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Editorial
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El empleo aguanta el tipo, aunque empieza a aflojar

La figura del fijo discontinuo no evita prácticas fraudulentas como que las escuelas contraten a los docentes durante el curso y los despidan en verano

CINCO DÍAS
José Luis Escrivá
El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá.Efe

Las cifras de afiliados a la Seguridad Social mantienen el ritmo positivo, pero empiezan a notar ya una cierta desa­celeración. El mes de julio, tradicionalmente bueno en un país turístico como España, fue esta vez algo menos positivo, sobre todo por la caída en educación y agricultura.

Tras la última reforma laboral, los contratos fijos discontinuos han sustituido en muchos casos a los contratos temporales, de los que se abusaba de forma inmisericorde. La figura del fijo discontinuo ofrece una estabilidad algo mayor para los trabajadores y las propias empresas, pero no evita ciertas prácticas fraudulentas, como que las escuelas contraten a los docentes durante el curso y los despidan en los meses de verano, para que sea el Estado el que les pague las vacaciones. Este sector perdió nada menos que 110.705 afiliados en julio: un 10% menos de ocupados.

También destaca el descenso de cotizantes en agricultura: 38.161, un 5,5% menos, quizás por el daño provocado por la sequía del último año, solo ligeramente atenuada en mayo y junio. El número de afiliados total aumentó en 21.945 personas, que, sin embargo, son la mitad de la media de los últimos diez años (2020 aparte). Ese enfriamiento es un reflejo lógico de que la recuperación económica pospandémica en España está empezando a tocar techo, mientras los países vecinos ya se mueven claramente en el estancamiento. La evolución del paro mantiene su línea descendente desde 2013, con unos y otros Gobiernos, pero sigue teniendo un suelo alto imposible de agujerear.

El descenso de los salarios reales provocado por la inflación, que en España ha sido más acusado que en la mayoría de los países de la OCDE, ha sostenido a cambio el reparto del trabajo, que en la crisis de 2008 vivió una hecatombe con dolorosas consecuencias sociales. También ha contribuido a moderar el impacto negativo el incremento del empleo parcial, que explica que el número de horas trabajadas se contradiga en apariencia con la sistemática reducción del paro.

El mercado laboral español presenta así, un verano más, sus virtudes habituales, y también sus defectos recurrentes, que las sucesivas reformas legislativas (más modestas de lo que suelen presumir sus impulsores y atacar sus críticos) no han logrado corregir. La contención salarial en España ha ayudado a evitar una sangría laboral en plena escalada inflacionista, pero suavizada esta, también es momento de que los trabajadores recuperen parte de su poder adquisitivo.

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