El clima de desconfianza que viven los mercados internacionales se asentó ayer definitivamente en el Ibex. Presionada por una oleada de advertencias de beneficios que afectaba a ambos lados del Atlántico, la Bolsa española vivió su semana más volátil del año, en la que perdió un 4,49%, el segundo peor registro de 2001.
En manos de la especulación y de los especialistas en el corto plazo. La ausencia de inversores finales en las principales Bolsas del mundo ha supuesto un aumento de la volatilidad en los últimos días. Este fenómeno coincide en el tiempo, además, con una grave depresión bursátil.
Los mercados estadounidenses vivieron una nueva semana a la deriva. Apaciguados los ánimos tras el golpe de mano de la Reserva Federal, todas las miradas se han vuelto a los resultados empresariales. æpermil;stos han provocado dudas e indecisión. Esta volatilidad tuvo un claro exponente en la jornada de ayer. El Nasdaq inició la sesión con pérdidas, se recuperó y llegó a ganar un 2%, volvió a terreno negativo y cerró con una caída del 0,53%. Pese a todo, finalizó la semana con un alza del 9,07%.