Las diferencias normativas sobre las ‘stablecoins’ favorecen el arbitraje regulatorio, según el FSB
El organismo alerta de que algunos emisores se instalan en jurisdicciones con normas más laxas o sin regulación específica

En el último año, las criptomonedas han entrado de lleno en el engranaje financiero global y en la agenda regulatoria de las principales jurisdicciones. Europa se dotó a finales de 2024 de una ley que fija las reglas del juego para el sector, mientras Estados Unidos, por ahora, solo cuenta con un marco legislativo sobre stablecoins. Algunos países asiáticos y Emiratos Árabes Unidos también se han dotado de una regulación, pero no existe armonización entre estas normativas: cada jurisdicción ha impuesto sus criterios, algunos más laxos que otros, para regular unos activos que tienen naturaleza global. Y este es uno de los puntos críticos. En un informe publicado este lunes, el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB) pone el foco en las stablecoins globales y reconoce que las discrepancias de los marcos normativos favorecen el arbitraje regulatorio.
Las monedas estables, es decir, criptomonedas ligadas al valor de una divisa tradicional, como el euro o el dólar, son el activo al que las autoridades monetarias miran con más interés y, a la vez, con más preocupación. Mientras bitcoin o ether se perciben como pura especulación, las stablecoins conservan cierta aura de utilidad: los bancos las están adoptando, y en muchos casos desarrollando, para su rapidez y su bajo coste en los pagos transfronterizos y su utilidad en los mercados tokenizados. Actualmente, el valor total del mercado ronda los 300.000 millones de dólares, pero el 99% está vinculado al dólar estadounidense.
Lo que más preocupa a los reguladores son las stablecoins globales, por su dimensión transfronteriza. Se trata de aquellas monedas estables que tienen alcance y uso en múltiples jurisdicciones y que podrían llegar a ser sistémicamente importantes en una o varias de ellas. Actualmente, en el mercado existen dos grandes stablecoins globales, USDT, emitida por Tether, y USDC, de Circle, ambas ligadas al dólar.
Pese a ser activos similares (aunque con requisitos de reservas diferentes), su regulación difiere. La moneda estable de Tether no puede ofrecerse ni en Europa porque no cumple con la normativa ni en EE UU, al no respetar ciertos requisitos establecidos por la Genius Act. Circle, en cambio, está regulada tanto en EE UU como en el Viejo Continente. Pese a ello, USDT es, con diferencia, la más difundida: 180.000 millones de tokens en circulación frente a los 73.000 millones de USDC.
“El marco regulatorio y supervisor bajo el que opera una determinada estructura sigue siendo un factor esencial para determinar la resiliencia de una stablecoin global”, recuerda el FSB. El organismo explica además que regularse en una u otra jurisdicción significa estar sometido a requerimientos más o menos laxos, como es el caso de la cantidad y calidad de los activos de reserva que respaldan estas criptomonedas: Tether, por ejemplo, que tiene su sede en El Salvador, mantiene parte de las reservas en activos de más riesgo, como bitcoin o metales preciosos.
A pesar de los avances en el desarrollo de nuevas normativas, las diferencias entre jurisdicciones han contribuido, según el FSB, a la aparición de estructuras transfronterizas complejas para las stablecoins globales que han generado oportunidades para el arbitraje regulatorio, permitiendo que algunos emisores opten por establecerse y operar desde territorios con una regulación más laxa o incluso inexistente. “Los distintos países están aplicando las recomendaciones emitidas por el FSB de acuerdo con sus propios mandatos y marcos legales, por lo que la forma en que estas normativas interactuarán entre sí sigue siendo compleja e incierta”, insisten.
Difícil supervisión
A la ausencia de un marco regulatorio común a nivel global, la compleja estructura corporativa de estos emisores dificulta aún más la supervisión de estas empresas. “Una estructura global de stablecoins puede estar gestionada por múltiples entidades sujetas a distintos regímenes regulatorios, lo que podría dificultar la supervisión, la gestión de crisis, la atribución de responsabilidades y la cooperación entre autoridades en situaciones de estrés financiero o insolvencia”, señala el FSB.
Un ejemplo de ello son las stablecoins multiemisión, es decir, tokens idénticos e intercambiables emitidos conjuntamente por entidades ubicadas en distintos países. Circle, por ejemplo, tiene una sede en Europa y una en EE UU, y colocan la misma stablecoin, USDC, bajo la regulación de cada jurisdicción, es decir, MiCA y el Genius Act respectivamente. En ambas regiones, el emisor mantiene reservas que respaldan el token emitido, pero al ser activos idénticos y fungibles, los usuarios pueden solicitar el reembolso a cualquiera de las dos entidades, la estadounidense o la europea.
Cuando una de las dos enfrenta una solicitud de reembolso que supera sus reservas disponibles, se activa un mecanismo de reequilibrio mediante el cual la otra entidad puede transferir activos para garantizar un respaldo adecuado del conjunto de tokens en circulación. En el caso más extremo, puede resultar difícil determinar qué régimen o regímenes nacionales de insolvencia serían aplicables en caso de quiebra de una stablecoin global.
El FSB alerta de que la naturaleza global de las stablecoins puede amplificar los riesgos de liquidez y una eventual pérdida de confianza en estos activos podría extenderse al sistema financiero tradicional mediante la venta apresurada de las reservas que los respaldan, la retirada de depósitos bancarios para atender reembolsos o perturbaciones en los mercados de divisas y pagos donde estas monedas digitales tienen un papel creciente.