Abogados de ficción: en qué se parecen (y en qué no) las series españolas a la vida real en un bufete
Las producciones del momento siguen los pasos de letradas brillantes en plena crisis. Los clichés y tópicos estadounidenses se cuelan en los juicios

Las tramas de suspense judicial y de abogados que se enfrentan a casos que parecen imposibles de ganar proliferan tanto en la gran pantalla como en plataformas digitales. Los clásicos del cine, como Testigo de cargo (1957) o Algunos hombres buenos (1992), inspiran hoy series y películas en las que guiones con giros inesperados y un pensado trasfondo social conectan con el público de todas las edades. Siguiendo la estela de aquellos icónicos abogados –quién no recuerda a Atticus Finch en Matar a un ruiseñor (1962)–, las series españolas del momento tienen un denominador común: ahora son ellas las que visten la toga.
En Ana Tramel. El juego (RTVE, 2021), una brillante letrada penalista en declive vuelve a la acción cuando su hermano, adicto al juego, es acusado de asesinar al director de un casino. En Perdiendo el juicio (Atresmedia, 2025), una prestigiosa abogada, Amanda Torres, echa a perder su carrera cuando sufre un brote de trastorno obsesivo compulsivo (TOC) en mitad de un juicio decisivo. Rechazada por las grandes firmas, empieza a trabajar en un pequeño y caótico bufete. Pero, más allá del puro entretenimiento, ¿reflejan con realismo la profesión?
Salud mental
Estas series exploran el perfil más humano del abogado con estrés crónico, problemas sociales y adicciones. La protagonista de Ana Tramel (interpretada por Maribel Verdú) intenta superar sus heridas familiares con tranquilizantes y alcohol mientras defiende a su hermano ludópata. En Perdiendo el juicio, Amanda Torres (Elena Rivera) sufre un colapso en el juzgado por acumulación de estrés y la responsabilidad de llevar el caso más importante del bufete. El desencadenante: la jueza no para de golpear la mesa con su mazo y Amanda se abalanza sobre ella. Las consecuencias: pierde el caso, el bebé que esperaba, su matrimonio y su posición.
La salud mental, la depresión y la ansiedad causadas a veces por problemas económicos, es el elefante en la habitación en la abogacía, reconoce el abogado penalista Alejandro Ruiz de Pedro. Según cuenta, no se habla suficientemente de la situación de precariedad en el turno de oficio.

Estereotipos
Los personajes de una ficción tienden a estar estereotipados. En estas series, señala Ruiz de Pedro, los abogados de a pie se codean con socios trajeados, pero en los juicios “se ven más perfiles sin corbata que tiburones. Estos suelen encargarse de las transacciones del despacho”. Además, los letrados en la vida real van “cargados con carpetas, mochilas al hombro, maletines llenos de expedientes y casi siempre están corriendo o esperando a entrar en la sala”. Y añade: “No nos ponemos tanto la toga, ni nosotros, ni los jueces”.
José Luis Luceño, profesor del área jurídica de Loyola Másteres y experto en series y derecho, echa en falta “la dimensión colectiva de la abogacía” en Ana Tramel. La cruzada solitaria de la protagonista contra una turbia corporación de la industria del juego no es verosímil. “En asuntos de esa complejidad, lo habitual es trabajar en equipo, con profesionales de distintas especialidades bien coordinados”, cuenta. Por el contrario, el especialista considera que lo más logrado en esta serie “es que refleja que un litigio se gana, sobre todo, en el trabajo previo y la preparación de la estrategia procesal, alejándose del tópico de que todo depende del momento del juicio”.
Juicios ‘a la americana’
Y es que el ritmo de las ficciones choca inevitablemente con los tiempos de un proceso. “Hay que soltar una gran carcajada al ver cómo, casi en el mismo día, se comenten los crímenes y se celebran las vistas. Tenemos una justicia colapsada; nada de dos o tres días… dos o tres años”, recalca Ruiz de Pedro.
En la sala de vistas de las series se cuelan clichés y tópicos estadounidenses: “La imagen de la policía está muy estereotipada, las fuerzas de seguridad son más de usar la cabeza y la tecnología que el arma”, dice el abogado. Por otro lado, los jueces españoles no enarbolan un mazo, aunque resulta efectista y sea clave en Perdiendo el juicio. “El derecho procesal español es muy garantista. No hay interrogatorios estrella, ni pruebas de última hora, ni juzga el juez que instruye, y mucho menos en el acto”, resume Ruiz de Pedro, quien llama a este efecto “código rojo”. El abogado reflexiona sobre la escinificación de los juicios: “en general, las series se olvidan que en la sala también hay letrados de la Administración de Justicia, oficiales y otros funcionarios y, por el contrario, muy poca seguridad”. “Además, nunca viene tanta gente a las vistas, salvo casos muy mediáticos”, añade.
Las series americanas han calado hasta tal punto en la cultura popular que el abogado comenta que no hace tanto un compañero le gritó: “¡Protesto!”, ante una pregunta de interrogatorio. “No se habla con los jueces, y menos a puerta cerrada, y solo una de las partes; Tampoco recibimos las sentencias en sala, a viva voz, con el cliente delante, sino en el móvil o el ordenador, y en el despacho”, aterriza el letrado.
Acuerdos
En Perdiendo el juicio, Amanda Torres defiende a su hermana de asesinato. La acusación la ejerce su exmarido y su nueva novia, socios de su antiguo bufete. Todas las pruebas están en contra y todos en el despacho le aconsejan negociar. Una situación a la que se enfrentan normalmente los letrados. “En la vida real el juez invita a las partes y al fiscal a llegar a acuerdos. Es de buen abogado saber negociar para beneficiar a tu cliente”, defiende Ruiz de Pedro. Puede que los abogados se marquen algún farol, admite, pero “las cartas nunca se descubren por teléfono, se sacan en el juicio”. Tampoco “se habla ni se presiona a la otra parte como en estas series: es una línea roja”. Sobre todo, porque quien está al otro lado “es compañero y, muchas veces, amigo”, subraya. “Tenemos uno de los mejores oficios del mundo; es un trabajo apasionante, lleno de estudio, negociaciones, oratoria y togas”, afirma orgulloso.