El mundo se asoma a una deuda más cara: los bonos repuntan a máximos de más de dos décadas
Japón, Europa y EE UU registran tipos de interés récord ante la inflación persistente, los desequilibrios presupuestarios y las emisiones de la IA


La deuda soberana de EE UU, referente obligado para el mercado financiero global, emitió una señal reveladora la semana pasada. El Tesoro estadounidense vendió bonos a 30 años al mayor interés en un cuarto de siglo, a pesar de que la inflación se ha moderado ligeramente —al 3,4% en julio— y de que se han rebajado las expectativas de un alza de tipos de la Fed en septiembre. Los inversores han puesto las luces largas y, mientras continúa el shock energético por el cierre de Ormuz, tampoco pasan por alto el resto de desafíos que afrontan las grandes economías occidentales: un elevado gasto y déficit públicos que contribuyen a tensionar las rentabilidades de los bonos junto a la avalancha de emisiones de deuda para financiar la IA. Las tecnológicas son un nuevo actor en el mercado de deuda, donde crece la competencia por captar capital. En definitiva, un cúmulo de elementos apuntan a una deuda más cara; el movimiento es estructural y no depende de las apuestas puntuales sobre el próximo movimiento que haga la Fed.
En Japón, el bono a 10 años cotiza en máximos desde 1996, al borde del 3%; el bono alemán a una década trepa al 3,215%, el nivel más alto desde mayo de 2011 y el francés a ese plazo está en máximos de junio de 2009, llegando a superar el 4%. En Estados Unidos, el rendimiento del bono a 30 años ha regresado a máximos de 2007, en el 5,293%. Las alzas de rentabilidad se han intensificado a pesar de que en el mercado se ha enfriado en los últimos días la expectativa de una subida de tipos de interés en septiembre. Goldman Sachs cree “muy improbable” ese incremento debido a los datos más débiles de ventas al por menor, las cifras de empleo decepcionantes y la desaceleración de los datos de inflación. Los futuros dan ahora un 30% de probabilidades a un alza el próximo mes, frente al 72% de finales de julio, en plena resaca tras la última reunión de la Fed, cuando los inversores mostraron sus dudas sobre la capacidad del banco central estadounidense de influir en las expectativas de inflación.
Las previsiones sobre la Reserva Federal, el banco central más influyente del mundo, son menos agresivas que hace unas semanas y apuntan a un alza de tipos en enero. Es el entorno geopolítico y macroeconómico quien alimenta la creciente exigencia de rentabilidad en los bonos por parte de los inversores. Sobre todo, por una inflación más persistente. “El conflicto en Oriente Próximo ha provocado un shock energético que parece estar intensificándose de nuevo. Esto significa que la inflación podría permanecer por encima del objetivo durante más tiempo”, explica Dan Ivascyn, director de inversiones de Pimco, la mayor gestora de renta fija del mundo. Y una inflación más elevada a corto plazo vuelve a introducir en la ecuación la posibilidad de un endurecimiento de la política monetaria por parte de los bancos centrales, no solo de la Fed. El BCE ya elevó los tipos en su reunión de junio y la expectativa es que vuelva a subirlos en septiembre.
Las alzas de rentabilidad de los bonos ante la amenaza de más inflación son la primera capa de un problema que va más allá y que apunta al elevado endeudamiento que soporta la economía global. Con un precio del dinero más elevado, los gobiernos afrontan un mayor coste de la deuda sobre economías que además encaran los desafíos de financiación que exigen la tensión geopolítica y la transición energética. Estados Unidos, la mayor economía del mundo, es el ejemplo más candente, con un déficit público que supera el 6% y un ingente gasto armamentístico. “En un contexto marcado por una mayor complejidad geopolítica, una mayor dependencia energética, una inflación persistente y un gran estímulo fiscal, probablemente se observará una mayor resistencia a la inflación”, advierte George Efstathopoulos, gestor de carteras de Fidelity International, en declaraciones recogidas por Bloomberg.
La avalancha de emisiones de bonos vinculada al desarrollo de la inteligencia artificial es un factor añadido, capaz de intensificar la presión sobre la rentabilidad de los bonos. Nomura Securities estima que los aproximadamente 200.000 millones de dólares de endeudamiento solo de las mayores empresas tecnológicas equivalen a aproximadamente el 25% de la emisión neta de pagarés y bonos del Tesoro de EE UU dirigida a inversores privados, cinco veces más que en 2025. Y ese volumen va a más, lo que traerá más rivalidad entre los emisores, tanto soberanos como corporativos, para captar el dinero de los inversores. En definitiva, para colocar bonos, habrá que pagar más. “Sea quien sea el emisor, ya sea un gobierno, un hiperescalador o una entidad no hiperescaladora, ahora compite con más emisores”, afirma Tony Rodríguez, director de estrategia de renta fija de Nuveen Asset Management.
Mientras los bonos de EE UU, Japón, Alemania o Francia cotizan en máximos de varias décadas, los bonos de la periferia europea, tan denostados durante la crisis del euro, sortean la presión. Sus rentabilidades también avanzan pero en mucha menor medida, lo que mantiene a raya las primas de riesgo. Así, el rendimiento del bono español a 10 años está en 3,65%, en niveles de 2023, mientras que la prima de riesgo se mantiene entoen tornoos 40 puntos básicos. Según señala Bank of America en un informe publicado este lunes, “mientras el conflicto entre EE UU e Irán provocaba volatilidad en los mercados, los diferenciales de la periferia de la zona del euro demostraron su resistencia en comparación con períodos históricos de aversión al riesgo”. Una resistencia que el banco estadounidense explica en la “notable mejora de la solidez de los balances públicos desde la pandemia”.