Los impagos del crédito privado marcan récord en plena ola de limitaciones de reembolso a los fondos
Fitch eleva el porcentaje de préstamos fallidos al 6% en los últimos 12 meses. Las empresas sanitarias y de manufacturas son las más afectadas

Los problemas con el crédito privado que arrastran determinados fondos semilíquidos (evergreen, en el argot) de Blue Owl, BlackRock, Blackstone, Apollo y Morgan Stanley coinciden con un deterioro histórico de los indicadores de morosidad. Fitch ha publicado un informe que revela que su nivel es récord. La tasa de impago en 12 meses a cierre de junio subió al 6%, después de computar 32 eventos de impago procedentes de 20 nuevos emisores entre abril y junio. Esto eleva a 84 el número de compañías en impago en el último año.
El crédito privado muestra dos caras de la misma moneda. Sus grietas comenzaron a hacerse visibles con los fraudes de Tricolor y First Brands, que pusieron el foco sobre los riesgos de un mercado que ha crecido con fuerza durante la última década. Ambos episodios llevaron a Jamie Dimon, presidente de JP Morgan, a alertar sobre la aparición de “cucarachas crediticias” y a establecer paralelismos con algunos de los excesos previos a la crisis financiera de 2008. Poco después, la gestora de fondos de crédito privado Blue Owl dio el pistoletazo de salida a una oleada de limitaciones a los reembolsos en este tipo de vehículo. El aumento de las solicitudes de reembolso de los pequeños inversores obligó a varias gestoras a limitar los reembolsos para evitar tensiones en un mercado cuya liquidez sigue siendo muy inferior a la de la deuda cotizada.
Los expertos advierten de que es necesario separar el fondo de la forma. El temor del mercado era que las tensiones detectadas respondieran a un deterioro más amplio del crédito privado, ya fuera por casos de fraude, como los ya conocidos, o por un aumento de las dificultades de las empresas para hacer frente a sus deudas. Entre los sectores que concentran una mayor atención figura el tecnológico, especialmente las compañías de software, obligadas a adaptarse al profundo impacto que la inteligencia artificial está teniendo sobre sus modelos de negocio. La presión también afecta a las propias firmas vinculadas a la IA, donde la creciente competencia pone en duda la capacidad de muchas de ellas para alcanzar la rentabilidad.
Los datos de Fitch sugieren que una parte de esas preocupaciones tiene fundamento. Paradójicamente, las señales de deterioro llegan después de que grandes gestoras hayan tenido que limitar las salidas de liquidez de varios vehículos y de que una parte de los analistas haya descartado problemas reales respecto a la calidad de los créditos que estos tenían en cartera. La agencia señala como culpables las extensiones de vencimiento pactadas; es decir, la incapacidad de devolver el dinero en tiempo y forma.
Fitch señala, por lo tanto, un cambio de paradigma. Hasta el momento, las grandes señales de alarma eran los aplazamientos de intereses y los pagos en especie (PIK, por sus siglas en inglés). Por sectores, la sanidad elevó su tasa de morosidad al 9,4% desde el 6,9%, e industria y el sector de manufacturas se colocaron en el 10,4% frente al 5,9%. La buena noticia (nótense las cursivas) es que el gran foco de preocupación del mercado en los últimos meses, las compañías de software, exhiben la tasa más baja de los grandes sectores con un 1,2%.
Los datos llegan en un mercado en el que las dudas se habían convertido en una constante. En fondos de BlackRock, Blackstone, Apollo o Morgan Stanley se han activado los límites a los reembolsos, tras solicitudes por más de 34.000 millones de dólares (30.000 millones de euros), pero los vehículos no están cerrados con llave, pues permitirán los reembolsos en los próximos trimestres. A cambio de una rentabilidad que puede llegar al doble dígito, el inversor acepta que su única ventana de salida sea una oferta trimestral de recompra limitada normalmente al 5%.
Los gestores insisten en que ese umbral no implica una avería, sino el mecanismo diseñado para evitar la venta precipitada de préstamos ilíquidos, y sostienen que el problema responde más al sentimiento de los inversores que a un deterioro de la calidad crediticia. El debate, además, trasciende a Estados Unidos. La CNMV lleva meses vigilando la comercialización de fondos de capital riesgo y crédito privado entre minoristas, con especial atención a los vehículos evergreen, sin vencimiento fijo y con ventanas de liquidez trimestrales o semestrales. La falta de transparencia sigue siendo, además, una de las principales críticas al sector, especialmente por parte de agencias como Scope Ratings.
Al mismo tiempo, se está produciendo una rebaja de los umbrales de entrada en los mercados privados de la mano de la banca, tanto la clásica como la última en llegar. Revolut ofrecerá a sus clientes la posibilidad de invertir en capital privado, crédito privado e infraestructuras a través de vehículos diseñados específicamente para inversores particulares. Para ello, el neobanco se ha aliado con las gestoras Apollo, que compró a inicios de año el 57% del Atlético de Madrid, Ares, Hamilton Lane y Partners Group. La inversión mínima será de un euro.