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BlackRock evita los bonos a largo plazo y apuesta por los vencimientos cortos

La gestora reduce duración ante la volatilidad de la deuda soberana y sigue viendo valor en los bonos a corto plazo, que ofrecen rentabilidades superiores al 4%

Logo de BlackRock. REUTERSCarlo Allegri (REUTERS)

La teoría económica sostiene que los bonos son menos volátiles que las acciones. Sin embargo, en un entorno de crecientes tensiones geopolíticas e incertidumbre fiscal, algunas de las certezas que han guiado a los mercados durante décadas empiezan a resquebrajarse. Y pocos activos reflejan mejor ese cambio que la deuda soberana de largo plazo. La incertidumbre sobre la trayectoria futura de los tipos en Estados Unidos, los temores inflacionistas derivados de la guerra en Oriente Próximo y el deterioro de las cuentas públicas de las grandes economías han llevado a los inversores a exigir una mayor compensación por mantener bonos a vencimientos largos. La presión se ha dejado sentir especialmente en ese tramo de la curva. Después de que la rentabilidad del bono estadounidense a 30 años rozara máximos no vistos desde 2007 y la del francés a 10 años superara el 4%, niveles inéditos desde 2009, los gestores han tomado nota y empiezan a reajustar sus carteras, reduciendo la duración de sus posiciones para protegerse de nuevas turbulencias.

Entre quienes han optado por este enfoque destaca BlackRock. En una entrevista con Bloomberg TV, James Turner, responsable de renta fija global para Europa, Oriente Próximo y África (EMEA), afirma que, en el contexto actual, la gestora se muestra “muy reacia a asumir duraciones más largas porque es una zona volátil de la curva de deuda soberana”. El ejecutivo considera que los riesgos geopolíticos y el debilitamiento de la cooperación entre países justifican mantener una posición defensiva y priorizar los bonos de menor duración. Además, con rentabilidades en el entorno del 4,2%, como las que ofrece la deuda pública estadounidense a dos años, el gestor estima que los inversores pueden seguir obteniendo retornos atractivos sin asumir los riesgos asociados a los vencimientos más largos. “En el tramo más corto de la curva, los bonos gubernamentales a corto plazo ofrecen actualmente rentabilidades atractivas y nos sentimos cómodos con esa exposición”, subraya Turner.

Mientras que las rentabilidades de los bonos a largo plazo están condicionadas por las expectativas de inflación y los riesgos fiscales, los títulos de menor vencimiento dependen en mayor medida de la evolución prevista de los tipos de interés. Por ahora, el rumbo de la política monetaria estadounidense sigue siendo una de las grandes incógnitas para los mercados. Aunque su presidente, Kevin Warsh, ha reiterado su compromiso con la estabilidad de precios, los inversores siguen calibrando hasta dónde está dispuesta a llegar la institución para devolver la inflación al objetivo del 2%. Tras la última reunión, en la que la Reserva Federal optó por mantener sin cambios los tipos, las expectativas de los operadores continúan oscilando al ritmo de cada nuevo dato macroeconómico.

Con una inflación que encadena cinco ejercicios consecutivos por encima del objetivo, el mercado sigue asignando probabilidades a una subida en alguna de las tres reuniones que quedan hasta final de año, aunque estas han disminuido tras el débil informe de empleo de julio. En este contexto, octubre y diciembre aparecen como las citas más probables para un eventual endurecimiento monetario. Los inversores confían en que para entonces la situación en Oriente Próximo se haya estabilizado. Si, además, la economía continúa mostrando signos de desaceleración, la Fed podría mantener los tipos sin cambios hasta final de año, un escenario que el mercado daba por descontado antes del estallido del conflicto.

Las perspectivas parecen algo más claras en la zona euro. Después de que el último Boletín Económico del BCE reconociera que las presiones sobre los precios seguirán siendo elevadas en 2026 y de que su presidenta, Christine Lagarde, advirtiera de que el shock energético podría intensificarse, los inversores esperan un nuevo incremento de los tipos tras el verano. Este escenario refuerza el atractivo de la deuda a corto plazo, que permite obtener rentabilidades elevadas sin asumir la volatilidad que afecta a los vencimientos más largos.

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