El plan de Trump para contener la tormenta en la deuda choca con el escepticismo del mercado
Los tipos de interés vuelven a repuntar mientras los analistas descartan que tenga efectos a largo plazo, si bien puede debilitar al dólar


La estrategia del Tesoro de Estados Unidos de acelerar la recompra de bonos para contener la subida de los tipos de interés de largo plazo tuvo un claro impacto en el mercado el miércoles, que se ha difuminado a medida que pasan las horas. Los analistas dudan de sus efectos mientras repunta el precio del petróleo, ya en 93 dólares, récord de agosto. La deuda de Estados Unidos a 30 cotizaba el martes en récord desde 2007, un 5,33%, antes de que el Tesoro anunciara un giro en su estrategia: duplicará las recompras de deuda a largo plazo. Los intereses bajaron al 5,17%, pero han vuelto a repuntar hoy: poco después de la apertura de Wall Street, están en el 5,24%, casi un cuarto de punto más que al empezar el mes. El impacto ha sido aún menor en el bono a 10 años referencia mundial: cotiza al 4,7%, apenas cinco puntos por debajo del pico del martes.
El mercado ha tardado poco en cotizar algo que los analistas tienen claro: el efecto de las compras de bonos difícilmente será perdurable. Sobre todo, porque estas operaciones de ingeniería financiera no pueden con la tozuda aritmética de un volumen de deuda disparado: el volumen de deuda pública estadounidense ha superado los 40 billones de dólares, un 124% del PIB, y el déficit, hoy en el 6% del PIB, seguirá elevando esta montaña. “La intervención del Tesoro puede contribuir a estabilizar los mercados de deuda a corto plazo, pero no modifica los factores fundamentales que explican el aumento de los rendimientos”, explican los analistas de UBS en un informe. “Las recompras adicionales son relativamente modestas en comparación con el volumen del mercado de deuda pública y deben considerarse principalmente como una señal política, más que como una solución estructural”.
“Lo inusual es el momento elegido”, indica por su parte Dario Messi, responsable de renta fija del banco suizo Julius Baer, quien recuerda que el Tesoro anunció su estrategia de emisiones y recompras hace dos semanas. Ello, asegura, “sugiere que no se siente cómodo con el reciente aumento de los costes de financiación y está dispuesto a contrarrestarlo. También aumenta la probabilidad de que se produzca una reducción de las emisiones a más largo plazo. Esto debería contribuir a estabilizar el mercado de bonos tras la reciente ola de ventas, aunque este respiro se ha producido a costa del dólar estadounidense”, añaden.
La divisa estadounidense reaccionó el miércoles con una caída del 0,87% contra el dólar que se prolonga, de forma más contenida, en la jornada de hoy. Está en 1,17 dólares por euro, frente a los 1,15 a los que empezó el mes. Para Mohit Kumar, economista jefe y estratega para Europa de Jefferies International, “cualquier forma de control de los rendimientos debería ser negativa para el dólar”, puesto que hace que la deuda estadounidense sea menos atractiva sin atacar los problemas de base. “Bessent está diciendo, en la práctica, que está dispuesto a sacrificar algo de fortaleza del dólar para mantener relativamente controlados los rendimientos a plazo”, dijo a Bloomberg Andrew Canobi, director de renta fija de Franklin Templeton en Melbourne. “Algo tiene que funcionar como válvula de escape”.
A diferencia de los programas de compras de deuda ejecutados en los últimos años por los bancos centrales, denominados quantitative easing y que suponían ampliar el balance del banco central con deuda pública, la operación promovida por Scott Bessent no supone la entrada de dinero nuevo: estas compras de bonos a 10 y 30 años se pagan con las mismas arcas del Tesoro, que tendrá por lo tanto que emitir deuda a corto plazo para pagar la deuda a largo. “Desde el punto de vista del Tesoro, se trata de un juego de suma cero, pero desde la perspectiva de los mercados, implica una mayor emisión de letras del Tesoro y tiene un efecto mayor al reducir la emisión neta de títulos de larga duración”, explican desde ING. “Seguimos considerando que es poco probable que esta medida, por sí sola, cambie la trayectoria de los rendimientos a largo plazo. Sin embargo, sí que la atenúa”.
Según los cálculos de la entidad, el programa de recompra se amplía de 38.000 a 56.000 millones (de los cuales 36.000 millones corresponden al plazo de 10 a 30 años). “Aunque el volumen total del programa de recompra es, en realidad, inferior al de una subasta habitual a dos años, sigue siendo considerable”, indican.
Más duros son los expertos de JP Morgan: “A falta de una verdadera consolidación fiscal, tememos que los mercados consideren que esta medida carece de credibilidad”, escribieron estrategas de la firma en una nota citada por Bloomberg. “Esto podría contribuir a un aumento de la prima de plazo y de los rendimientos con el paso del tiempo, en caso de que el Tesoro adoptara un enfoque más oportunista en la gestión de la deuda y se alejara aún más de su principio de regularidad y previsibilidad”. Dos axiomas que el propio Scott Bessent ha defendido públicamente. La intervención en el mercado de deuda llega, además, apenas días después de que, por primera vez en décadas, Bessent coordinara la compra de yenes por parte del Tesoro y la Reserva Federal, un movimiento sin precedentes en las últimas décadas.
La subida de los tipos de interés a largo plazo no es un fenómeno exclusivo de Estados Unidos. La deuda a 30 años de Japón, Reino Unido o Alemania está también en los niveles más altos en décadas, impulsada por los mismos elementos que han condicionado al bono de Estados Unidos: perspectivas de inflación y desequilibrio en las cuentas públicas. Estos activos han reaccionado, lógicamente, aún menos que la deuda americana. “La historia también nos ofrece una guía útil: medidas similares adoptadas en Japón y el Reino Unido han contribuido a moderar la volatilidad, pero no han logrado reducir de forma permanente los rendimientos a largo plazo cuando las presiones fiscales y de inflación se han mantenido elevadas”, añade UBS. Con todo, los expertos son también cautos: “Siempre es peligroso intentar enfrentarse a quienes fijan las reglas”, afirmó a Bloomberg Andrew Ticehurst, estratega sénior de tipos de interés en Nomura. “Pero la debilidad de los fundamentos subyacentes es considerable y cada vez más evidente”.