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Editorial
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La diplomacia económica después del AVE a La Meca

Apenas un lustro después, parece que ese éxito fue una gota en el océano. Pero la solución no parece que pase por replegarse, sino por enderezar el rumbo

Salmán bin Abdulaziz, rey de Arabia Saudí, señala una foto en la que está acompañado por Abdalá bin Abdulaziz, su hermano fallecido en 2015, rey hasta su muerte y quien acordó la construcción del AVE de Medina a La Meca en 2009.
Salmán bin Abdulaziz, rey de Arabia Saudí, señala una foto en la que está acompañado por Abdalá bin Abdulaziz, su hermano fallecido en 2015, rey hasta su muerte y quien acordó la construcción del AVE de Medina a La Meca en 2009.Reuters

Las empresas y la tecnología españolas pusieron una pica en Flandes con el tren de alta velocidad a La Meca, allá por el año 2018. La faraónica obra del denominado AVE del desierto, tras luchar contra los elementos y superar multitud de obstáculos técnicos, se erigió –y es una convicción que aún perdura– en un hito de la marca España. La iniciativa, por lo tanto, no fue solo un éxito de las constructoras y su know-how para sacar adelante tan azaroso trayecto, sino que puso en valor los esfuerzos de la diplomacia económica española. Hasta entonces, los enarcas españoles había acumulado dolorosas derrotas a manos del mayor empuje de economías más boyantes y mejor relacionadas, como la francesa, lo que convirtió el generoso contrato suscrito con Riad en todo un punto de inflexión.

Apenas un lustro después, sin embargo, parece que ese éxito fue una gota en el océano. La pugna de las principales constructoras españolas por aprovechar ahora el plan estratégico del país saudí, el programa denominado Visión 2030, está chocando con las maquinarias china y gala, que han aprovechado estos cinco años para tomar las posiciones que perdieron y recuperar el paso. Todo ello con el objetivo de hacerse con la milmillonaria lluvia de contrataciones que viene, inicialmente en el sector ferroviario.

Llama la atención en este retroceso que las empresas dependientes del Ministerio de Transportes ya no quieran liderar consorcios en grandes proyectos que incluyan operación y construcción, como revela un directivo de una de las empresas afectadas. No parece que un repentino compromiso con los derechos humanos, sobre los que el régimen saudí naufraga, se encuentre detrás de este paso atrás por parte de las compañías españolas. El Ministerio de Exteriores cita la diplomacia económica como uno de los pilares de sus políticas, un factor clave en un país en el que más del 65% de la facturación de las compañías del Ibex se genera en el extranjero.

Sería motivo de reflexión que ese paso atrás tuviera algo que ver con la falta de coordinación de las diferentes administraciones del Estado o, incluso, con disensos provocados por el color político de los Gobiernos implicados. Las bien formadas élites funcionariales europeas han operado tradicionalmente en pro del interés general y al margen de las sensibilidades del corto plazo. El trecho recorrido gracias al AVE a La Meca parecía ser el primer paso de una nueva acción exterior.

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