Euskadi apuesta por las energías renovables y reclama más redes
La comunidad autónoma prevé incorporar 450 MW de potencia eólica y fotovoltaica antes de 2030. Para lograrlo, movilizará 15.900 millones

Tras la finalización de las obras en septiembre, la próxima puesta en marcha del parque eólico de Labraza, en La Rioja Alavesa, “marca un punto de inflexión porque demuestra que los proyectos pueden materializarse cuando existe colaboración entre Administraciones, empresas y territorio”, asegura Julio Castro, consejero delegado de Iberdrola Renovables. La instalación sumará 40 megavatios (MW) de potencia a la capacidad eólica de Euskadi (155 MW actualmente), dos décadas después de que el último parque entrara en operación. Para Castro se trata de un “proyecto emblemático” en la descarbonización de la economía vasca, que apenas cubre el 8% de su demanda energética a partir de fuentes sostenibles.
El directivo destaca la “importante inversión industrial y tecnológica” que supone, impulsada a través de Aixeindar (sociedad participada por Iberdrola y el Ente Vasco de la Energía), así como su efecto tractor sobre la cadena de valor vasca. Y argumenta que para su realización han intervenido empresas locales, incluida Siemens Gamesa, que mantiene su sede en Bizkaia, y componentes fabricados en Gipuzkoa. La propia Aixeindar promueve el proyecto de un segundo parque eólico, el de Azazeta (Álava), que “ha avanzado también de forma significativa en su tramitación administrativa” y podría estar operativo hacia 2028, incorporando otros 40 MW a la red.
Álvaro Sáenz, director de desarrollo de proyectos e innovación de EVE, señala que la hoja de ruta que contempla el ente hasta 2030 tiene como objetivo duplicar la generación eléctrica renovable propia y elevar su cobertura hasta el 15%. En concreto, prevé 80 millones de euros de coinversión para incorporar 450 MW de potencia eólica y fotovoltaica, a los que se sumarán 300 MW de autoconsumo, que hoy alcanza casi 200 MW.
“Será un despliegue realista y racional”, afirma Sáenz, quien apunta a un cambio de modelo en el impulso a las tecnologías limpias. “A través del Mapa EVE establecemos unas reglas claras para los nuevos desarrollos. Se trata de concentrar los esfuerzos en las zonas más adecuadas”, añade en referencia a la herramienta creada para identificar las ubicaciones prioritarias y viables en territorio vasco.
“Nuestra experiencia demuestra que hay más posibilidades de éxito cuando los proyectos incorporan mecanismos que acercan los beneficios de la transición energética al entorno donde se desarrollan”, sostiene Castro. Y pone como ejemplo los programas de financiación participativa llevados a cabo por Iberdrola, así como iniciativas para la creación de empleo y la contratación de proveedores cercanos. “La clave para atraer nuevas inversiones es seguir avanzando en un marco estable y predecible”, concluye.
Cuellos de botella
El portavoz de EVE aclara que, junto a la propia generación renovable, la prioridad más urgente es “disponer de una red eléctrica con capacidad suficiente para descarbonizar y electrificar nuestra industria”. Y asegura que existe el compromiso de ampliar la potencia de la red vasca en un 50% hasta 2030, lo que representa 6.000 MW, si bien considera imprescindible que los precios resulten competitivos.
“Reforzar las redes de distribución es crítico, ya que hoy constituye uno de los cuellos de botella que frenan la electrificación en Euskadi”, alega Jorge Fernández, investigador sénior y coordinador del Lab de Energía y Medioambiente de Orkestra, el Instituto Vasco de Competitividad. “Esto implica incrementar su capacidad para acomodar la nueva generación, la demanda industrial y las necesidades de almacenamiento”, detalla.
No obstante, Fernández opina que Euskadi se encuentra en una situación sólida para avanzar hacia una economía descarbonizada, y menciona los objetivos de la Ley 1/2024 de Transición Energética y Cambio Climático de la comunidad, entre los que se encuentra conseguir que un tercio del consumo final de energía proceda de fuentes renovables en 2030. También alude al Plan de Industria Euskadi 2030, que prevé movilizar hasta 15.900 millones de euros de capital público y privado para ejecutar inversiones en proyectos transformadores de este ámbito, como el Valle de Descarbonización de EVE o el Hub de Combustibles Renovables, liderado por Petronor.
“Las empresas llevan años intentando evolucionar hacia fuentes de energía sostenibles, sobre todo a través de la electrificación, para reducir sus emisiones”, declara José Ignacio Hormaeche, director general de Basquenergy Cluster. El problema se plantea, explica, para las industrias con procesos de altas temperaturas, como la siderurgia, en los que la electricidad no resulta adecuada. Otras con mucha presencia en Euskadi, como las de alimentación y papel, sí son susceptibles de llevar a cabo la sustitución de combustibles fósiles, pero la clave está en la rentabilidad, definida por el precio de la energía.
Hormaeche añade que las empresas que buscan pasar a la electricidad se ven en dificultades por el acceso a la red. “Eso es lo que está siendo limitante y no la disponibilidad de energía renovable”, apunta. Por eso la puesta en marcha de un parque eólico después de 20 años es “buena noticia y tiene que ser el primero de otros, pero de poco serviría si la infraestructura no está preparada para llevar la electricidad a los consumidores”. A este respecto, apunta al plan de inversiones del Gobierno vasco y a la colaboración con Red Eléctrica e Iberdrola como solución que tendrá efecto en el corto plazo.
Gatika, el puente para exportar electricidad limpia
Las obras de la interconexión eléctrica entre España y Francia por el golfo de Bizkaia alcanzan ya el 70% de ejecución, incluida la futura estación conversora de Gatika (Bizkaia). El proyecto conectará las redes de ambos países para 2028 y elevará la capacidad de intercambio de 2.800 a 5.000 megavatios (MW).
Jorge Fernández, investigador sénior de Orkestra, detalla que la UE lo considera Proyecto de Interés Común por su contribución a la seguridad de suministro, al mercado interior y a los objetivos climáticos. En concreto, para la industria de Euskadi supondrá facilitar electricidad descarbonizada a precios asequibles, con un impacto estimado en 400 millones de euros para el PIB vasco y cerca de 6.800 empleos directos e indirectos.
“La conexión reducirá el aislamiento energético de la Península y reforzará los intercambios transfronterizos”, explica Fernández.
José Ignacio Hormaeche, director general de Basquenergy Cluster, recuerda que España y Portugal llevan años reclamando una mayor conexión eléctrica con Europa, pues “el sistema ibérico ha funcionado históricamente en modo isla”. En sus palabras, una conexión más potente permitirá aprovechar los excedentes renovables españoles, que obligan a frenar parques eólicos y solares cuando la demanda no absorbe la producción. A la vez, contribuirá a equilibrar el sistema y mejorar su estabilidad, evitando incidencias.
Hormaeche matiza que su principal aportación será mejorar el funcionamiento conjunto del mercado eléctrico europeo, facilitando que la energía renovable encuentre salida en otros países y favoreciendo un mayor aprovechamiento de la capacidad de generación.