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Wall Street se prepara para la revolución de los diez magníficos

Los dueños de los índices S&P 500, Dow Jones y Nasdaq impulsan cambios en los criterios de acceso de nuevos valores ante el debut de OpenAI, SpaceX y Anthropic

Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, candidata a debutar en Bolsa. Kim Kyung-Hoon (REUTERS)

El año 2026 puede convertirse en el año de las grandes salidas a Bolsa si el conflicto en Oriente Próximo no dinamita la confianza de los inversores. La esperada llegada al parqué de compañías ligadas a la inteligencia artificial como SpaceX, OpenAI y Anthropic está despertando un gran interés entre inversores y gestores de activos y forzando a los proveedores de los grandes índices bursátiles mundiales a estudiar cambios en la composición de selectivos como el S&P 500, el Dow Jones o el Nasdaq 100 para facilitar su incorporación. Una pequeña revolución de carácter técnico que encierra un claro objetivo: atraer a estas grandes compañías a sus respectivos mercados y dar respuesta a la elevada expectación. Tras años de reinado de las siete magníficas —Nvidia, Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta y Tesla—, Wall Street se prepara para acoger nada menos que a diez magníficos.

S&P Dow Jones ha abierto esta semana una consulta pública para estudiar cambios en los criterios que utiliza para dar entrada a las empresas de gran capitalización que debutan en la Bolsa estadounidense. El gestor de algunos de los mayores índices mundiales, como el S&P 500 o el Dow Jones quiere conocer la opinión de los distintos agentes del mercado, gestores de fondos, supervisores e inversores sobre cómo encarar la llegada al parqué de nuevas compañías de gran capitalización, como van a ser SpaceX, OpenAI y Anthropic.

Según su valoración actual, estas empresas se colocarían directamente entre las grandes cotizadas de EE UU. “El tamaño, la importancia y la relevancia de las megacaps [empresas con un gran valor de mercado] para el mercado cotizado pueden justificar ciertas excepciones, con el fin de preservar la capacidad de los índices —y de los productos derivados de ellos— para medir adecuadamente el mercado invertible correspondiente", reconoce la firma en un comunicado.

Hasta ahora, el proveedor del S&P 500 exige que cualquier compañía cotice en Bolsa durante 12 meses antes de ser incluida en el índice y que haya registrado beneficios durante cuatro trimestres consecutivos. El cambio, de concretarse, se aplicaría desde junio y reduciría los meses mínimos como cotizada a seis y eliminaría el requisito de rentabilidad para estas empresas.

El proveedor de índices asegura que “las salidas a Bolsa de las megacaps tienen potencial para lograr de forma inmediata y significativa una amplia participación de inversores, elevada liquidez de negociación y relevancia de mercado; sin embargo, el cumplimiento estricto de las normas actuales de elegibilidad de los índices podría impedir su inclusión oportuna y afectar a la eficacia general del índice como referencia”.

La llegada al parqué de SpaceX, OpenAI y Anthropic implicará su irrupción directa entre las grandes cotizadas estadounidenses. Según datos de Morningstar, SpaceX podría alcanzar un peso en el mercado bursátil estadounidense del 4,45% y situarse entre Microsoft y Amazon. OpenAI alcanzaría un peso del 3,09% y Anthropic, del 2,57%, según el índice Morningstar PitchBook US Modern Market 100.

S&P Dow Jones sigue los pasos dados anteriormente por otros proveedores de índices como Nasdaq y FTSE Russell, que ya han modificado las normas que rigen la composición de selectivos como el Nasdaq 100 o el Russell 2000 para dar entrada a las empresas de gran capitalización. Nasdaq permite desde este mes que cualquier empresa de gran tamaño logre una incorporación rápida a alguno de sus grandes índices si cuenta con una capitalización de más de 100.000 millones de dólares —o si por valoración se coloca entre las 40 primeras del Nasdaq 100—. Eso sí, no ejecutará la inclusión del valor hasta 15 días después de la OPV, con el fin de evitar la volatilidad de las primeras sesiones.

La carrera de los grandes proveedores de índices tiene múltiples justificaciones. En primer lugar, el papel de la gestión pasiva en EE UU. Los fondos de inversión y fondos cotizados (ETF) que replican al milímetro la composición de índices bursátiles o de deuda suponen el 53% del total de la industria de gestión de activos, según estadísticas de Investment Company Institute. Si cualquiera de estas grandes empresas tarda en entrar en cualquiera de los grandes índices, quedaría fuera del radar de todos los inversores pasivos y de grandes vehículos de inversión. Por ejemplo, los tres mayores ETF ligados al S&P 500 gestionan activos por más de tres billones de dólares.

Llegado el momento adecuado, las tres candidatas a debutar en Bolsa —Anthropic, OpenAI y SpaceX— deberán comunicar al mercado los detalles sobre su colocación. En ese momento se activará la cuenta atrás y cada una de las empresas informará sobre qué porcentaje de su capital planea sacar al mercado (free float, en la jerga), dará una posible horquilla de precios y anunciará en qué mercado van a negociarse sus títulos. En EE UU las empresas deben elegir si salen a cotizar en el New York Stock Exchange (NYSE) o en el Nasdaq Global Select Market. En función del mercado elegido, se enfocarán en ser listadas en uno u otro índice, aunque una vez cotizadas pueden formar parte de distintos selectivos. Nvidia, por ejemplo, forma parte del S&P 500, del Dow Jones, del Nasdaq 100, del Russell 1000 y del Russell 3000.

En el caso de Tesla, la empresa salió a Bolsa en 2010 pero no fue hasta diciembre de 2020 cuando logró entrar en el S&P 500 tras cumplir con el requisito de rentabilidad sostenida. Otras empresas, como Walmart, cambian de mercado de cotización. El gigante de la distribución decidió el pasado mes de noviembre abandonar el NYSE y cotizar en el Nasdaq Global Select Market, en un movimiento con el que buscaba una mayor vinculación con el sector tecnológico.

La expectación entre los inversores ante la llegada de este trío de empresas al parqué es alta. Más aún por su interconexión con la inteligencia artificial, convertida en uno de los motores de las Bolsas desde hace meses, aunque las dudas sobre su capacidad para generar beneficios sigan sin clarificarse.

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