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El Foco
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La COP 28 y el triunfo de la verbalización

Las diferentes COP han impulsado pequeños movimientos para quedarse finalmente en el mismo punto de partida, siempre insuficiente

COP28
El presidente de la COP28 y director de la petrolera, Sultan al-Jaber, posa para un selfie.Peter Dejong (AP/ Lapresse)

El resultado final de la COP 28 ha sido positivo al conseguir verbalizar que es necesario erradicar el uso de los combustibles fósiles e identificarlos como los causantes principales del cambio climático. La verbalización a través del término en inglés transitioning away, transicionar en castellano, abre cientos de interpretaciones y, como siempre, la duda sobre si la velocidad de esa transición va a ser suficiente. Me gusta la expresión que ha usado Simon Stiell, máximo responsable del área de cambio climático de la ONU, de que estamos en el principio del fin, pero, al mismo tiempo, me aterra que esa expresión encierra una doble verdad: o erradicamos el uso de los combustibles fósiles de forma cierta o estaremos en el principio del fin de la vida tal y como la conocemos.

Quizás, la muestra del grado de satisfacción que todos explicitan tenga algo que ver con los malos augurios que la cumbre tenía, no solo por realizarse en Dubai, cuya economía y riqueza depende principalmente del petróleo y del gas. También impactaron las declaraciones del presidente de la cumbre, el Sultán Al Jaber, afirmando que: “No existe ninguna ciencia, ni ningún escenario, que diga que la eliminación progresiva de los combustibles fósiles es lo que permitirá alcanzar los 1,5°C”, declaraciones que posteriormente matizó introduciendo la tabla de salvación de la tecnología que viene.

Como todas las cumbres que se precien, los compromisos que generan la verbalización de los conceptos introducen siempre un desarrollo temporal para que tomen forma en planes que y compromisos que habrá que presentar en el futuro. En este caso, tendremos que esperar hasta 2025 para que esa verbalización vaya tomando forma, ya que en los acuerdos actuales no se concreta. De hecho, no se fija un objetivo numérico ni el plazo temporal para dejar atrás el gas, el carbón y el petróleo. Por tanto, queda pendiente para la siguiente, que se celebrará en Azerbaiyán (gran productor y exportador de gas y petróleo), la concreción de unos objetivos reales para materializar el resultado en Dubái.

Recuperando lo expresado por Lampedusa en El Gatopardo: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”, el texto, como no podía ser de otra forma, sigue dejando las puertas abiertas al sector fósil, utilizando el oxímoron del fomento de combustibles con emisiones de carbono nulas refiriéndose a los combustibles fósiles, apostando por la captura de carbono y la nuclear y por la introducción de una amplia gama de colores en el hidrógeno, adicionales al verde que es el de origen renovable. La voluntad reflejada de reducir las subvenciones prescindibles a los combustibles fósiles también es un término para un estudio semántico profundo.

Indudablemente, hay que reconocer el papel de la Unión Europea y, especialmente, la figura de la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, por su determinación. Sin su labor y empuje, el documento final habría pospuesto la causalidad entre cambio climático y combustibles fósiles y la necesidad de abordar su erradicación.

Hay que rescatar los avances en positivo de la voluntad de triplicar la instalación de energías renovables, duplicar la eficiencia energética, reducir todo lo posible las emisiones de metano y promover vehículos cero emisiones, aunque sin fecha determinada. Y, respecto a la consigna de dotaciones presupuestarias para cubrir las necesidades de países más vulnerables por los efectos del cambio climático, podríamos preguntarnos ¿será por dinero?, teniendo en cuenta dónde se celebraba la cumbre, pero los términos económicos son claramente insuficientes. Como comparativo podemos ver cómo los 100 millones que aportará al fondo de Emiratos Árabes es menos de la mitad de lo que cobra Cristiano Ronaldo por jugar un año en Arabia Saudí. Podríamos decir que se valora más el reconocimiento de la correspondencia del daño que las necesidades de mitigación real de los perjuicios generados.

En la primera conferencia de Naciones Unidas celebrada en Estocolmo en 1972, se marcó un antes y un después con la presentación del Informe Meadows Los Límites del Crecimiento. En 1987, el informe Brundtland, denominado Nuestro Futuro Común, fue la base de la cumbre de Río y con él empezó a utilizarse y desgastarse semánticamente el concepto de desarrollo sostenible. En el Informe Stern, publicado en 2006, se marcaban las consecuencias de no actuar. Todos estos estudios han tenido una gran influencia en el desarrollo de las diferentes COP y, en todas, la adopción de medidas fue insuficiente. Mención aparte merecen los avances reales que se dieron en la COP3 de 1997 en Kioto y en la COP21 de 2015 en París, esta última gracias al papel negociador de Laurence Tubiana.

Las diferentes COP siempre me recuerdan al baile de La Yenka, que se puso de moda allá por los años sesenta, y cuyo estribillo y movimientos con pequeños saltos era izquierda, izquierda, derecha, derecha, delante, detrás… para quedar siempre en el mismo sitio de partida. Y me lo recuerdan porque después de movimientos continuos en diferentes direcciones, según los intereses particulares de cada país, las decisiones adoptadas no permiten avanzar de acuerdo con la necesidad que la emergencia climática.

El tiempo se acaba y hemos vuelto a dar un gran paso para verbalizar los problemas e identificar las soluciones que debemos poner en marcha. Ahora solo nos queda esperar que esta vez sí podamos cristalizar las palabras en hechos, tanto para reducir las emisiones como para ayudar a mitigar los efectos del cambio climático, empezando por los que ocasiona a los más vulnerables.

Fernando Ferrando es presidente de Fundación Renovables

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