Del bitcoin a la IA: las mineras cripto se reinventan como centros de datos para sobrevivir
La caída de los precios y los costes energéticos erosiona los márgenes de estas empresas
Mientras los activos digitales siguen sumidos en un profundo criptoinvierno, hay una parte de este mercado que parece aguantar, al menos por ahora. Pese a que el negocio de minería de bitcoin está de capa caída, ya que es cada vez más complicado y costoso crear nuevos tokens, la mayoría de estas empresas sube en Bolsa, entre un 10% y un 40% en el año. El motivo no está en el mercado cripto —bitcoin se deja un 23% desde enero— sino en su viraje hacia un nuevo nicho: el de la inteligencia artificial. Decenas de estas empresas han pasado de una fiebre a otra: aprovechan la infraestructura y la tecnología que ya poseen, como los centros de datos, para saciar el hambre creciente de la inteligencia artificial.
Esta transformación es clave para las mineras, cuyos márgenes han ido erosionándose con el tiempo. Su negocio consiste en crear nuevas unidades de bitcoin resolviendo problemas matemáticos cada vez más complejos para validar las transacciones. A cambio, reciben una recompensa en criptomonedas, que con la creciente competencia se ha reducido progresivamente. Este proceso requiere de unos dispositivos con elevado poder computacional, mucha energía y refrigeración continua (para evitar el sobrecalentamiento de los equipos), lo que incrementa los gastos.
La caída de los precios de los activos digitales y el aumento de los costes energéticos en EE UU, donde se concentra la mayoría de mineros de bitcoin (un 37,5% de la cuota de mercado), ha hecho que el panorama sea aún más sombrío. Así, el índice de hash price, que indica cuánto dinero obtiene un minero de bitcoin por una determinada capacidad (un billón de cálculos por segundo) cayó hasta los tres centavos de dólar, según datos de la minera Luxor Technology; en 2017 era de 3,50 dólares, reporta Bloomberg.
Las mineras han invertido miles de millones de dólares para crear sus propios centros de datos, firmando asimismo contratos de suministro eléctrico ventajoso. Una mina de oro para las grandes tecnológicas, ya que estas infraestructuras y tecnologías pueden reutilizarse para entrenar y operar sus modelos de inteligencia artificial, que les permitiría expandirse con mayor rapidez y a menor coste. Las mineras, en cambio, pueden ofrecer sus servicios e instalaciones a un sector repleto de grandes inversores, a cambio de ingresos estables.
Por ello, varias empresas ya han anunciado sus planes: algunas pivotan solo parte de su negocio a esta tecnología, otras optan por una conversión total. Así, la minera TeraWulf, que se dispara un 40% en lo que va de año, ha vendido gran parte de sus tenencias de bitcoin y ha anunciado nuevas inversiones para ampliar sus centros de datos. Bitfarms también quiere dejarse atrás su negocio cripto: recientemente se disparó un 16% en Bolsa tras anunciar el traslado de sus instalaciones de Canadá a EE UU y el cambio de nombre a Keel Infrastructure.
A ellas se suman CleanSpark, Core Scientific, Mara o Riot, que han virado total o parcialmente hacia la IA. Otras han llegado a acuerdos con grandes tecnológicas y gigantes del sector: Cipher Mining firmó en noviembre un contrato de alquiler de 15 años con AWS (la división de Amazon de computación en la nube) para que utilice sus instalaciones como centro de datos destinados a sus proyectos de inteligencia artificial. El sector transita así de un modelo cíclico, dependiente del precio de los activos digitales, a otro basado en contratos a largo plazo y flujo de caja constante.
Esta transición está gustando a los analistas. A principios de febrero, Morgan Stanley inició cobertura de Cipher Mining y TeraWulf, con la recomendación de sobreponderar sus acciones, tal y como reportan varios medios del sector. En el primer caso, le otorga un precio objetivo de 38 dólares, un 150% por encima de su precio actual, y 37 dólares a la segunda, con un potencial de revalorización de más del 140%. “Este viraje del bitcoin a los centros de datos es un importante motor de revalorización de sus acciones”, escribieron los analistas en una nota a sus clientes.
Javier Molina, analista de mercados de eToro, considera que esta conversión es estructural. “La tendencia es clara pues la rentabilidad marginal del minado puro ha caído, mientras que la demanda de computación para IA y la de alto rendimiento está creciendo de forma exponencial. Esto ha provocado que la energía pase a ser el activo estratégico central. La electricidad barata, firme y escalable se está convirtiendo en la materia prima crítica, y las mineras parten con ventaja por terrenos, permisos, conexión a red y experiencia operativa”, destaca. “El mercado ya no valora estas compañías solo como mineras, sino como plataformas energéticas y de infraestructura digital”, añade.
No obstante, pasar de las criptomonedas a la IA también conlleva riesgos. Los activos digitales están sumidos en un profundo criptoinvierno y en el cóctel de causas que lo ha desencadenado también está el temor por el estallido de la burbuja de la inteligencia artificial. El mercado, de hecho, está inquieto por los planes de inversión desmesurados de estas compañías y por unas valoraciones que requieren de unos beneficios futuros que, por ahora, solo son promesas.
Por otro lado, si cada vez más mineras estadounidenses viran hacia la IA, aumentaría la influencia de otros países como Rusia, que concentra un 16,4% de cuota de mercado, o China, con un 11,7%. Esto pone en cuestión el relato del presidente de EE UU, Donald Trump, que prometió impulsar la minería doméstica: “Si las criptos definirán el futuro, quiero que se minen, se emitan y se fabriquen en Estados Unidos”, dijo.