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La tribuna de los fondos
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

¿Sabes el futuro o tienes un plan?

Hacer previsiones económicas es un ejercicio peligroso últimamente, sobre todo si se toman las decisiones de inversión en función de las mismas

Bolsa Nueva York
Un operador de la Bolsa de Nueva York.Spencer Platt (Getty Images)

Después de un pequeño titubeo a principios de año, los mercados parecen retomar la senda alcista y mantener las dinámicas que prevalecieron el año pasado. Las tires de los bonos empiezan a estabilizarse o deslizarse a la baja, tras un pequeño repunte apreciado en el final-principio de año. Destaca la buena evolución de la renta variable japonesa. La Bolsa en Estados Unidos retiene el liderazgo alcista frente a Europa, un poco rezagada, y unos mercados emergentes que no levantan cabeza, preocupados con China. A nivel sectorial, la tecnología es la que más sube, mientras que los servicios públicos continúan siendo los más penalizados. Las acciones identificadas como ganadoras tempranas en el campo de la inteligencia artificial siguen intratables, como Nvidia, con una revalorización del 25%, al igual que las ligadas a los fármacos para la diabetes y pérdida de peso, como demuestra la subida del 11% de Novo Nordisk.

Acaba de publicarse el dato preliminar del PIB -crecimiento económico- de la eurozona del cuarto trimestre. El dato, 0,0%, batía la expectativa de una décima de recorte y evitaba, por segunda vez en el último año, la entrada en recesión -entendida esta como dos trimestres consecutivos de caída del PIB. Tampoco nos habría cambiado mucho la vida, un recorte de una décima en el crecimiento del cuarto trimestre y esa ligera entrada en recesión técnica. Simplificando un poco lo que está pasando, podríamos decir que la producción de cosas -Alemania en recesión- está de capa caída, mientras la acumulación de experiencias -el turismo en España- se mantiene fuerte, lo que termina traduciéndose en un empate en el conjunto a pesar de la divergencia entre las partes.

Hoy estamos en la transición de la era de las cosas a la era de las no-cosas, según comenta el filósofo Byung-Chul Han en su libro con el mismo título. Resulta poco intuitivo, en cualquier caso, hablar de estancamiento económico cuando nos encontramos actualmente en los mínimos históricos de tasa de paro en la zona euro. Podríamos hablar de un estancamiento poco doloroso para el consumidor europeo.

En Estados Unidos la situación es más holgada. Ha sorprendido la fortaleza de su economía durante la segunda parte del año pasado y la previsión para el 2024 se acaba de revisar al alza por parte del FMI hasta el 2,1%. La tan temida recesión, hard landing, que esperábamos hace un año, ha ido dando paso a una expectativa de aterrizaje suave de la economía, soft landing, con visos de que pueda terminar siendo tan solo un ligero mal de altura, no landing, si nos atenemos a la previsión del FMI.

En cualquier caso, hacer previsiones económicas está demostrando ser un ejercicio peligroso últimamente. Sobre todo, si se toman las decisiones de inversión en función de las mismas. El 2022 fue un mal año para los mercados, en buena medida, porque la fuerte subida de tipos hacía presagiar, como normalmente había sucedido, la llegada de una recesión. Los mercados, en su ambición de anticiparse al futuro, ya descontaban en sus precios los malos augurios. Estos finalmente no se materializaron y los mercados recuperaron con fuerza el año siguiente, 2023. Según Howard Marks, el riesgo es perverso. Cuando sientes que hay más riesgo es cuando menos hay, y a la inversa.

Ahora, sin embargo, el panorama se ha despejado mucho y se mira al futuro con razonable optimismo. Salvo shock inesperado, no parece que nos dirijamos a una recesión, ni siquiera a una desaceleración relevante. Además, a diferencia de los diez últimos años, los bancos centrales se encuentran con bastante munición (posibles recortes de tipos de interés) para volver a estimular las economías si lo encontraran necesario. Pero estas mejores noticias, en algún orden de magnitud, ya están integradas en los precios actuales.

Como inversores, partiendo de que no sabemos lo que nos deparará el futuro, tendremos que manejarnos de alguna manera. Me parece haber leído en algún sitio que hay una regla de inversión que establece que un inversor debe tener una cartera de inversiones que le permita cenar bien y dormir bien. Algo así como aspirar a una rentabilidad que nos permita cumplir nuestros planes, pero asumiendo un riesgo que no nos quite el sueño. Es un equilibrio complicado. En toda compensación hay implícita una renuncia. Y renunciar no es nada fácil, al menos a veces. La avaricia y el miedo pueden alejarnos de ese equilibrio deseado. Isaac Newton, a menudo considerado el mejor científico de la historia, perdió todos sus ahorros (20.000 libras esterlinas de 1720, toda una fortuna) invirtiendo en la burbuja de los mares del sur y nos dejó una de sus más célebres frases: “puedo predecir el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de la gente”. Adhiérase a un plan, marque unos objetivos y déjese aconsejar por profesionales. Pero, sobre todo, mantenga firme el timón ante los cantos de sirena o las angustiosas tormentas.

Ángel Olea es director de inversiones de Abante

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