El final de un espejismo: el regreso del riesgo geopolítico refuerza el escenario de un petróleo caro por más tiempo
Los analistas advierten que la crisis pone en duda la navegación por Ormuz justo cuando productores y navieras trataban de normalizar los flujos energéticos


Los analistas ya lo venían advirtiendo: el alto el fuego entre EE UU e Irán era una buena noticia que descansaba sobre cimientos endebles. Tras varias semanas en las que ataques puntuales contra buques mercantes habían recordado que la estabilidad en Oriente Próximo seguía lejos de estar garantizada, el intercambio de fuego cruzado de las últimas horas y, sobre todo, las declaraciones de Donald Trump dando por liquidada la tregua han materializado un temor que parecía conjurado: el riesgo de una nueva sacudida energética. El barril de brent, que había regresado a los niveles previos al inicio del conflicto e incluso amagaba con perder la cota de los 70 dólares, ha girado con fuerza al alza hasta tocar, por momentos, los 80, nivel que los expertos consideran el nuevo suelo del mercado.
La caída del crudo en las últimas semanas había sorprendido incluso a los más optimistas. La expectativa de una desescalada militar coincidió con la progresiva recuperación del tráfico en Ormuz, lo que permitió liberar parte del petróleo retenido durante los momentos más críticos de la crisis. La reanudación de los trayectos de buques que aguardaban para cruzar el Estrecho y la aceleración de las exportaciones por parte de los productores de la región, deseosos de vaciar los almacenes, introdujeron una oferta adicional en el mercado que intensificó el descenso de los precios. Algunos productores, incluso, han estado vendiendo crudo con descuento.
Hace apenas una semana, Warren Patterson, analista de ING, advertía de que el mercado estaba descontando un escenario excesivamente optimista. “La evolución de los precios refleja un mercado que considera este alto el fuego temporal entre Estados Unidos e Irán como un acuerdo permanente. Claramente, no es así y la situación puede cambiar rápidamente”, señalaba entonces. La práctica totalidad de los expertos ha manifestado que incluso un escenario de normalización dejaría un petróleo sensiblemente más caro que antes del conflicto. María Romero, socia directora de Análisis Económico y de Mercados de Afi, situaba el barril de brent entre 75 y 80 dólares a cierre de año. Más conservadores se mostraban en Bankinter, donde retrasaban hasta finales de 2027 una estabilización sostenida en torno a esos niveles. Los acontecimientos de las últimas horas han reforzado ese diagnóstico y devuelto el riesgo geopolítico al tablero.
Raphael Olszyna-Marzys, economista internacional de J. Safra Sarasin Sustainable AM, reconoce que la actividad en la zona seguía muy lejos de recuperar la normalidad. “La situación continúa siendo frágil y el tráfico podría tener dificultades para recuperarse hasta el umbral del 60%-65%”, señalaba antes de conocerse las últimas noticias. María Romero comparte ese diagnóstico y ya advertía de que no espera una vuelta a los niveles de tránsito previos a los ataques antes de finales de año.
La seguridad sigue siendo uno de los principales obstáculos para la recuperación del tráfico. Muchos buques continúan evitando el corredor principal por la presencia de minas y optan por rutas alternativas próximas a la costa de Omán, más complejas por la escasa profundidad de las aguas y la intensidad de las corrientes. Sin una operación de desminado plenamente desarrollada y reconocida internacionalmente, Olszyna-Marzys considera que el riesgo sigue siendo elevado. “Los mercados de seguros cuentan una historia similar: las primas de riesgo de guerra han caído desde alrededor del 5% del valor del buque hasta aproximadamente el 2%, pero siguen muy por encima del 0,25% que prevalecía antes del conflicto”, apunta.
Escenarios alternativos
La experiencia reciente aconseja prudencia a la hora de interpretar cada declaración o amenaza de Trump como un giro definitivo de los acontecimientos. Las firmas de análisis llevan meses elaborando escenarios alternativos para Oriente Próximo, conscientes de que cualquier alteración de los flujos energéticos puede trasladarse con rapidez a los mercados globales. En ING calculan que, si las negociaciones se encallan y las restricciones al suministro se prolongan hasta finales de julio, el barril de brent podría alcanzar los 110 dólares a corto plazo y cerrar el ejercicio cerca de los 100. “Estos precios más altos impulsarían nuevos esfuerzos para alcanzar un acuerdo que permita la reanudación de los flujos de petróleo a través del estrecho de Ormuz”, señalan.
El escenario más extremo contemplado por ING pasa por una escalada significativa del conflicto y una nueva interrupción del tráfico energético por el estrecho de Ormuz. En ese supuesto, el barril podría dispararse hasta los 160 dólares al cierre del tercer trimestre y mantenerse en el entorno de los 140 dólares a finales de año. Se trataría de niveles extraordinarios, ni siquiera contemplados por el mercado durante los momentos de mayor tensión de las últimas semanas. De materializarse, el petróleo regresaría a cotas inéditas desde 2008. A diferencia de entonces, cuando el encarecimiento del crudo respondía principalmente al vigor de la demanda mundial y al auge de las economías emergentes, con China como principal motor, el detonante sería ahora una perturbación severa de la oferta derivada de un conflicto geopolítico.
Las amenazas de las últimas horas han devuelto al mercado a la casilla de salida. La reciente caída del petróleo descansaba sobre dos premisas: la progresiva normalización de la navegación por Ormuz y el aumento de la producción de Emiratos Árabes Unidos tras abandonar la OPEP el pasado mayo. Hoy, ninguna de las dos parece plenamente garantizada.
Más allá de la evolución inmediata de las hostilidades, las últimas tensiones están reabriendo un debate de fondo: hasta qué punto la economía mundial puede seguir dependiendo de un paso tan vulnerable como el estrecho de Ormuz. Aunque ninguna de las partes parece interesada en una escalada prolongada, la comunidad internacional empieza a asumir que la dependencia de esta ruta constituye un riesgo estratégico difícil de ignorar. En paralelo, se aceleran los esfuerzos para reforzar alternativas capaces de reducir la exposición a un eventual bloqueo iraní. Una proporción creciente del petróleo de la región sale ya a través del oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí y de las infraestructuras de exportación de Fujairah, en Emiratos Árabes Unidos.
“Además, se está construyendo un segundo oleoducto que, una vez completado, podría permitir al país exportar prácticamente toda su producción actual de crudo sin depender de Ormuz”, señala Olszyna-Marzys. Si algo está dejando claro este último episodio es que la seguridad energética ya no depende únicamente de producir más petróleo, sino también de la capacidad para transportarlo al margen de los grandes focos de inestabilidad geopolítica. Para los productores del Golfo, la cuestión ya no es cuánto crudo pueden vender, sino cuánto están dispuestos a arriesgar para hacerlo pasar por Ormuz.