¿Fichar abogadas? Sí. ¿Ascenderlas? No tanto: el sector legal se resiste al poder femenino
Una estructura donde ellas redactan documentos y ellos los firman perdura en el ámbito jurídico; las mujeres son mayoría en bufetes y facultades

La estructura de un despacho de abogados puede asimilarse a una pirámide. En la cúspide se concentran las decisiones estratégicas, la firma de los documentos clave y, en definitiva, los sillones donde unos pocos manejan o gestionan las firmas. En la base, en cambio, se concentra el grueso del trabajo: redactar escritos, captar clientes y, en síntesis, sostener el día a día del negocio. Pues bien, año tras año un patrón se repite: en España las mujeres son mayoría en ese primer escalón –alrededor del 60% de la plantilla–, pero al mirar hacia arriba el esquema cambia, y son los hombres los que ocupan cerca del 70% de los puestos de responsabilidad.
No es que el sector legal rechace a las mujeres. Más bien al contrario. En el mundo, las juristas representan la mitad del gremio (el 48%), pero solo el 37% ocupa un puesto de poder. Si se mira más allá, al ámbito educativo, la fuerza estudiantil también es femenina. En las facultades de Derecho españolas ellas son el 62,5% del alumnado. En las nuevas hornadas de fichajes, ya sea como becarias o como asociadas júnior, la cuota femenina supera con holgura a la masculina. Y la tendencia se repite en la carrera judicial. En la última promoción de jueces ellas ganaron por goleada: de las 121 plazas disponibles, 85 (el 70%) fueron para mujeres.
Pero este poderío femenino, tan visible en la base y en los concursos públicos a ciegas, se convierte en un espejismo según se avanza en la jerarquía de poder. El horizonte no es precisamente alentador. Según el Informe mundial sobre la brecha de género 2026 del Foro Económico Mundial, al ritmo actual de progreso, harán falta 123 años para alcanzar la plena paridad global. Es decir, que la igualdad en la abogacía no llegaría hasta 2149, dentro de unas cinco generaciones.
Un mapa desigual
La ausencia de mujeres en puestos directivos trasciende las fronteras españolas. La fotografía se repite en prácticamente todos los mercados legales del mundo. En 2021, la International Bar Association (IBA, la mayor asociación de abogados a nivel global) puso en marcha un ambicioso proyecto para estudiar, país por país, el avance del liderazgo femenino en los 200 mejores despachos de abogados. Desde entonces ha analizado 13 territorios y las conclusiones son claras: de media, solo el 30% de las abogadas llega a ocupar un alto cargo en un bufete. En España, la proporción de mujeres en el poder es similar al promedio global. Los datos de Australia, último territorio analizado, son más positivos: el 45% ocupa un sillón directivo.
El estudio global también dibuja un mapa desigual dentro del propio ecosistema jurídico. En las asesorías jurídicas de empresa, –donde trabajan los abogados in house–, las mujeres tienen más opciones reales de llegar a la cima, una media del 46% ocupa puestos directivos. En el sector público el ascenso también es más accesible, con un promedio del 41% de presencia femenina en los niveles de decisión. La brecha, sin embargo, se aprecia un poco más en la judicatura, donde ellas representan solo el 38%.
¿Por qué persiste esta infrarrepresentación femenina? Los expertos coinciden en que hay un problema de sesgos sexistas, a lo que se suma un modelo de trabajo que no evoluciona al ritmo de la sociedad. “Históricamente, los grandes despachos de abogados han recompensado a quienes no requieren interrupciones en su carrera profesional”, apunta Sara Carnegie, directora de proyectos legales de la IBA. “Exigen una gran dedicación de tiempo en términos de horas facturables y visibilidad, lo que puede crear barreras para las mujeres”, afirma.
Este modelo –basado en la disponibilidad constante y en la acumulación de horas– se ha consolidado como uno de los motores de la fuga de talento femenino en los bufetes. Según un sondeo realizado por la IBA, que recabó 5.000 respuestas de mujeres en 100 países, Carnegie identificó tres razones principales de esta huida: “La insatisfacción con la cultura laboral, la búsqueda de un mejor apoyo para su salud mental o física y la experiencia de prejuicios o discriminación en su puesto actual”.
Lo llamativo, subraya Louise Ashley, investigadora de la Universidad Queen Mary de Londres, es que no se trata de un diagnóstico nuevo. “Eran problemas de hace 20 años”, apunta la experta. “A pesar de los valientes esfuerzos de los defensores y líderes de la diversidad y la inclusión, siguen siendo un problema hoy en día”, añade. A su juicio, hay dos factores que continúan marcando la diferencia a la hora de prosperar en este entorno: “El compromiso y la disponibilidad”.
Una mirada generacional
Pese a que las mujeres llevan décadas librando una batalla silenciosa por hacerse hueco en el mundo legal, las juristas empiezan a ver el fruto de ese esfuerzo. El modelo clásico del hombre en el poder, sólido durante generaciones, muestra ya sus primeras grietas. “He tenido el enorme privilegio de trabajar junto a mujeres extraordinarias en posiciones de máxima responsabilidad que me inspiran a no ponerme freno y a aspirar alto”, señala Celia Herrero, coordinadora de Abogacía Joven en el Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM). “Ese es el espejo en el que hoy se miran las nuevas promociones”, apuntala.
“Hoy en día las facultades de Derecho y las nuevas promociones de abogados, funcionarios y opositores están llenas de talento femenino brillante”, cuenta. Herrero no duda de que ese caudal acabará por llegar a la cúspide de los bufetes. “Estoy convencida de que veremos cómo ese talento joven fluye de manera natural y orgánica hacia las cúpulas directivas”, confía.
Su visión sobre los sesgos sexistas también refleja un cambio de época. “No me he encontrado con este tipo de sesgos limitantes en mi carrera”, asegura. Pero no por casualidad: para Herrero, la clave está en una buena estructura interna. “Cuanto más objetivos y transparentes sean los criterios de evaluación y promoción, menos espacio queda para los sesgos”, asevera. Un modus operandi que va calando en el sector legal. Las nuevas generaciones no están dispuestas aceptar barreras. “Venimos con un chip diferente con el que queremos creer en el mérito, la ética y la capacidad, por lo que es trabajo de todos llegar a estos estándares”, defiende.