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Editorial
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Las desigualdades de la educación en España

Pisa 2022 revela una circunstancia preocupante: el ensanchamiento de la brecha de aprendizaje entre los estudiantes en función de la renta

CINCO DÍAS
informe pisa
Emilio Fraile

La publicación del Informe Pisa, que evalúa cada tres años las competencias básicas al finalizar la ESO, genera habitualmente un debate sobre las cualidades y defectos del sistema educativo español, las razones de la pobre puntuación que suele obtener de media en las pruebas y el desigual desempeño de los alumnos en los exámenes. Los resultados resultan siempre reveladores, no solo porque permiten comparar las fortalezas y debilidades de los sistemas educativos, sino porque, al menos en teoría, generan la oportunidad de investigar buenas prácticas y metodología de los países con mejor puntuación.

La edición de 2022, cuyos resultados se hicieron públicos ayer, se esperaba con expectación, con el fin de evaluar el impacto de la pandemia en la actividad educativa y en el desarrollo de los estudiantes. Como se preveía, Pisa ha confirmado un empeoramiento generalizado del desempeño escolar en todos los países, que se atribuye fundamentalmente a la traumática interrupción de la escolarización que provocaron las cuarentenas, las cuales no solo obligaron a impartir las clases a distancia y por medios digitales, sino que cortaron de raíz las oportunidades de socialización de los estudiantes en una edad especialmente compleja. El retroceso contundente e inédito en las competencias que reflejan los resultados de 2022 incluye a también España, aunque la caída es menos acusada que en la media europea.

Junto a los resultados académicos, Pisa revela otra circunstancia preocupante: el ensanchamiento de la brecha de aprendizaje entre los estudiantes con mayor y menor riqueza, de forma similar a como sucedió en 2012 y con un agravamiento respecto a 2018, anterior edición del informe. En el caso español, los resultados cifran hasta en un 14% las diferencias en el rendimiento de los estudiantes en función de su entorno y de la capacidad económica de sus familias. Aunque supone un avance respecto a hace una década, la cifra sigue siendo mayor que en 2018, es decir, antes de la crisis sanitaria.

El agravamiento de la brecha educativa entre ricos y pobres se explica por el mayor acceso de los primeros a los recursos tecnológicos, que fueron fundamentales durante la pandemia, además de por las diferencias culturales de las familias, asociadas al nivel de ingresos, y también claves en las clases en la cuarentena. Pero la existencia en sí de la brecha y la desigualdad de oportunidades que refleja, al igual que los bajos resultados que España obtiene por lo general en Pisa, no pueden explicarse solo por la pandemia, sino por deficiencias socioeconómicas y educativas casi estructurales que no solo es necesario, sino urgente corregir.

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