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El Nasdaq acusa la volatilidad en un mercado de valoraciones exigentes

El temor a los excesos de la IA provoca la segunda gran caída en tres sesiones y neutraliza el descenso del crudo hacia los 90 dólares

El presidente de EE UU, Donald Trump.Nathan Howard (REUTERS)

La incertidumbre geopolítica sigue presente, pero ha dejado de ser el principal motor del mercado. Tras más de tres meses y medio de guerra, y con las señales diplomáticas cada vez menos creíbles, el foco se desplaza ahora hacia otro frente también determinante: la tecnología. El hasta ahora gran sostén del rally de la Bolsa, con meses de subidas sin freno de las grandes cotizadas ligadas a la inteligencia artificial (sobre todo fabricantes de chips), afronta un serio test de solidez. Las primeras señales de fatiga empiezan a poner en duda tanto la fortaleza de los avances como la sostenibilidad de unas valoraciones que ya descuentan escenarios muy exigentes.

Después de registrar el viernes su peor sesión desde el anuncio de los aranceles en abril de 2025, el Nasdaq Composite sufría este martes nuevas ventas. Los descensos, que llegaron a superar el 3% a media sesión, se fueron moderando y, al cierre, se limitan al 1%. Con todo, la corrección no despeja las dudas: la volatilidad se consolida como una seña de identidad de un mercado que acumula revalorizaciones más propias de las fases finales del ciclo alcista que de un ciclo sostenible. Desde que el pasado 3 de junio el índice puso fin a su racha de máximos consecutivos, acumula caída cercana al %. Un ajuste todavía contenido, pero suficiente para que buena parte de los analistas empiece a interpretarlo como el primer síntoma de un posible punto de inflexión —o, en el mejor de los casos, una pausa necesaria— tras un rally de intensidad excepcional.

Las caídas de la última semana ponen de manifiesto la vulnerabilidad de un mercado excesivamente concentrado en un puñado de grandes nombres. El peso desproporcionado de estas compañías distorsiona el comportamiento de los índices: el S&P 500, que por momentos llegó a ceder más de un 2%, logra limitar los recortes a poco más del 0,3%. Pero se trata de una caída muy concentrada en un puñado de valores, como demuestra el índice Dow Jones, donde la ponderación de cada valor no depende de su capitalización.

Los fabricantes de chips, principales beneficiarios del auge de la inteligencia artificial, lideran las caídas. El índice de semiconductores de Filadelfia retrocede un 2% . Pese al ajuste —cercano al 10% en apenas cuatro sesiones—, el indicador aún acumula una revalorización superior al 70% en lo que va de año, su mejor registro desde 1999, en vísperas del estallido de la burbuja de las puntocom. La incógnita es si ese recorrido es sostenible o si, como entonces, el impulso acaba por agotarse y arrastra al conjunto del mercado.

“Por mucho que nos guste ver el liderazgo de la tecnología, sería positivo que este repunte se ampliara hacia otros sectores”, apunta Bret Kenwell, de eToro. Más allá del ajuste puntual, los inversores empiezan a cuestionar la sostenibilidad del rally ligado a la inteligencia artificial y, ante las primeras dudas, han empezado a reducir exposición en las cotizadas que más rápido han subido. Un repliegue que abre la puerta a una rotación hacia otros sectores.

“Todo el mercado necesitaba una corrección, se había recalentado demasiado”, indica Manish Kabra, jefe de estrategia de renta variable estadounidense en Société Générale, en declaraciones al Financial Times. En la misma línea, los analistas de Wells Fargo interpretan la reciente venta masiva de acciones tecnológicas como una “llamada de atención” sobre los riesgos de concentrar las ganancias en un número reducido de valores. En el mercado también hay quien apunta al reposicionamiento de los inversores ante la inminente salida a Bolsa de SpaceX, prevista para este viernes, y en la que la empresa aspira a captar hasta 85.000 millones de dólares, lo que puede forzar un reequilibrio de las carteras.

El temor a la corrección entre las tecnológicas pesa sobre el conjunto del mercado y limita el efecto del alivio energético. El barril de brent, el petróleo de referencia en Europa, se aleja de la barrera de los 100 dólares y cotiza en el entorno de 90, mínimos de abril, cuando Irán y EE UU pactaron un alto el fuego que, pese a los numerosos incumplimientos, continúa vigente. La reactivación de las dudas sobre la tecnología ha frustrado el rebote en Europa. El Ibex 35, que horas antes de la apertura llegó a avanzar cerca del 1%, concluyó la jornada con una caída del 0,3%. En la recta final pasó de recuperar los 18.400 puntos a deslizarse por debajo de los 18.200.

Sin perder de vista la evolución geopolítica ni el pulso de la tecnología, a partir del jueves la atención se desplazará hacia la política monetaria. Por ahora, el impacto de la guerra sobre la economía sigue siendo una incógnita, pero todo apunta a que las presiones inflacionistas han vuelto a cobrar fuerza. Lo que a comienzos de año se planteaba como un ejercicio de estabilidad en los tipos ha virado hacia un entorno de costes de financiación más elevados. La primera prueba de este cambio llegará el jueves con la reunión del BCE. El consenso del mercado anticipa una subida, en línea con lo señalado por su presidenta, Christine Lagarde, en la cita anterior. No obstante, los gestores descartan, por ahora, un endurecimiento agresivo como el vivido en 2022 tras el estallido de la guerra en Ucrania.

No esperamos que el BCE suba los tipos de forma agresiva, y consideramos poco probable que haya más de dos subidas”, señala Konstantin Veit, gestor de carteras en PIMCO. El experto advierte de que, si bien la economía de la zona euro mostraba un impulso modesto antes del conflicto en Oriente Próximo, desde entonces se ha producido un deterioro relevante de las perspectivas, debido principalmente al aumento de la incertidumbre y a unos precios de la energía más elevados, que están lastrando el consumo y la inversión. En un contexto en el que el crecimiento salarial no genera por ahora tensiones significativas y la economía envía señales de estancamiento, un endurecimiento excesivo de la política monetaria podría acabar resultando contraproducente.

Al otro lado del Atlántico, la atención la acaparará el dato de inflación. A pesar de que EE UU es un exportador neto de energía y, por tanto, menos dependiente de lo que ocurra en el golfo Pérsico, su economía no es inmune a las presiones inflacionistas. Antes del estallido del conflicto, la persistencia de los precios era el principal obstáculo para que la Reserva Federal avanzara en el ciclo de bajadas de tipos. Ahora, con la guerra en Oriente Próximo, el mercado empieza a cuestionar el calendario de recortes y no descarta nuevos repuntes en el precio del dinero. El dato de inflación será la antesala de la reunión de la próxima semana, la primera con Kevin Warsh al frente de la institución. Las previsiones apuntan a que en mayo las presiones inflacionistas han seguido aumentando y la tasa podría pasar del 3,8% al 4,2%, una mala noticia para quienes confiaban en que, con el relevo en la presidencia, las condiciones financieras se suavizaran.

Con la inflación de nuevo al alza y la política monetaria en el punto de mira, los mercados encaran las próximas semanas con un equilibrio cada vez más frágil entre la resiliencia del crecimiento y el riesgo de un endurecimiento financiero excesivo.

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