000 millones de euros en 2022.

Según Dilip Ratha, economista del Banco Mundial, los extranjeros que ya se han establecido laboralmente y viven durante años en ese país transfieren solo entre el 10% y el 20% a casa. Esas remesas permiten ayudar a sus familias, mejorar la salud de las madres y escolarizar a los niños. En 2022, las remesas supusieron el 11% del PIB de Ucrania y el 50% del de Tadschikistán. De Alemania, los refugiados aprecian la estabilidad y la seguridad. También pesa mucho disponer de familiares que ya viven en en el país. Y, sobre todo, las buenas perspectivas laborales, que les permitirán apoyar a sus familias en sus países de origen. De ahí que Ratha dude que las nuevas restricciones frenen la emigración. Tampoco la catedrática de Geografía humana de la Universidad Técnica de Chemnitz, Birgit Glorius, cree que Alemania pueda perder atractivo como destino de asilo. Glorius investiga los movimientos migratorios desde hace años y opina que las prestaciones sociales no son el factor clave para los emigrantes.

La presidenta del consejo económico que asesora al Gobierno alemán, Monika Schnitzer, ha declarado que Alemania no es el enfermo europeo, sino el viejo europeo. No solo su población envejece, sino también sus máquinas y sus estructuras empresariales. Se necesitan jóvenes cualificados globales. Por otro lado, el jefe del Gobierno bávaro, Markus Söder, lo tiene claro: “Tenemos que seguir haciendo presión para limitar la emigración hacia Alemania, porque nuestros recursos son también limitados.”

Lidia Conde es periodista y analista de economía alemana

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