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Editorial
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Palo y zanahoria para la banca en la hora más difícil

Hará falta tanto apoyo para evitar el caos en el sector como disciplina para que este se prepare ante la incertidumbre

Reserva Federal EE UU
Sede de la Reserva Federal de EE UU.AK2 (Getty Images)

Por más que el modelo de negocio y gestión de riesgos de Silicon Valley Bank fueran únicos, los 10 días transcurridos desde su colapso hacen difícil sostener la tesis del caso aislado. Aun asumiendo, en contra del sentido común y de la historia, que la etapa de tipos bajos no ha generado desequilibrios que éstos no aflorarán a medida que suben los tipos, el simple efecto contagio, el miedo por sí solo, ya es capaz de desestabilizar el sistema.

La banca estadounidense pidió a la Fed un récord de 165.000 millones de dólares la semana pasada, ante la fuga de depositantes de los bancos regionales en los que se focalizó, inicialmente, la crisis. La entrada de dinero en entidades de gran tamaño es indica que el miedo no se circunscribe a los mercados. Y es muestra, asimismo, de la necesidad de una supervisión sólida no es un capricho de los supervisores ni un afán de control, sino una necesidad económica con demanda social. Los clientes no saben lo que es un ratio de capital, pero sí han estado al tanto de qué bancos estaban sujetos a los mismos estándares que Silicon Valley Bank y cuáles tenían un mayor grado de supervisión.

Europa no ha llegado a ese punto, a pesar de que la tubulencia gravita ahora en torno a una venerable entidad del Viejo Continente, Credit Suisse. El hecho de que los clientes de la entidad no hayan visto congelado su dinero y que solo hayan pagado el pato accionistas y tenedores de bonos de la entidad (quienes difícilmente podrán aducir sorpresa) ha dejado la crisis en un asunto más de rascacielos que de oficinas a pie de calle, al menos de momento.

La base del sistema financiero es la confianza. Cuando las entidades privadas no son capaces, en términos agregados, de ofrecer esa confianza, es obligación de las autoridades monetarias. El BCE optó el jueves por un ejercicio de funambulismo para no enmendar su promesa de subir los tipos 50 puntos básicos. No sabemos si haber corregido el tiro habría despertado aún más temores en el mercado, pero cabe por el momento confiar en las palabras de Christine Lagarde, que aseguró estar dispuesta a usar todos los medios precisos.

La realidad seguramente pondrá a prueba esas palabras. Aun en el escenario de que este fin de semana las aguas se calmen, el episodio va a tensar más una red financiera global que ya estaba sujeta a estrés hace dos semanas. Hará falta tanto apoyo para evitar el caos en el sector bancario como disciplina para que éste se prepare ante la incertidumbre. Palo y zanahoria.

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