_
_
_
_
_

Fantoba, la pastelería que lleva más de siglo y medio vendiendo recetas secretas en Zaragoza

La confitería más antigua de Aragón elabora exquisitos dulces artesanales tradicionales y saludables

Ivana Molina, gerente de Fantoba, posa frente a la tradicional fachada de la confitería.
Ivana Molina, gerente de Fantoba, posa frente a la tradicional fachada de la confitería.

No es una pastelería cualquiera, Fantoba es la confitería más antigua de Zaragoza. Su esplendorosa fachada y su bello interior llevan en pie desde 1856, más de un largo siglo y medio.

Desde su obrador salen cada día exquisitos chocolates, trufas y bombones; tartas, hojaldres, salados, turrones, especialidades como naranjas de Fantoba –con chocolate–, frutas de Aragón, guindas al marrasquino, su delicioso guirlache y hasta lo que llaman tentaciones.

Así hasta 980 referencias, algunas solo de temporada y todas artesanales, una de las señas de identidad y que hace única a esta confitería del casco histórico de Zaragoza, muy cerca de la basílica del Pilar.

Cuenta con doce empleados y facturó 600.000 euros en 2022

En sus 167 años de historia Fantoba solo ha tenido dos dueños. La familia fundadora, los hermanos Fantoba y Palacios, tenían una fábrica de caramelos y montaron la pastelería, aunque con el devenir de los tiempos se deshace la sociedad en favor de los primeros, que la convierten en un emblema de la capital maña.

En 1995 llega la familia Molina, liderada por el patriarca Alejandro, que la compra ante el evidente deslustre del comercio que no cuenta con herederos para continuar con el negocio familiar. “Pintor y escultor. Un artista sin tradición en el sector, pero que veía ese mundo como un arte”, según le define su hija, Ivana Molina, al frente de la pastelería y gerente de la misma.

Algunas de las exquisitas presentaciones de los dulces de Fantoba
Algunas de las exquisitas presentaciones de los dulces de Fantoba

Y no era el único, Antonin Carême, el rey de las cocinas y cocinero de reyes en los albores del siglo XIX, inventor del vol-au-vent, decía que “las bellas artes son cinco: la pintura, la escultura, la poesía, la música y la arquitectura, la cual tiene como rama principalísima la pastelería”, cuenta la gerente de Fantoba.

“Idealizar un arte comestible no resulta tan viable como negocio”, reflexiona Ivana, que se incorpora muy joven, con veintipocos, al negocio un año más tarde de la adquisición y convence a su padre para dar una vuelta a la confitería. Poco a poco, el mundo pastelero le gana y se ilusiona “como una niña pequeña, era una forma de dar rienda suelta a mi creatividad”.

Y empieza desde abajo en el obrador, como pinche del maestro, donde pasa tres años aprendiendo las bases, familiarizándose con las masas, las cremas, el punto exacto de cada pastel, y sacando adelante las recetas.

Tras ese “duro entrenamiento” –”me quemé las manos y todo”, recuerda–, se lanza a la tienda. Los tiempos cambian e Ivana se da cuenta de que el comercio también necesita un aire nuevo: “Renovamos los envoltorios, las cajas, las bolsas, la decoración y hasta los escaparates para hacerlos más atractivos y poner en valor el producto. No fue un camino fácil, pero valió la pena”.

Como también mereció la pena pasar todos los sinsabores de la pandemia “solo por ver aparecer por la tienda al primer turista. Me eché a llorar. Estuvimos cerrados seis meses y tuvimos que hacer un ERTE, fue durísimo”, rememora la pastelera.

Hoy cuenta con una docena de empleados y factura 650.000 euros (a cierre de 2022). “Es un trabajo muy bonito, pero también muy sacrificado, no es para hacerse millonario, pero soy feliz haciendo lo que hago”, asegura sin ningún lamento.

Su curiosidad innata la llevó a viajar a Francia, a ciudades como París o Biarritz y otras para inspirarse. Fantoba sigue conservando la calidad y la exquisitez que le dieron fama, pero “no es una pastelería para todos los días. El público que viene, viene para celebrar ocasiones especiales o darse un capricho. Nuestras presentaciones son únicas”.

Uno de estos productos estrella son las tartas, “casi todas de encargo, al igual que los hojaldres de bocado o las medianoches. El servicio es muy personalizado, sabemos lo que vendemos y asesoramos a los clientes, algunos de ellos tienen 90 años y siempre han comprado aquí”, enfatiza Ivana.

Interior de la pastelería
Interior de la pastelería

Una de las ventajas de Fantoba y que la hace tan especial es que tiene el obrador en la misma tienda. Venden online pero “solo trabajamos con proveedores que mimen nuestro producto. Tiene que llegar perfecto”.

Todas las recetas son secretas porque “las medidas son exactas, no te puedes pasar un gramo si quieres una textura, una consistencia, un sabor determinado. Somos especialistas en dulces tradicionales saludables con incorporaciones nuevas como los macarons de almendra”, concluye.

Curiosidades en torno a la piedra de Calatorao


Guirlache. Es uno de los productos estrella. Elaborado al modo más tradicional sobre piedra de Calatorao con ingredientes de primerísima calidad y la mejor almendra. 

Plantilla. Fantoba cuenta con 12 empleados; de ellos, cuatro están en tienda y el resto, en obrador. Las nuevas incorporaciones pasan por un periodo de formación de dos años.

Año pastelero. En Fantoba el año comienza en octubre y termina después de Semana Santa. En este periodo, que acapara casi todas las festividades, es cuando más dulces se consumen. Están abiertos los 365 días del año.

Sigue toda la información de Cinco Días en Facebook, X y Linkedin, o en nuestra newsletter Agenda de Cinco Días

Regístrate gratis para seguir leyendo en Cinco Días

Si tienes cuenta en EL PAÍS, puedes utilizarla para identificarte

Gracias por leer Cinco Días

_
Normas
Tu comentario se publicará con nombre y apellido
Normas

Más información

Archivado En

_
_