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La necesidad de una educación financiera para proteger el dinero

Las competencias en finanzas son esenciales para preparar a los ciudadanos ante un entorno económico cada vez más complejo y digitalizado 

La educación financiera se ha convertido en una competencia esencial para la vida cotidiana. En un contexto marcado por la digitalización, la aparición constante de nuevos productos financieros y la sobreabundancia de información que no siempre es fiable, expertos e instituciones públicas coinciden en la necesidad de avanzar hacia un modelo de formación financiera que acompañe a los ciudadanos durante todas las etapas de su vida. Esta fue una de las principales conclusiones del encuentro celebrado en el marco de Foro Futuro, el Observatorio de Tendencias Económicas impulsado por el Banco Santander y CincoDías, donde representantes del sector público y privado analizaron las brechas existentes, los retos pendientes y la oportunidad que supone un pacto nacional por la educación financiera.

“La formación financiera es fundamental para la salud económica personal, pero también para la salud económica de nuestra sociedad y para la salud democrática, porque los ciudadanos con más cultura financiera son menos manipulables y es importante distinguir entre lo que es cierto y los mensajes engañosos”, valoró Alejandra Kindelán, presidenta de la Asociación Española de Banca (AEB).

La gestión del ahorro forma parte de decisiones tan habituales como contratar una hipoteca, elegir un seguro, ahorrar para la jubilación o invertir por primera vez. Sin embargo, el nivel de conocimientos financieros no siempre avanza al mismo ritmo que la complejidad del sistema económico. Esta distancia entre la realidad financiera y la capacidad de los ciudadanos para comprenderla está en el origen de muchas de las vulnerabilidades a las que se enfrentan los hogares para proteger y mejorar su relación con el dinero.

La educación financiera es un trabajo de fondo que requiere constancia, adaptación a cada colectivo y colaboración entre el sector público, el privado y las familias
Paloma Marín, vicepresidenta de la CNMV

“Es una cuestión clave. Ha habido avances y progresos significativos, pero la educación financiera debe ser una labor constante que perdure en el tiempo y permita medir el impacto. También tiene que estar adaptada a la realidad económica de cada colectivo y la situación que vivimos en cada momento. La incorporación de nuevos productos obliga a actualizar los contenidos y los conocimientos”, subrayó Paloma Marín, vicepresidenta de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

Igualmente, la brecha entre lo que los ciudadanos creen saber y lo que realmente conocen es un reto constante. Marta Aisa, directora general de sostenibilidad del Banco Santander, aportó datos que evidencian esta discrepancia: “La formación en finanzas debe integrarse en todas las etapas de la vida, ya que las necesidades y competencias cambian y requieren aprendizaje continuo y práctico. Más del 50% de los ciudadanos españoles cree tener buenos conocimientos financieros, pero solo uno de cada cuatro responde correctamente a preguntas básicas de finanzas”. Esta diferencia refleja una falsa confianza que puede derivar en decisiones de riesgo o en la incapacidad de aprovechar oportunidades de inversión y ahorro.

Brecha digital

Uno de los desafíos más señalados durante el encuentro es el impacto de la digitalización en la educación financiera, especialmente entre los jóvenes. “La realidad que tienen los jóvenes es la exposición a las redes sociales con un desbordamiento de información que les llega por tantas fuentes, con canales y formas atractivas e influencers que prometen ganancias extraordinarias en tiempo récord y con poca inversión. Tenemos que fomentar el espíritu de análisis crítico y que traten de buscar fuentes fiables y no se dejen llevar por los impulsos y el miedo a perderse algo a la hora de tomar decisiones”, explicó Marín.

Kindelán añadió que la educación financiera debe adaptarse al ritmo vertiginoso del mundo digital: “Es importante que los ciudadanos desarrollen capacidades que les permitan diferenciar lo real de lo digital y los canales rigurosos de los que no lo son. La falsa confianza que se genera por la información superficial puede llevar a situaciones de riesgo”. La presidenta de la AEB destacó que estas habilidades no solo son útiles para gestionar el dinero, sino que también fortalecen la autonomía y el pensamiento crítico frente a mensajes engañosos o fraudes.

Es fundamental para la salud económica de nuestra sociedad y para la salud democrática, porque los ciudadanos con más cultura financiera son menos manipulables
Alejandra Kindelán, presidenta de la AEB

Durante el encuentro, se puso de relieve la necesidad de incorporar la educación financiera desde edades tempranas y mantenerla a lo largo de la vida. La formación temprana permite que los estudiantes, independientemente de la carrera o trayectoria que elijan, adquieran competencias que luego podrán aplicar en la vida laboral y personal.

Porque la educación financiera no se limita a un conjunto de conocimientos teóricos. La aplicación práctica es esencial para que los ciudadanos puedan tomar decisiones informadas y seguras. Marín insistió en que “la educación financiera es un trabajo de fondo que requiere constancia, adaptación a cada colectivo y colaboración entre el sector público, el privado y las familias para demostrar que los conocimientos que se empiezan a adquirir en una edad temprana son útiles y prácticos”.

El desarrollo de competencias financieras abarca desde la planificación de un presupuesto y la gestión del ahorro hasta la comprensión de conceptos como inflación, tipos de interés o rentabilidad de la inversión. Además, las habilidades digitales y el pensamiento crítico permiten a la ciudadanía operar de forma segura en un entorno financiero cada vez más complejo. Aisa agregó que “hay un reconocimiento claro de que es una responsabilidad compartida. Gobierno, colegios, padres, empresas, todos los que participamos en la economía tenemos un papel que cumplir”.

El objetivo es crear un aprendizaje financiero que evolucione con la vida de cada persona. La educación financiera debe adaptarse a las diferentes etapas vitales y a la diversidad de necesidades: estudiantes, jóvenes profesionales, familias y personas mayores requieren contenidos distintos y actualizados que les permitan gestionar su dinero de manera segura y eficiente.

Oportunidad de país

La cooperación entre el sector público y el privado es un factor determinante para lograr programas de educación financiera efectivos. Marín resaltó que “hay mucho que hacer para adaptarse en un mundo como el financiero que cambia a velocidad extraordinaria, y la cooperación público-privada es clave. Es necesario impulsar la cultura financiera a todos los niveles”.

Más allá de la formación, la educación financiera representa también una oportunidad económica. La inclusión de pequeños ahorradores en el mercado de capitales contribuye al crecimiento económico y al fortalecimiento del tejido empresarial. Marín afirmó que “hay actualmente un consenso en la UE para promover que el pequeño ahorrador participe de manera informada en el mercado de capitales, asumiendo y controlando los riesgos para obtener un rendimiento en sus ahorros que además permita al tejido empresarial europeo acceder a una mayor diversidad de financiación. Esto puede tener un impacto muy positivo en el crecimiento económico y en la creación de empleo, es un círculo virtuoso”.

La educación financiera no solo protege los ahorros de la gente, sino que también potencia la economía del país y contribuye a generar un entorno más estable, inclusivo y sostenible. La formación constante, la adaptación a las necesidades de cada colectivo y la colaboración entre todos los actores implicados son los pilares para consolidar un modelo de educación financiera eficaz y transversal, capaz de acompañar a los ciudadanos a lo largo de toda su vida.

Herramienta contra la exclusión

La educación financiera se perfila como una herramienta decisiva para reducir riesgos de exclusión. El acceso a una cuenta bancaria, a un crédito o a un medio de pago digital no garantiza, por sí solo, una verdadera inclusión financiera. Para personas en situación de vulnerabilidad, comprender cómo funcionan los productos financieros y tomar decisiones informadas es el verdadero desafío. Durante el Foro Futuro, las expertas subrayaron que garantizar el acceso de todos los ciudadanos, especialmente de los colectivos más vulnerables, a conocimientos financieros es esencial para protegerlos de situaciones de riesgo y permitirles tomar mejores decisiones.

“La educación financiera no puede ser homogénea, tiene que adaptarse a las circunstancias y necesidades de cada persona. Es necesario adaptar las competencias a la realidad de los colectivos vulnerables para que tomen decisiones autónomas. Hay que prestar esa educación financiera hecha a medida del colectivo y las circunstancias”, explicó Paloma Marín, vicepresidenta de la CNMV.

La formación en finanzas debe integrarse en todas las etapas de la vida, ya que las necesidades y competencias cambian y requieren aprendizaje continuo y práctico”
Marta Aisa, directora de sostenibilidad del Banco Santander

Mayores, personas con discapacidad o jóvenes que se incorporan al mundo laboral tienen necesidades diferentes. Por ello, la clave no es solo enseñar conceptos financieros, sino hacerlo en formatos accesibles y prácticos que permitan a cada individuo aplicar lo aprendido a su vida diaria. “Cuando uno no sabe lo que no sabe, no pide ayuda. La educación financiera en estos colectivos permite que tomen decisiones más seguras, comprendan riesgos y aprovechen oportunidades, evitando exclusión o sobreendeudamiento”, explicó Marta Aisa, directora general de sostenibilidad del Banco Santander.

Cursos digitales adaptados, talleres presenciales y juegos son algunas de las estrategias utilizadas para hacer la educación financiera atractiva y comprensible. Además, se subrayó la importancia de los canales seguros, guías, plataformas institucionales y programas de formación certificados que evitan que las personas vulnerables recurran a fuentes no confiables, que podrían exponerlas a fraudes.

Alejandra Kindelán, presidenta de la AEB, destacó que “la educación financiera es una cuestión de salud y justicia social. La falta de formación aumenta la vulnerabilidad. Debemos asegurar que los colectivos más frágiles puedan acceder a información fiable y a formación que les permita gestionar sus finanzas con seguridad”.

Línea de defensa contra el fraude

El crecimiento del fraude financiero es una de las amenazas más visibles en el entorno digital, donde los delincuentes se aprovechan de la falta de conocimientos. Frente a esta situación, la educación financiera se convierte en la primera línea de defensa. “Hemos impulsado un plan de actuación contra el fraude financiero relacionado con formación, con cómo prevenirlo y, en caso de ser víctima, cómo actuar”, destacó Paloma Marín. Enseñar a los ciudadanos a reconocer productos y canales seguros, distinguir información veraz y desarrollar hábitos de alerta permite reducir riesgos y evitar caer en estafas. “Tener alertas a la hora de recibir mensajes o llamadas de entidades no certificadas ha sido un éxito como forma de ayudar a la sociedad a ubicarse en donde está la información seria”, subrayó Alejandra Kindelán. Por su parte, Marta Aisa recordó que, sin formación adecuada, la vulnerabilidad aumenta: “Tenemos que aseguramos de que las personas conocen, comprenden, comparan y toman decisiones informadas”, finalizó.

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