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Breakingviews
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La descomposición de la Bolsa de Dublín señala un mal general de la UE

La fuga de empresas a EE UU indica que el bloque debe crear un mercado único y sacrificar las normas nacionales

Europa
Bandera de la UE ante la sede de la Comisión Europea, en Bruselas.Yves Herman (REUTERS)

Los irlandeses tienen una larga tradición de buscar una vida mejor en Estados Unidos. Esa parece ser la idea de Smurfit Kappa, empresa de embalaje de papel que cotiza en Dublín, que se une a un número creciente de grandes empresas irlandesas que buscan cotizar en EE UU. Pero lejos de ser solo un problema para la pequeña Irlanda, el éxodo es un síntoma de un reto europeo más amplio.

CRH, de materiales de construcción, dejó de cotizar en Dublín la semana pasada. En agosto, Flutter, propietaria de la casa de apuestas Paddy Power, y que vale 28.000 millones de euros, declaró que mantendría sus acciones en Londres, pero que no podía “garantizar” el mantenimiento de su cotización en Irlanda.

A principios de mes, Smurfit Kappa, valorada en 8.000 millones de euros, dijo que dejaría de cotizar en Dublín como parte de una operación de 11.000 millones sobre la estadounidense WestRock. Por su parte, Kingspan, empresa de materiales de construcción valorada en 13.000 millones, está buscando un gran objetivo de adquisición en Estados Unidos (quizá Carlisle Companies), lo que podría llevar a su exclusión de la Bolsa de Dublín. La pérdida de las cuatro empresas erosionaría más de la mitad de los 172.000 millones de dólares (162.000 millones de euros) de capitalización bursátil de la Bolsa irlandesa, según nuestros cálculos.

En principio, la Bolsa irlandesa debería de poder convencer a las empresas para que se queden. Después de todo, su propietaria, Euronext, controla una vasta red de Bolsas que incluye Milán, Ámsterdam, Oslo y París, con un valor combinado de 6,3 billones de dólares. Esto debería de permitir a una empresa como Smurfit Kappa acceder a un amplio grupo de inversores. Pero la realidad es que estos centros están fragmentados y operan con arreglo a normas nacionales diferentes. De ahí que si un inversor quiere tomar una posición importante en una empresa europea cotizada o vender un gran número de acciones, la falta de liquidez puede desencadenar oscilaciones salvajes en los precios de los títulos.

Eso puede explicar por qué la empresa química Linde, valorada en 190.000 millones de dólares, ha abandonado su cotización en Fráncfort para cotizar exclusivamente en EE UU. Tanto Flutter como CRH creen que los grandes inversores estadounidenses las valorarán mejor. La subida del 10% de las acciones de CRH tras su cambio de cotización refuerza esta opinión.

Cambiar esa mentalidad exigirá un pensamiento radical. Los Estados miembros de la UE tendrían que sacrificar sus propias normas nacionales y ponerse de acuerdo para crear un mercado único que permita a las empresas acceder a los inversores de los 27 Estados miembros.

Gastar mucho es una solución más inmediata. Los tránsfugas irlandeses creen que cotizar en Estados Unidos puede ayudarles a conseguir contratos públicos nacidos de la Ley de Reducción de la Inflación (IRA). Europa optó por reasignar los fondos existentes y relajar las normas contra las ayudas estatales en lugar de desvelar un nuevo plan de gasto.

Las empresas que están considerando cotizar en Estados Unidos dicen que les atrae la concentración de inversores activos. Antes de la crisis financiera de 2008, los accionistas británicos constituían una parte importante del capital de las mayores empresas irlandesas, como el banco AIB. Pero ahora estas empresas pertenecen principalmente a inversores estadounidenses. A menos que Irlanda, y Europa en general, consigan atraer de nuevo a los inversores nacionales o demuestren que a las empresas les interesa económicamente seguir cotizando en Europa, la descomposición continuará.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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