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La guerra en Oriente Próximo rescata el papel de refugio del dólar

La divisa estadounidense detiene la sangría de los últimos 12 meses y avanza un 1,7% en dos sesiones

Billetes de dólar.reuters

La guerra en Oriente Próximo ha alterado el pulso de los mercados. Las Bolsas —especialmente las europeas— hacen una pausa; la energía se dispara, la deuda se tensiona y el dólar recupera terreno tras meses de debilidad. El mercado de divisas refleja con claridad este brusco cambio de ánimo y el gran beneficiado es, al contrario de lo experimentado en el último año, el dólar estadounidense.

La moneda estadounidense viene de un 2025 marcado por presiones sobre la independencia de la Reserva Federal, la guerra comercial y los crecientes desequilibrios fiscales, que habían erosionado su estatus de activo refugio. Después de casi 12 meses de caídas continuas —con pérdidas superiores al 15%—, el dólar se ha revalorizado un 1,7% frente al euro en apenas dos sesiones. El cruce ha llegado a rozar los 1,15 dólares por euro durante la jornada. Desde los máximos del euro en torno a 1,20 dólares registrados el pasado enero —en plena escalada verbal del presidente estadounidense, que llegó a amenazar con la anexión de Groenlandia—, el rebote del dólar alcanza el 3,3%. El índice dólar, que mide su fortaleza frente a una cesta de seis divisas internacionales, avanza un 1,5% en marzo y borra las pérdidas acumuladas en el año. ¿Es este rebote el inicio de un cambio de tendencia o solo un paréntesis en su debilidad reciente?

“El dólar ha tenido un inicio de semana muy positivo”, señala Chris Turner, director global de mercados de ING. A diferencia de episodios recientes de tensión —como el del pasado mes de abril, cuando la Casa Blanca anunció nuevos aranceles—, el consenso del mercado reconoce que la divisa estadounidense responde con mayor eficacia como refugio cuando el riesgo geopolítico impulsa al alza los precios del crudo. “El aumento de las tensiones entre EE UU e Irán ha neutralizado la mayoría de los factores que venían pesando sobre el mercado y ha dado soporte al dólar”, añade Turner.

Más allá de que el mercado vea posible un periodo prolongado de tipos elevados, ahora que los temores de inflación han regresado, una de las razones que respalda la recuperación del dólar es que sus principales alternativas como refugio —el euro y el yen— dependen en mayor medida de las importaciones de energía y, por ello, pierden atractivo cuando los precios del crudo se disparan. Lee Hardman, analista de divisas en MUFG, recuerda que un escenario similar se vivió en 2022 con el inicio de la guerra en Ucrania. “El índice dólar se fortaleció un 20% entre febrero y septiembre de aquel año, mientras el petróleo repuntó cerca de un 80% y el gas natural subió un 330%”, apunta.

A diferencia de EE UU, que desde 2019 es un exportador neto, las economías europea y japonesa importan casi todos los hidrocarburos que consumen, tanto gas natural como, sobre todo, petróleo. Son, por tanto, más sensibles a las subidas de precios: deben competir en el mercado por estos suministros, lo que afecta a la economía y a la capacidad de consumo de los hogares. Algo que también ocurre en Estados Unidos, solo que este país también multiplica los ingresos por el petróleo que vende.

“Los altos precios de la energía están aumentando las facturas de importación y deteriorando los tipos de cambio”, señalan los analistas de Generali AM. Cuanto más se prolongue el conflicto, mayor será el riesgo de desabastecimiento. Esto puede traducirse en un aumento de la inflación, un deterioro de las economías y la presión sobre los bancos centrales para elevar las tasas, como ocurrió en 2022. La única nota positiva para la eurozona, según los analistas de Generali AM, es que esta vez el BCE cuenta con más margen de maniobra. La inflación cerró febrero en el 1,9%, una décima por debajo del tan citado objetivo del 2%.

Si bien la estabilidad de los precios es mucho más evidente en la eurozona, la guerra en Oriente Próximo llega en un momento en que la economía europea empezaba a mostrar signos de recuperación. El crecimiento real del PIB se situó en el 1,5% en 2025, y la actividad manufacturera también avanzó, con un PMI de 51,9 puntos en febrero, su tercer mes consecutivo al alza.

Un conflicto de este tipo, además de generar presiones sobre los precios, amenaza con afectar al consumo y a la inversión. En el mejor de los escenarios —si las tensiones se prolongan solo cuatro o cinco semanas, como espera el consenso— las repercusiones económicas serían limitadas. Según cálculos de Generali, el crecimiento de la zona euro se reduciría solo un 0,3%, hasta el 1,1% desde el 1,4% previsto.

Por el contrario, si el conflicto se enquista y la interrupción de los suministros se prolonga durante dos trimestres, el crudo podría subir hasta los 120 dólares, el crecimiento disminuiría alrededor de un 0,8% y la inflación se elevaría en 1,5%. En ese caso, se confirmaría el temido escenario de estanflación, con precios al alza y crecimiento debilitado. En los últimos meses, una de las razones que ha apoyado la fortaleza del euro ha sido la mayor visibilidad sobre los tipos de interés y las expectativas de crecimiento, impulsadas en parte por el plan de expansión fiscal de Alemania.

El consenso de los analistas espera que las tensiones vayan bajando de intensidad conforme avancen las jornadas. Los expertos de ING señalan que la duración del shock energético determinará si el euro baja a la horquilla de los 1,1-1,12 dólares (niveles de mayo pasado) o logra aguantar el tipo en los 1,15. “Nuestro escenario base es este último, en el que prevemos que la intensidad operativa disminuya durante la próxima semana y que el Estrecho de Ormuz se reabra lentamente”, destacan. Una visión similar comparten los analistas de MUFG. Aunque han recortado su previsión para el cruce euro/dólar, esperan que la divisa europea se estabilice en torno a los 1,15 dólares.

Mientras se aclara la evolución del conflicto, el ruido geopolítico está siendo aprovechado por los inversores para acelerar el cierre de posiciones cortas frente al dólar, reforzando su impulso alcista. “El último informe monetario mensual muestra que los fondos apalancados han aumentado posiciones cortas en dólares desde comienzos de año, hasta su nivel más alto desde marzo de 2022. Ahora se están deshaciendo, fortaleciendo al billete verde”, remarcan los analistas de MUFG.

Con el crudo al alza, la tensión global y los tipos de interés elevados, el dólar borra las pérdidas acumuladas en el año y recupera protagonismo. “Aunque su peso en las reservas mundiales haya disminuido, la demanda de dólares seguirá respaldada. Resulta difícil creer que el billete verde vaya a colapsar”, afirma Patrick Artus, asesor económico senior en Ossiam AM, filial de Natixis IM. Más allá de la volatilidad puntual, este episodio recuerda que, en contextos de riesgo geopolítico y encarecimiento energético, el dólar mantiene su ventaja estructural y sigue siendo la principal moneda de refugio en el sistema financiero internacional.

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