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Denny Fish (Janus Henderson): “En 30 años en Silicon Valley nunca he visto nada igual a la irrupción de la inteligencia artificial”

El máximo responsable de inversión en tecnología de Janus Henderson administra activos por valor de 8.000 millones de dólares

Denny Fisch gestor de fondos de la firma Janus Henderson, fotografiado en Madrid.
Denny Fisch gestor de fondos de la firma Janus Henderson, fotografiado en Madrid.Claudio Álvarez
Miguel Moreno Mendieta

Denny Fish (Alton, Illinois, 1971) es un fanático de los avances tecnológicos (y del fútbol europeo). El máximo responsable de tecnología e innovación de la gestora estadounidense Janus Henderson visitó Madrid a mediados de mayo, en días de máximo furor futbolístico como los actuales, y confiesa que acudió a la Cibeles a la celebración del título de Liga del Real Madrid. El gestor de activos ha estado unos días por Europa explicando las bondades del fondo que gestiona, que se ha revalorizado un 50% al calor de la inteligencia artificial y los siete magníficos.

¿Cuáles son sus funciones en Janus Henderson?

Gestiono varios fondos de tecnología, con un volumen de activos de más de 8.000 millones de dólares [7.400 millones de euros]. Además, lidero el equipo que analiza este tipo de inversiones en Janus Henderson y que influye sobre un volumen de activos de 60.000 millones de dólares, situados en diferentes tipos de fondos.

¿La inteligencia artificial [IA] ha sido el principal catalizador bursátil del último año?

Sí, y lo va a seguir siendo durante bastantes años. Fue sobre todo a partir de 2022, cuando se lanzó ChatGPT. Este hito puso de relieve que la IA podría convertirse en una plataforma tecnológica con muchos usos.

¿Una plataforma?

Me refiero a una herramienta que puede ser utilizada por todo tipo de empresas y personas de forma muy variadas. Antes, ya se utilizaba la IA para cuestiones muy específicas, como la transcripción de textos, el procesamiento del lenguaje o el diseño de páginas web. Pero con la IA generativa hemos visto que se puede utilizar para cualquier cosa.

¿Por ejemplo?

Para hacer informes jurídicos con precedentes legales, para crear contenido digital, para mejorar la atención al cliente... Todo esto ha hecho que le demos mucha importancia en nuestras carteras a las empresas que son imprescindibles para el desarrollo de esta plataforma.

¿La IA va a mejorar la productividad de la economía?

Creo que tiene todo el potencial para ser la tecnología más disruptiva de nuestras vidas. Nunca he visto nada igual.

¿Más que internet?

Sí. Yo me mudé a Silicon Valley en 1995. Vi el desarrollo del internet comercial, de los teléfonos inteligentes… Estas disrupciones crearon enormes mercados pero, sobre todo, han creado la base para el despliegue de la IA. Cuando esto se produzca va a acabar impactando en todos y cada uno de los sectores. Es por eso que hay tanto entusiasmo. El impacto en Bolsa, ya se verá. Es cierto que en el pasado habitualmente se ha sobrestimado el impacto de lo que iba a ocurrir en un año e infraestimado lo que sucederá en una década.

¿En qué punto estamos?

Creo que tal vez estamos sobrestimando el impacto en el futuro inmediato. Se está movilizando muchísimo capital para desplegar la IA, pero los resultados quizá tarden algo en llegar. Las compañías tienen que aprender cómo utilizarla internamente. Pero en todas estas décadas siguiendo al sector tecnológico, nunca había visto un fenómeno como el actual. ChatGPT pasó de 0 a 100 millones de usuarios en solo tres meses. Es una de las principales preocupaciones de todos los Gobiernos, por las implicaciones económicas, sociales, de defensa y de proteccionismo. Hay una mezcla de euforia y paranoia.

¿Por qué?

Todos quieren tener sus propios centros de datos, desarrollar su propio lenguaje, sus propios modelos... Con la IA hemos visto cómo se propagaba la tecnología por todo el mundo y a toda velocidad. Así que, en general, soy muy optimista con el impacto que tendrá la IA en Bolsa. Ya lo era antes y ahora más si cabe.

¿Qué tipo de valores ligados a la IA tienen?

Para la infraestructura de procesamiento de la IA son clave las tarjetas gráficas de Nvidia, que vende a proveedores de semiconductores. También tenemos compañías de software que son dueños de grandes bases de datos que son utilizados para entrenar a los robots de IA, como Constellation, Tyler...

También los gigantes tecnológicos se benefician de la IA…

Compañías como Microsoft o Amazon son lo que denominamos hiperescaladores, porque son las únicas que tienen la escala suficiente para ofrecer una infraestructura suficiente para que las empresas desplieguen la IA. Microsoft es muy importante con su plataforma Azure.

¿Esta ola de innovación es diferente a las anteriores?

Sí, porque en otras ocasiones las grandes compañías se veían muy amenazadas por la capacidad de disrupción de las pequeñas. Ahora, en cambio, hay una relación virtuosa entre Nvidia y los hiperescaladores, que tienen que aportar mucho capital para comprar los chips de Nvidia, que hoy por hoy tiene el monopolio. Ambas partes son clave para el desarrollo de la IA.

Además, Microsoft es accionista de Open AI, los dueños de ChatGPT…

Tienen una participación minoritaria. De todas formas, la gobernanza de Open AI es muy peculiar. Tiene un consejo controlado por una organización sin ánimo de lucro. Fue muy inteligente por parte de Microsoft el tomar esa participación porque en Estados Unidos la normativa de competencia es muy exigente, lo que limita la capacidad de los grandes para comprar pequeñas tecnológicas. Con su inversión han tenido acceso a la propiedad intelectual, que les ha permitido desplegar la plataforma de IA Azure en todos los productos Microsoft.

¿Tienden a invertir siempre en tecnológicas de gran capitalización?

Es algo que va cambiando. Ha habido épocas en las que estábamos más concentrados en compañías de pequeña y mediana capitalización, porque nos parecía que había un entorno de mercado que las beneficiaba. Ahora, son las grandes las que pueden movilizar más capital y sacar más partido para desplegar la IA. Los resultados que están consiguiendo han sido excepcionales y parece que esta racha se va a mantener. Nunca habíamos tenido en cartera un porcentaje tan grande de grandes compañías. Aunque seguimos teniendo algunas pequeñas.

La parte negativa es que en tecnología hay mucha volatilidad. ¿Es algo consustancial a este sector?

Eso creo. Siempre ha sido así. Al final, son empresas cuya valoración presente depende de la proyección de sus resultados futuros. Y ese descuento de flujos de caja es incierto y está condicionado por los tipos de interés. En 2022, cuando estos subieron con fuerza, las tecnológicas se vieron muy afectadas, porque ahora se descontaban los flujos futuros con un tipo más alto. Además, es un sector donde la disrupción es clave. Ahora bien, compañías como Alphabet o Amazon tienen ya algunas características propias de grandes empresas de consumo, como los gigantes del lujo tipo LVMH.

¿Las grandes tecnológicas tienen margen para seguir subiendo en Bolsa?

Lo hemos visto con los resultados del primer trimestre, que han sido espectaculares para Alphabet, Meta, Amazon y Microsoft. Y un poco peores para Apple y Tesla. En este sentido, sí que parece que algunos de los conocidos como siete magníficos se están descolgando. Nuestra tarea es invertir en los que lo van a seguir haciendo bien. En cualquier caso, son empresas extraordinarias. Probablemente la mejor colección de grandes compañías que hemos visto en la historia económica.

¿Por qué Tesla se está descolgando?

Primero, porque el mercado de coches eléctricos está creciendo más lentamente de lo que se esperaba. No hay la penetración que se creía que iba a haber. Además, hay muchísima competencia, especialmente en precios, lo que hace que estén cayendo los márgenes. Lo que invita algo al optimismo en Tesla es su liderazgo en coches totalmente autónomos, con una base de datos propios enorme. Pero ya ha habido retrasos anteriormente.

¿Estudiar ingeniería le ha ayudado?

Sí. Pero sobre todo porque trabajé en Oracle, en el desarrollo de programas informáticos, desde mediados de los 90 hasta comienzos de los 2000. Fueron unos tiempos muy convulsos, con el pinchazo de las empresas puntocom. Comencé en el mundo de la inversión justo después, en 2003. Me incorporé a Janus en 2007.

¿Siempre ha trabajado en San Francisco?

Sí. Los cuarteles generales de Janus están Boston y Londres. Y mi equipo de inversión en tecnología está en Denver [Colorado], pero yo he seguido viviendo en el área de la bahía de San Francisco, muy pegado a Silicon Valley. Trabajo solo, cual lobo solitario. Pero no podría hacer nada sin el potente equipo de análisis de Janus, uno de los más especializados.

¿Qué posiciones tiene en tecnológicas europeas?

ASML es un valor fundamental para nosotros, por su posición en las tecnologías para fabricar microchips, con la técnica de litografía con rayos ultravioletas, donde tiene el monopolio. En Países Bajos hay todo un ecosistema de empresas ligadas al sector de semiconductores. Estamos invertidos también en ASM, de este ramo. También seguimos muy de cerca a la británica Arm, que igualmente diseña microprocesadores.

¿Y en emergentes?

Hemos seguido mucho a Mercado Libre, una empresa de comercio electrónico con presencia en Argentina, Brasil y México, líder en América Latina, y que ha sabido defenderse frente a Amazon como no ha hecho ninguna otra empresa en el mundo. También tenemos algunas compañías de Israel, como Nice, especializada en experiencia de usuario.

¿Se plantean invertir en empresas chinas?

Tenemos compañías taiwanesas, como TSMC. Pero por ahora no tenemos acciones chinas. Hace años que dejamos de invertir allí. El Gobierno de Pekín cada vez tiene una normativa más exigente regulando los videojuegos, las redes sociales.. y esto tiene consecuencias negativas para grupos como Alibaba o Tencent. Además, la economía china ha crecido relativamente poco en los últimos años, lo que hace que estos grupos sean menos atractivos. Por último, hay una competencia enorme en todas las compañías vinculadas a internet o al comercio electrónico, lo que hace difícil ver el potencial a largo plazo. Algunas de coches eléctricos, como BYD, nos parecen muy atractivas, pero aún no hemos invertido.

¿Invierten en el mundo de los criptoactivos?

Creo que bitcoin y Ethereum son criptomonedas viables. Fuera de eso, creo que la inversión en cripto es en gran medida pura especulación. La ubicuidad de bitcoin y su escasez, debido a la cantidad limitada, hace que sea un activo real. Y la pregunta es, ¿es sólo un depósito de valor como el oro? ¿O puede realmente ser utilizado por razones productivas en transacciones financieras?

¿Qué cree que ocurrirá?

No lo sabemos. La esperanza es que no se utilice para transacciones financieras. Pero por ahora, en realidad es una manera bastante sorprendente, pese a su volatilidad para la gente de crear un depósito de valor, en países donde hay mucha inflación, como Argentina o Venezuela.

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Sobre la firma

Miguel Moreno Mendieta
(Madrid, 1979) es licenciado en Derecho y Economía por la Universidad Carlos III. También cursó el Máster de Periodismo de El País. Se incorporó al periódico Cinco Días en 2006, tras pasar por la web de El País y Mi cartera de Inversión. Escribe sobre el sector financiero, con un foco especial en fondos de inversión y los seguros.
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