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Los gestores siguen volcados en la IA, pero reconocen el riesgo de saturación

Los grandes inversores reducen el peso de la Bolsa en sus carteras como reflejo una cautela incipiente, sin alterar el optimismo de fondo

Gestor de la Bolsa de Nueva York.Spencer Platt (Getty Images)

El brillo de la tecnología, y en particular de la inteligencia artificial, sigue lejos de apagarse. Esa es la impresión que deja la última encuesta de gestores de Bank of America, elaborada con datos hasta el 11 de junio, en vísperas del esperado debut de SpaceX. El sondeo dibuja un mercado en equilibrio inestable, en el que conviven el vértigo de quedarse fuera de un rally que sigue ganando adeptos (fear of missing out, o FOMO) y el temor creciente a que la apuesta se haya vuelto excesivamente unánime. De hecho, el 56% de los participantes define el momento actual como de auge, una fase en la que el temor a perderse las subidas pesa más que el riesgo de una corrección. Este predominio del optimismo explica que solo un 21% considere que el sector ha entrado en terreno de euforia, con valoraciones en niveles extremos, mientras un reducido 9% anticipa un escenario de toma de beneficios, señal aún débil de un giro hacia posiciones más defensivas.

Aunque la encuesta mantiene un tono moderadamente optimista sobre la tecnología, el gran motor de las subidas bursátiles en los últimos meses, los gestores reconocen cierto vértigo. La mejor prueba está en los semiconductores: un 80% de los encuestados mantiene posiciones alcistas en el sector, un máximo histórico. Nunca antes había existido una apuesta tan unánime, lo que refuerza la solidez del relato, pero también eleva el riesgo de saturación si el sentimiento cambia. No es una advertencia teórica. El dato coincide en el tiempo con la reciente corrección del sector, que en apenas una semana llevó a los valores de semiconductores y al Nasdaq a ceder un 12% y un 7%, respectivamente.

El sondeo se realizó, además, en un contexto de tensión geopolítica, con el cruce de ataques entre EE UU e Irán, y aun así los inversores se mantuvieron relativamente optimistas. El nivel de efectivo en cartera —dinero no invertido— se situó en el 4,1%, ligeramente por encima del 3,9% de mayo, una señal de cautela más que de repliegue. Los datos históricos sugieren, no obstante, que el mercado aún no ha alcanzado un techo claro ni muestra signos evidentes de final de ciclo, aunque sí de cansancio. Muchos gestores ya están retirando parte de las ganancias con la vista puesta en el verano, un periodo en el que la caída de los volúmenes de negociación suele amplificar los movimientos del mercado.

En línea con este movimiento, los inversores han reducido su sobreponderación en renta variable global del 50% al 38% y, en el caso de la tecnología, del 33% al 26%. En Europa, en cambio, el tono se vuelve más sombrío: un 4% neto —la diferencia entre optimistas y pesimistas— espera caídas en los próximos meses, la lectura más bajista desde septiembre de 2024.

En cuanto a los riesgos, el foco se desplaza a los precios. El 34% de los encuestados señala una segunda ola inflacionista —ligada al aumento de salarios y costes empresariales— como la principal amenaza, por delante del 28% que apunta a una posible burbuja en la inteligencia artificial y lejos del 12% que identifica el conflicto geopolítico como el mayor riesgo. En el frente monetario, y sin tener en cuenta el preacuerdo entre Irán y EE UU, un 40% de los participantes espera una subida de tipos de la Reserva Federal en los próximos 12 meses, frente al 16% que lo hacía hace apenas un mes. El 28% de los inversores no espera cambios.

En las próximas semanas, las negociaciones entre EE UU e Irán darán mucho de qué hablar y podrían generar episodios de incertidumbre en los mercados. Aun así, el escenario central de los gestores sigue siendo claramente constructivo. El 47% sigue esperando un aterrizaje suave para la economía global, es decir, una desaceleración que permita reducir la inflación sin provocar una recesión. Frente a ellos, un 40% cree que no habrá aterrizaje, lo que implica que el crecimiento se mantendrá sólido pese a las subidas de tipos. Solo un 5% contempla un escenario más adverso, en el que el endurecimiento monetario termine provocando un frenazo brusco de la actividad.

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