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Las barreras, internas y externas, de las mujeres en el sector tecnológico

Las profesionales se encuentran con mayor dificultad para conseguir capital, tienen menos referentes y se autoexigen más

Una mujer trabaja en un centro de datos. gorodenkoff (Getty Images)

En España, la proporción de mujeres en la fuerza laboral tecnológica se sitúa en torno al 23%. Esto supone una mejoría con respecto a la media de la Unión Europea (19%), pero aún está lejos de los países que lideran la clasificación, como Letonia o Finlandia, donde está entre el 35% y el 40%, según el nuevo informe de McKinsey & Company, Mujeres en tecnología e IA en Europa: ¿puede la región cerrar su brecha de género? Desde una mayor dificultad para conseguir capital hasta la falta de referentes, pasando por la autoexigencia, las barreras que tienen que superar las profesionales del sector son variadas. Y hacen que los avances hacia la paridad sean muy lentos.

Marta Grañó, profesora de OBS Business School y directora del informe La desigualdad que no se ve, va un poco más allá y califica de “desesperante” el ritmo al que se está cerrando la brecha de género. “Y lo que me preocupa es que los datos nos muestran que se avanzada muy poquito a poco, pero la percepción es que ya está todo hecho, que es un tema superado. Incluso que se ha llegado muy lejos en materia de igualdad. Una cosa son las opiniones y otra lo que nos dicen las cifras”.

Detrás de los números y porcentajes hay caras e historias como la de Eva María Córdoba, fundadora de Bornan Sports Technology, compañía que proporciona soluciones de cronometraje, resultados y estadísticas en grandes eventos deportivos. Licenciada en Derecho, reconoce que llegó al mundo tecnológico sin pensarlo, impulsada por la “necesidad” de sacar adelante a su familia. Ahora, cuando se para a reflexionar sobre la decisión, considera “lo loca” que estuvo por arriesgarlo todo en esta aventura. “La única barrera que nos ponemos a nosotros mismos es el miedo. Es más lo que nosotras nos autoexigimos. Nos ponemos un escudo de manera preventiva porque creo que el mundo así lo espera”, cuenta. A reglón seguido comenta que, a pesar de que sus inversores son cataríes y la mayoría de sus clientes y empleados son hombres, nunca ha “sufrido” una actitud machista, y defiende que su percepción es que “el mundo ha cambiado”. Aunque reconoce que en reuniones donde los demás miembros no saben el puesto que ocupa, las primeras miradas no se dirigen a ella.

A esa autoexigencia que nombraba Córdoba se refiere Patricia Arboleda, directora de Women in Tech Spain, cuando habla de las barreras internas que se ponen las mujeres en general, no solo en el sector tecnológico. “Nos exigimos más por la forma como hemos sido educadas. Eso hace que surja el síndrome de la impostora y una serie de inseguridades y temores que impiden asumir riesgos”.

Otra de las barreras “autoimpuestas”, que Arboleda ha detectado a lo largo de su carrera, es que cuando una mujer sopesa si aceptar un puesto de trabajo en tecnología, valora si le va a impedir tener un balance en su vida personal. “Perciben que es un sector que exige mucha dedicación”.

Impacto

Ella defiende que las mujeres que trabajan en el área tienen que tomar la palabra y contar “las bondades y lo divertido que puede ser” dedicarse a la tecnología. “Soy ingeniera industrial, he trabajado 25 años en una empresa tecnológica viajando por todo el mundo y puedo decir que no es nada aburrido”. También cree que deberían tener mayor visibilidad las profesionales que con su trabajo, en algo en principio tan abstracto como es la tecnología, tienen un impacto en la vida diaria de las personas.

Un punto en el que concuerda la profesora Grañó cuando señala que un modo de conseguir más mujeres en STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por su siglas en inglés) es transmitir que desde esas carreras se pueden conseguir propósitos alineados con hacer una sociedad mejor. “Sin generalizar, la motivación de hombres y mujeres es distinta. A nosotras nos motiva más ese impacto que puede conseguir en el bien común, en hacer crecer a las personas, que temas económicos”.

Esa búsqueda de impacto la señala también Catalina Martínez, investigadora sénior en el CSIC, cuando cuenta, a modo de ejemplo, que en la institución, las investigadoras son mayoría en ciencias de la alimentación, pero en física apenas representan uno de cada cuatro profesionales. “Las mujeres, cuando hacen investigación, se decantan más por áreas donde ven un servicio o una aplicación más inmediata a ayudar”.

Y apela a esa vocación “de contribuir” para lanzar un mensaje a las mujeres que “no se atreven o que no tienen tiempo” de patentar su idea. “Puede ser un primer paso para llegar a la aplicación en la sociedad”. España se sitúa en el segundo lugar entre los principales países europeos con mayor representación femenina en materia de patentes, emprendimiento y en las profesiones relacionadas con las mismas, según se recoge en un informe publicado esta semana por el Observatorio de Patentes y Tecnología de la Oficina Europea de Patentes. Entre 2018 y 2022, la tasa de mujeres inventoras, utilizada en el estudio, llegó en España al 24,7%, siete puntos porcentuales más que la media europea. Solo la supera Portugal, con un 26,9%.

Sin embargo, aunque la presencia femenina es cada vez mayor en los equipos inventores, ellas siguen teniendo menos probabilidades de figurar como inventoras individuales. “Las mujeres se ven más en equipos. En nuestro país, la invención de mujeres, en lo que a patentes se refiere, suele ser más colaborativa, en el sector público y en áreas relacionadas con la química, la biotecnología y la salud”, apunta Martínez.

Financiación

Para ella, en base a estudios con datos y estadísticas, una de las barreras que se encuentran las mujeres en tecnología es la financiación, ya que les cuesta más que a los hombres conseguir dinero para sus empresas. “En el ciclo vida de una start-up tecnológica hay dos valles de la muerte. Al principio, pasar del capital semilla al prototipo. Y luego, el salto a industrializarlo. En esos dos momentos, las mujeres tienen más dificultad para ser financiadas, sobre todo cuando solo hay profesionales femeninas en el equipo”. Y aprovecha para poner en valor la labor que hace, por ejemplo, Women Angels For Steam (Wa4steam), “mujeres que invierten en proyectos de mujeres”.

Otra de las barreras que señalan todas las fuentes consultadas es la escasez de “referentes visibles”, como verbaliza Basola Vallés, la directora general de ISDI, escuela de negocio digital e inteligencia artificial. Esa falta de espejos en los que mirarse hace que a las niñas y a las chicas jóvenes les cueste visualizarse en puestos tecnológicos, por lo que terminan decantándose por otras carreras. Cree Vallés que eso está cambiando a medida que surgen avances que se encargan de las partes más técnicas o automáticas. “Lo que el ser humano aporta es el criterio, la creatividad, el pensamiento disonante. Cada vez es más importante el combo tecnología y capacidades humanistas. No se trata de sentarse a picar código. La parte humana, que las mujeres la aportan divinamente, empieza a tener un peso muy importante”.

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