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A fondo
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El comercio global y las tribulaciones de China

Los problemas del país no tardarán en ser exportados al resto del mundo. Se están produciendo grandes cambios y hay que estar muy atentos a su evolución

Maersk
Barco portacontenedores de Maersk.Lionel Ng (Bloomberg)

La naviera Maersk se queja de que los negocios no le van este año tan bien como quisiera. No es extraño, pues, en lo que se refiere al transporte de materias primas y todo tipo de mercaderías por mar los precios de los fletes han estado en tendencia de bajada a lo largo de 2023, con un bajón más acusado a partir de mediados del verano.

Es un síntoma más (está por ver si transitorio) de la desglobalización, con el comercio internacional reduciéndose a un ritmo anual del 3,8% a pesar de que el PIB (si aceptamos los pronósticos del FMI) debería estar creciendo casi al 3%.

Aceptar las estimaciones y pronósticos del FMI provoca, a veces, verdaderos ataques de incredulidad.

Recientemente, el Fondo se ha descolgado con un pronóstico para el precio del petróleo que lo llevaría a 150 dólares por barril en el caso de que la guerra entre Hamás e Israel se intensificara y entrara en ella de manera directa alguno de los países del Oriente Medio.

Los pronósticos de ese tipo se mueven entre lo banal y lo tautológico porque, hasta el más profano sabe que, efectivamente, con otros países del Oriente Próximo entrando en el conflicto, y con amenaza de bloqueo en los estrechos de Ormuz y de Bab-el-Mandeb, el precio del petróleo se podría ir a las nubes, por lo que, el único interés que podrían tener pronósticos así es que se les quitara el condicional (si pasa tal cosa… entonces…) y se estableciera una hipótesis sobre si es plausible o no esa entrada directa de nuevos actores en el conflicto y se utilizarán los correspondientes argumentos para defender esa hipótesis. Y, así y todo…

Decir que el precio del Brent se podría ir a 150 o a 300 dólares suena mucho a hablar por hablar, porque, ¿quién podría haber imaginado que el precio del gas natural se iría el año pasado a los 350 dólares por MWh? ¿Por qué no se detuvo la subida en 250 o se fue a 450 dólares?

Se fue a ese nivel de 350 dólares, pero no por problemas de escasez de oferta o exceso de demanda, sino como resultado de fallos en el arbitraje entre diferentes mercados de la energía, algo cuyo peligro pueden olfatear operadores de esos mercados con mucha experiencia, pero que no hay regla humana que permita adivinar el momento en que el peligro va a mutar en catástrofe en vez de ser una de tantas falsas alarmas.

También el Banco Mundial advierte de la eventual subida del precio de los alimentos si el conflicto se generaliza, aunque, por el momento, siguen bajando de precio, según la FAO.

Que la desglobalización avanza y que la economía mundial, a la vez, se desacelera es algo que se muestra ante nuestros ojos casi todos los días.

La recesión manufacturera global es un hecho desde hace ya muchos meses, de modo que son los servicios los que están tirando (aunque cada vez con menos fuerza) de la economía internacional.

Entre los síntomas más sorprendentes de la situación descrita (es decir, de la desglobalización) está el que el superávit de la balanza por cuenta corriente de China se está reduciendo a marchas forzadas, lo que está impactando en la cotización de su moneda, el yuan renminbi, que está, por tanto, amenazado de nuevas devaluaciones, como las que tuvieron lugar en 2015 y 2016.

La economía china se debate en estos momentos en una crisis a la que ha llegado con síntomas claros de agotamiento de su modelo productivo, por lo que su Gobierno debe tomar medidas muy drásticas para enderezar la situación. Entre esas medidas hay dos que son de carácter claramente político y de redistribución de beneficios y pérdidas.

Se trata de decidir por qué vía se puede reactivar el consumo interior allí para no depender tanto de las exportaciones (lo que solo puede hacerse con un aumento de los salarios) a la vez que se decide quién va a pagar los platos rotos del estallido de la burbuja inmobiliaria, si los Gobiernos locales, los bancos, la Administración central o los particulares (normalmente serán estos).

Entre las preocupaciones que provocan los giros de política financiera en China está el que vendan la deuda pública de EEUU que tiene en las reservas de su banco central, pero también esto parece altamente exagerado: el 15% de la reducción de ese tipo de activo se debe a la valoración a unos precios de mercado que han caído fuertemente en el último año y medio

El caso es que los problemas chinos no tardarán en ser exportados al resto del mundo y, en cierto modo, ya lo están siendo. Esa queja que comentábamos al inicio de que la naviera Maersk lamenta que sus negocios no vayan tan bien como quisieran, tiene que ver con unas flotas sobredimensionadas para el ritmo que lleva ahora el comercio global. Un comercio global en que el superávit de la balanza por cuenta corriente china se ha reducido un 55% en los últimos doce meses.

Igual es un efecto pasajero, pero sea como fuere, se están produciendo fuertes cambios en China y habrá que estar con el fonendo y el sismógrafo detectando los menores temblores que allí se produzcan y confiar en que lleguen aquí lo más amortiguados que sea posible.

Juan Ignacio Crespo es estadístico del Estado y analista financiero

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