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Editorial
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El antídoto para la desconfianza es la transparencia

Los supervisores parecen haber olvidado que los colchones de capital no hacen inmune a ningún sistema financiero frente a los estragos del miedo

CINCO DÍAS
Logos de UBS y Credit Suisse.
Logos de UBS y Credit Suisse.Jaap Arriens (NurPhoto via Getty Images)

El rescate de Credit Suisse mediante su integración en su gran rival, UBS, avalada con todo tipo de garantías públicas por las autoridades suizas, ha sido una operación ortodoxa en cuanto a su celeridad y contundencia con el fin de restablecer la estabilidad en los mercados financieros, pero heterodoxa en cuanto a su arquitectura y su falta de transparencia. La decisión de alterar el orden clásico de prelación de títulos a la hora de hacer frente a la debacle ha colocado en primera línea de fuego a los tenedores de bonos contingentemente convertibles (cocos), únicos que han visto volatilizarse su inversión, y no a los accionistas ni a los tenedores de deuda subordinada. Ello ha añadido una nueva fuente de incertidumbre y malestar a una crisis cuyo punto flaco en Europa no es la solvencia, pero sí la confianza, un activo muy volátil que hay que manejar con extrema prudencia.

Pese a las palabras de Christine Lagarde, que ha vuelto a insistir en la fortaleza, solvencia y suficiente capitalización de la banca europea, y el respaldo del BCE, la JUR y la EBA a la vigencia del modelo comunitario de rescate –en el que los accionistas dan la cara por delante de los tenedores de cocos–la reticencia ha prendido ya entre los inversores y ahorradores europeos, que ven en el colapso del banco suizo un terremoto mucho más cercano y peligroso que la crisis desatada en EE UU por la caída de SVB.

La heterodoxa arquitectura de la solución de rescate a Credit Suisse traerá cola, y tendrá como primera consecuencia un encarecimiento del coste de emisión de los cocos, además de una avalancha de demandas judiciales por parte de sus tenedores, los grandes perdedores de la operación. Pero la escasa transparencia que han mostrado los supervisores, no solo el suizo, sino el resto de los bancos centrales, escenificada en la decisión, anunciada el domingo, de actuar de forma coordinada para mejorar la provisión de liquidez a través de los arreglos permanentes de la línea de intercambio de dólares estadounidenses, constituye el fallo más grave de la gestión de un crisis que no se soluciona únicamente con la insistencia en la solidez de la banca europea.

Los mercados acogieron ayer con serenidad el anuncio de la fusión de Credit Suisse y UBS, pero la precipitación de los acontecimientos en los últimos días pone en cuestión hasta qué punto este rescate es suficiente para devolver la confianza a los inversores. Los supervisores parecen haber olvidado que los colchones de capital no hacen inmune a ningún sistema financiero frente a los estragos de la desconfianza y que el único antídoto para ese riesgo es una gestión serena, abierta y transparente.

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