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En colaboración conLa Ley
Propiedad industrial
Tribuna

‘Zootrópolis 2′ y el valor estratégico de la propiedad industrial

A veces, las lecciones más valiosas de estrategia empresarial surgen en los lugares que menos esperamos

Judy Hopps y Nick Wilde (voice of Jason Bateman), junto a su nuevo compañero, la serpiente Gary De’Snake, en 'Zootrópolis 2'.

Como agente de la propiedad industrial me encontraba recientemente en una sala de cine con mis hijos, esperando una tarde de entretenimiento. Sin embargo, la sorpresa fue mayúscula al descubrir que la trama de Zootrópolis 2 no es solo una aventura policial, sino un interesante caso de estudio sobre un activo crucial: la patente original.

Lo que a ojos de un niño solo es una emocionante aventura de animales antropomórficos, para un profesional de la propiedad industrial (PI) es un maravilloso ejemplo sobre la fragilidad de la innovación cuando no se blinda adecuadamente.

La película introduce una tecnología disruptiva: los muros climáticos, unas infraestructuras que permiten la coexistencia de distintos ecosistemas en un mismo espacio geográfico. Es el motor que hace viable el modelo de sociedad de Zootrópolis. No obstante, el conflicto central nace de una injusticia histórica: el ocultamiento del origen de esta tecnología mediante el robo de los derechos de propiedad industrial. Este giro de guion es un fiel reflejo de lo que ocurre en el tejido empresarial global.

En el mundo de los negocios, la innovación es el motor, pero la propiedad industrial es el blindaje.

Una de las lecciones más potentes es que la autoría por sí sola no otorga ningún derecho de exclusiva. En la ficción, el robo del documento de patente no solo privó al creador del reconocimiento, sino que transfirió el control total de su obra a manos ajenas.

En la realidad empresarial, no registrar una innovación es, de facto, subvencionar el mercado de terceros con tu propio esfuerzo y capital. Si una compañía desarrolla una tecnología que cambia las reglas del juego, pero obvia la protección oficial a través de una patente, pierde automáticamente la facultad legal de excluir a sus competidores.

El sistema de propiedad industrial recompensa al que registra y cumple con los requisitos legales; sin ese título de propiedad, cualquier “gran idea”, por muy revolucionaria que sea, pertenece legalmente al dominio público. Esto significa que cualquier competidor con mayor capacidad de fabricación o pulmón financiero puede canibalizar tu mercado utilizando, para más inri, tu propio invento.

La trama nos recuerda que una patente no es un mero trámite administrativo, sino un importante activo financiero. Mientras el mercado tiende a sobrevalorar lo tangible (inmuebles o maquinaria), el caso de los muros climáticos demuestra que quien posee la patente, posee el control estratégico.

Una patente bien gestionada actúa como: barrera de entrada, que evita que la competencia erosione la cuota de mercado; moneda de cambio, es un activo capaz de ser licenciado, vendido o utilizado como garantía para financiación y seguro de inversión, que protege el capital invertido en I+D durante años.

El clímax de la película llega cuando el documento oficial de patente se revela como la única herramienta capaz de restaurar la justicia en Zootrópolis. A menudo, los solicitantes de patentes perciben el proceso de concesión como un lento trámite burocrático. Sin embargo, ese título es la seguridad jurídica ante terceros.

En una mesa de negociación, en una ronda de inversión o ante tribunales de justicia, las promesas verbales o el argumento de “quién tuvo la idea primero” carecen de peso legal. Lo que impera y define el éxito de una acción legal es el alcance de las reivindicaciones aceptadas por la oficina de patentes correspondiente y vigentes en el título de concesión. Las reivindicaciones delimitan el perímetro de tu “propiedad”, y si ese perímetro no ha sido diseñado con precisión por profesionales, la protección puede ser ilusoria. En ese momento crítico, el asesoramiento técnico y legal previo puede marcar la diferencia entre el éxito empresarial o la pérdida definitiva del activo.

Zootrópolis 2 ha resultado ser una herramienta pedagógica magnífica e inesperada. Nos enseña que la propiedad industrial no es un concepto abstracto o un tecnicismo reservado a los departamentos legales, sino el corazón estratégico de cualquier proyecto que aspire a trascender y generar valor a largo plazo.

Como sociedad, tenemos la responsabilidad de fomentar la creatividad, pero como profesionales del sector, nuestra misión es asegurar que esa creatividad tenga el respaldo legal necesario para florecer de forma justa.

La innovación sin protección es un regalo para la competencia. Por ello, la próxima vez que te encuentres ante una innovación técnica disruptiva, recuerda los muros de Zootrópolis: protege tu visión hoy para que nadie pueda robarte el futuro mañana.

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