Euskadi ante el dilema del turismo: récord de visitantes y dudas sobre la saturación
El anteproyecto de Ley de Turismo del País Vasco plantea límites a las viviendas de uso vacacional. El 1 de enero entra en vigor un impuesto a la actividad


En 2010, Basquetour se vanagloriaba de los 2,2 millones de entradas de viajeros en establecimientos hoteleros del País Vasco. Un récord. Entre enero y agosto de 2026, la comunidad autónoma acumuló 3,48 millones de entradas, un 2,70% más que en el mismo periodo de 2025, según el Observatorio Turístico de Euskadi. Los cinco principales mercados nacionales son Madrid, la propia Euskadi, Cataluña, Castilla y León y Andalucía.
Lideran el ranking internacional franceses, italianos, estadounidenses, británicos y alemanes. Este año, prevé encadenar seis meses seguidos con más visitantes extranjeros que residentes, por primera vez en su historia. Ahora el debate de fondo gira en torno a si existe o no una masificación. Está avivado por dos decisiones recientes: un impuesto sobre las estancias turísticas a partir del 1 de enero de 2027, y el anteproyecto de Ley de Turismo de Euskadi, en tramitación, que plantea poner más límites a las viviendas de uso turístico.
El Barómetro de percepción turística de LLYC rastrea la conversación digital y en redes sociales para medir, trimestralmente, el sentimiento sobre el turismo, en España y por regiones. La temperatura del País Vasco era de un 5,1 (sobre 10) en el segundo trimestre de 2026; había llegado a bajar al 3,7, en el tercer trimestre de 2025. Las temáticas negativas pivotaron alrededor de la “inseguridad y robos a turistas”, “turistificación y expulsión vecinal en Donostia”, “pisos turísticos y presión sobre la vivienda”, “polémica y disputa por el impuesto turístico” y “saturación y deterioro de la experiencia urbana”. Las temáticas positivas versaron sobre “turismo sostenible e inteligente en Vitoria-Gasteiz”, “mejora de la conectividad aérea de Bilbao”, “promoción del destino Euskadi y ferias turísticas”, “atractivo de destinos y experiencias vascas”, y “eventos y productos turísticos de alto valor”.
“No hay saturación”, zanja Héctor Sánchez, secretario general y gerente de la Asociación de Hostelería de Bizkaia, que niega también malestar ciudadano o turismofobia. “La entrada de viajeros crece de manera sostenible y sostenida”, describe. Y se está gestionando bien, a su juicio. Existen lugares concretos especialmente atractivos para los turistas, dice, poniendo el ejemplo de San Juan de Gaztelugatxe (mundialmente famoso por la serie Juego de tronos). Pero asegura que, en esos casos, las autoridades regulan y ordenan, para evitar problemas. Si, tal y como defienden los hosteleros, no hay congestión, tampoco ven necesario el impuesto sobre las estancias turísticas, que consideran una medida meramente política, y al que se oponen. Creen que supondrá una desventaja competitiva respecto a sus comunidades limítrofes, que no lo tienen.
El objetivo del impuesto es que quienes se alojan en Euskadi contribuyan a financiar los servicios públicos y a mejorar los destinos que visitan. La Asociación de Hostelería de Bizkaia ha calculado que, solo en Bilbao, supondrá entre ocho y diez millones de euros. Pide, al menos que ese dinero se dedique a mejoras para el ecosistema turístico, “y no se vaya para otros sitios”. Sánchez se refiere con esto a que son los ayuntamientos los encargados de recaudar, y pueden decidir invertir esos euros extra según sus propias necesidades.
“Vemos asumible el impuesto turístico, siempre que se gestione bien, que se alinee con las políticas sobre ecoturismo y turismo de naturaleza, y que sirva para mejorar la convivencia entre quienes vivimos en los pueblos y quienes vienen a visitarnos”, manifiesta Naiara Malave, presidenta de Aktiba, asociación que aglutina empresas vascas de turismo activo, deportes de aventura, actividades náuticas y ecoturismo.
Tanto las empresas de turismo activo como los hosteleros saludan el endurecimiento de las condiciones para las viviendas de uso turístico previsto en la nueva ley. “Llevamos muchos años avisando del peligro que podría suponer este fenómeno”, indica Sánchez. En 2015, su asociación difundió un informe publicado en Estados Unidos sobre el impacto de Airbnb en la ciudad de Los Ángeles. “Pedíamos que se regulara, frente a las voces que reclamaban libre competencia y mercado”, recuerda. Confiesa que le da un poco de rabia que los responsables políticos hayan estado haciendo caso omiso a las advertencias durante más de una década. De esta quema salva al ayuntamiento de Bilbao. “Fue uno de los pioneros del Estado en poner limitaciones”, valora. Por ejemplo, los pisos turísticos solo pueden estar en la primera planta de un edificio.
“Al menos en nuestro ámbito no hay masificación”, considera Malave. Es más, el sector se postula como solución a los problemas de congestión y se ofrece para colaborar con las Administraciones en la diversificación y deslocalización de los flujos de viajeros. “Estamos abiertos para hablar y perfilar una estrategia conjunta”, invita; para sacar a los turistas de los cascos viejos y llevarlos a hacer senderismo, kayak o barranquismo, en entornos no urbanos. “En Euskadi, el turismo es algo relativamente nuevo; aquí antes no venía tanta gente. Nuestra oferta es muy diferencial y está arraigada en el territorio. Ofrecemos cultura, gastronomía, naturaleza. Eso es lo que quieres ver y experimentar cuando viajas”, reflexiona.