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El Ártico, otro punto estratégico donde chocan los intereses económicos de Rusia y Occidente

El calentamiento global ha derretido el hielo en los océanos del norte, abriendo nuevas posibles rutas de comercio para que las embarcaciones rusas evadan las sanciones y lleven petróleo y gas natural a los mercados asiáticos

Luis Alberto Peralta
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, junto al CEO de Novatek, Leonid Michelson, visitando las instalaciones de GNL en Yamal, en Siberia, Russia.
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, junto al CEO de Novatek, Leonid Michelson, visitando las instalaciones de GNL en Yamal, en Siberia, Russia.Mikhail Svetlov (Getty Images)

Se han cumplido ya dos años desde que comenzó la invasión rusa a Ucrania. La agresión de Moscú, que para muchos parecía impensable, ha obligado a los miembros de la Unión Europea (UE) a potenciar su autonomía estratégica. Sectores como la defensa, que los Veintisiete habían dejado en manos de Estados Unidos desde finales de la guerra fría, han recobrado importancia. En esta línea, puntos geográficos como Finlandia, los países bálticos y las fronteras con Bielorrusia cobran relevancia para el Viejo Continente. Sin embargo, hay otro espacio donde los intereses estratégicos del Kremlin y Bruselas colisionan. Se trata del Ártico, una región valiosa por sus materias primas, pero que también se ha vuelto una vía que permite al Gobierno de Vladimir Putin evadir las sanciones y llenar sus arcas con dinero asiático.

A pesar de sus bajas temperaturas y su clima indomable, el Ártico alberga importantes reservas de recursos naturales, sobre todo en materia de hidrocarburos. De hecho, según el Arctic Institute, una ONG situada en Washington, esta zona geográfica concentra una de las más grandes reservas de petróleo y gas sin explotar. “Solo el Ártico ruso comprende más de 35,7 billones de metros cúbicos de gas natural y más de 2.300 millones de toneladas métricas de petróleo, la mayoría concentradas en las penínsulas de Yamal y Guida”, aseguran desde la organización no gubernamental estadounidense. Esto equivaldría a unos 16.000 millones de barriles de crudo solo en el área mencionada, superando, por ejemplo, a las reservas de Argelia o Brasil.

“A medida que el cambio climático continúa haciendo que el Ártico sea más accesible, el interés en los recursos energéticos de la región ha aumentado significativamente. La Unión Europea ha expresado su ambición de desempeñar un papel más importante en esta zona, citando su compromiso como una necesidad geopolítica en medio de una creciente competencia por los recursos y el surgimiento de nuevas rutas marítimas”, explicaron los investigadores del think tank estadounidense CSIS en un análisis a finales de enero.

En este sentido, desde la entidad estadounidense resaltan que el Ártico es fundamental para la “visión rusa de un orden global multipolar”. Asimismo, los investigadores de CSIS señalan que estos intereses se alinean con la estrategia global de China, que ve a Moscú como su “socio estratégico preferido en el Ártico”, y ha aumentado sus inversiones en la región hasta unos 90.000 millones, según el Gobierno de Estados Unidos. Un ejemplo de esto es el compromiso que hizo en 2016 la empresa china Polygroup para invertir unos 300 millones de dólares en la provincia de Murmansk, con el objetivo de desarrollar terminales portuarios e infraestructura para minería de carbón.

El calentamiento global también ha jugado un papel clave, ya que ha facilitado que las naves rusas transiten por rutas que antes eran inaccesibles por el hielo. Estos trayectos ya están siendo utilizados por Moscú para facilitar los envíos desde el oeste de su territorio hasta China o India. En contraposición con la ruta tradicional (que involucra navegar por el mar Negro, el Mediterráneo y luego el océano Índico), los barcos ahora parten desde el mar de Barent y surcan aguas territoriales rusas por el norte hasta el Pacífico sur en menos días.

Energía para Asia

Pekín viene hablando de una “Ruta Polar de la Seda” desde por lo menos 2018. En este contexto, Moscú ha canalizado inversiones de este país para desarrollar su infraestructura en la región ártica y potenciar sus exportaciones, sobre todo después las sanciones occidentales por la invasión a Ucrania. Un ejemplo de esto es Arctic LNG2, un proyecto de la empresa rusa Novatek para la producción de gas natural licuado (GNL) en la península de Guida (en Siberia).

En una presentación oficial, Novatek (que es el principal exportador ruso de GNL) enfatiza que Arctic LNG2 es capaz de producir 19,8 millones de toneladas métricas de gas al año y que “garantizará una estructura de productos de bajo coste y máxima competitividad en los mercados de GNL”. Los rusos poseen el 60% de esta terminal, mientras que las chinas CNOOC y CNPC tienen cada una un 10% respectivamente. Un consorcio japonés cuenta también con un 10% adicional.

Otro ejemplo de la presencia de Pekín es Yamal LNG, el proyecto de extracción de gas natural más grande de Rusia, que está ubicado en la península del mismo nombre (también en la parte siberiana del océano Ártico). Esta iniciativa está dominada principalmente por Novatek (que tiene el 50,1%), pero también participan las empresas chinas CNPC (20%) y Silk Road Fund (9,9%). Según reportaron en septiembre de 2023, desde su apertura en 2017 estas instalaciones ya han producido más de 100 millones de toneladas de gas.

Novatek también esta involucrada en la construcción del LNG Construction Center, ubicado en la región de Murmansk (misma provincia donde Polygroup construyó un puerto). Según la empresa, esta es “una instalación clave para la industria de fabricación de equipos de GNL que está surgiendo en Rusia”, ya que permite la construcción de estructuras elementales y la fabricación de módulos a gran escala. “Más de cien fabricantes rusos participaron en la creación del centro de construcción de GNL, y algunos de sus productos de alta tecnología se desarrollaron específicamente para el proyecto y son únicos en Rusia”, explica un documento oficial de Novatek.

Cabe destacar que el gigante energético francés TotalEnergies ejerce una posición bastante controvertida en esta situación. Total posee el 10% de Arctic LNG2 y ha argumentado razones de “fuerza mayor” para no salirse del proyecto a pesar de las sanciones. Asimismo, tendría una participación del 20% en Yamal LNG. A este respecto, la agencia Bloomberg informó a finales de febrero de que los franceses tienen un contrato a largo plazo para comprar a Yamal cuatro millones de toneladas anuales de GNL hasta 2032.

Rechazo de Occidente

Como era de esperar, a Occidente no le hace gracia que Rusia esté utilizando esta ruta para saltarse sus sanciones. Según expresó en diciembre el viceprimer ministro ruso, Alexander Novak, alrededor del 90% de las exportaciones de petróleo de su país ahora van a China o India, gran parte de ellas por la ruta ártica.

“El aislamiento de Rusia y los efectos de las sanciones económicas impuestas debido a su agresión militar también crean espacio para posibles nuevas dinámicas y alianzas en la región, en el contexto del cambiante equilibrio de poder y las crecientes ambiciones de China en el Ártico. Estos acontecimientos son motivo de gran preocupación para la UE, que ha participado activamente en asuntos relevantes para la región”, expresó el Parlamento Europeo en un comunicado en enero.

Dicho esto, Europa y Estados Unidos han tomado medidas contra Novatek y otras empresas asociadas a estas rutas comerciales. Asimismo, a finales de febrero, el Reino Unido tomó represalias económicas adicionales contra diversas empresas vinculadas a estas actividades, entre ellas las emiratíes Fractal Shipping y Paramount Energy & Commodities.

No obstante, la preo­cupación se extiende más allá de lo económico. En particular, los aliados occidentales temen que Moscú esté movilizando tropas o arsenales a estas coordenadas, lo cual sería una amenaza crítica para países como Noruega, Suecia o Finlandia. “El aumento de la competencia y la militarización en la región del Ártico, especialmente por parte de Rusia y China, es preocupante. El derretimiento del hielo está creando nuevas rutas marítimas que facilitarían el movimiento de grandes embarcaciones y acortarían los tiempos de navegación. No podemos ser ingenuos e ignorar las intenciones potencialmente nefastas de algunos ac­tores. Debemos permanecer alerta y prepararnos para lo inesperado”, manifestó el almirante Robert Bauer, presidente del Comité Militar de la OTAN, en un discurso a finales de 2023.

Específicamente, un punto conflictivo es el archipiélago de Svalbard. Este grupo de islas, que se encuentran en el océano Ártico al norte de Europa, pertenece a Noruega. De hecho, sus recursos marinos y mineros han sido explotados por escandinavos y rusos desde hace décadas. Sin embargo, Moscú ha interpuesto en los últimos años distintas demandas diplomáticas contra los noruegos para garantizar sus intereses de navegación por la zona.

“La posición regional única de Svalbard es especialmente pertinente. El archipiélago tiene una importancia estratégica significativa, ya que su ubicación podría ser crucial para controlar el acceso de la flota del norte de Rusia en la península de Kola, que alberga sus submarinos nucleares estratégicos. Las aguas alrededor de Svalbard también contienen abundantes poblaciones de peces, como bacalaos y camarones, y extensos depósitos de minerales metálicos. El derretimiento del hielo mejorará gradualmente el acceso a algunos de estos recursos y puede facilitar un aumento de la actividad marítima en esta parte del Ártico”, revelaban los investigadores de CSIS en un análisis de septiembre.

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