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¿Hay café para todos? Nestlé busca conquistar a los bebedores de té de China e India en pleno récord de demanda

El grupo suizo busca fórmulas en los cultivos para responder a un consumo global de café que, según sus cálculos, crecerá un 50% hasta 2040

Belén Trincado Aznar

El café se ha convertido en una de las piedras angulares de la nueva hoja de ruta estratégica de Nestlé. El gigante alimentario suizo, que intenta enderezar su rumbo ahora bajo la dirección de Philip Navratil como consejero delegado y de Pablo Isla como presidente, ha identificado cuatro sectores sobre los que quiere fomentar su crecimiento en los próximos años, y el cafetero aparece en el primer renglón de la lista de prioridades, como uno de los segmentos de toda la industria de bebidas que presenta mejores oportunidades de crecimiento. Pero también presenta un gran reto: que los cultivos sean capaces de responder a esa demanda.

A cierre del ejercicio 2025, el área de negocio que aglutina las marcas Nescafé, Nescafé Dolce Gusto, Nespresso y Starbucks, bajo las que Nestlé actúa en el ámbito del café, fue el que generó el mayor volumen de ventas para el grupo: 27.200 millones de euros, el 29% del total. El grupo suizo es el principal vendedor del café del mundo, y también el principal comprador de materia prima, con un 10% del total mundial.

Mientras en los últimos 10 años los ingresos globales del grupo suizo han aumentado apenas un 1%, desinversiones mediante, los de esta división lo han hecho un 30%. Y la intención es que esas cifras sigan creciendo: Nestlé estima un incremento de los ingresos en esta categoría de entre el 3% y el 4% a medio plazo.

“Es un segmento que crece en todos los canales, en nuevos formatos, y lo va a seguir haciendo. Muchos nuevos consumidores están entrando en la categoría”, indica a este periódico Cristina Sánchez, ejecutiva española responsable del negocio de café en la zona América para Nestlé. Lo hace en un viaje organizado por la compañía para medios en el entorno de las ciudades de Sao Paulo y Vitória (Brasil), zonas en las que se abastece de materia prima y donde tiene una de sus principales fábricas a nivel mundial, en Araras, que rivaliza con la de Girona como mayor planta dedicada a este producto. Brasil, por su parte, es el principal productor mundial de café, acaparando cerca del 40% de la producción global.

Sánchez no esconde que una de las grandes oportunidades de crecimiento que presenta la categoría está en “los grandes mercados bebedores de té”, allí donde el café aún es una bebida minoritaria. Y ahí aparecen países como China o India, con poblaciones gigantescas que aún no están del todo familiarizadas con el producto, pero que crecen con fuerza: las importaciones de café se han disparado un 80% en China en los últimos 10 años, por un 11% en India, según los datos del Departamento de Agricultura de EE UU. Su estadística arroja que ambos países importaron, en 2025, 6,7 millones de sacos de 60 kilos, la unidad de medida del sector, mientras que el conjunto de la Unión Europea importó 47,5 millones. El margen, por tanto, es enorme.

“La expansión de cafeterías, por ejemplo de Starbucks, en esos mercados ha acercado la cultura del café. Y formatos como los listos para beber, el café frío, los concentrados, son cosas que estos consumidores buscan más que el sabor tradicional”, dice Cristina Sánchez. Un informe de Euromonitor destaca cómo los jóvenes de entre 20 y 29 años de la India están impulsando el consumo de café a través de las innovaciones o de propuestas personalizadas. “No lo beben por un tema de estimulación por la cafeína: buscan un momento de disfrute”, analiza.

Producción al límite

La creciente demanda choca con una oferta que, aunque también al alza, responde de manera irregular. Según los datos de la Organización Internacional del Café, entre el año 2000 y 2025 la producción mundial ha aumentado casi un 44%, pero menos de un 4% desde 2020 y no de forma progresiva. En ese periodo de 25 años la demanda ha aumentado un 65,5%, algo que no ha frenado en los últimos tiempos pese a los fuertes aumentos en los precios de cotización.

“El café tiene grandes retos en cuanto a la oferta y la demanda”, asegura Marcelo Burity, responsable de desarrollo de café verde de Nestlé. “En el lado de la oferta, se dan hoy unas condiciones climáticas inusuales, con temperaturas extremas, grandes precipitaciones... Patrones insólitos que afectan a la producción de café en muchos países”, asegura.

En Brasil, por ejemplo, la producción ha aumentado un 72% en los últimos 25 años, pero en los últimos cinco el ritmo también se ha ralentizado. Además, se observa un fuerte incremento de las variedades más resistentes a las inclemencias climáticas: la robusta, más amarga, ha crecido un 88% en los últimos 10 años, y ahora representa el 40% de la producción total de Brasil, cuando entonces no llegaba al 27%. La arábica, apreciada por su sabor más suave y dulce, solo ha crecido un 5% en ese periodo, según los datos del Departamento de Agricultura de EE UU.

“La demanda crecerá un 50% hasta 2040. Necesitaremos un 50% más de café para cumplir con ella, pero no hay más campo para hacer cultivos. Eso obliga a buscar un mayor rendimiento de los que ya hay, a tener más productividad”, añade Burity.

Una situación que impacta de lleno en las perspectivas de Nestlé en este negocio, como principal comprador mundial de café verde. Ante ello, a través de Nescafé, el grupo invierte unos 1.000 millones de euros entre 2022 y 2030 endesarrollar y acercar prácticas de agricultura regenerativa a los agricultores para incrementar la productividad de los cultivos. Por ejemplo, técnicas de nutrición de los suelos a través de composts que mejoren los drenajes; sistemas de irrigación basados en inteligencia artificial para adaptar las necesidades de agua a las condiciones meteorológicas; cosechadoras automáticas para reducir los tiempos de recolección; sistemas para aplicar fertilizantes de forma casi milimétrica.

Así, los cultivos maximizan su producción y pueden recortar plazos de recuperación. La finca Chapadao, ubicada en la localidad de Linhares, en el estado de Espírito Santo, y que cuenta con 310 hectáreas de cultivo, ha aplicado medidas de este tipo. “Nos está permitiendo seguir siendo competitivos ante posibles reacciones negativas del mercado, porque tener una producción estable permite tener bajo control los costes”, dice Rafael Bortolini, que gestiona la finca junto a su padre Eduardo.

El 53% del café verde comprado por Nestlé el año pasado vino de agricultores que adoptaron estas medidas, aunque la compañía no se lo adquiere de forma directa, sino a través de los intermediarios del mercado. Su ambición es llegar a un 100% a medio plazo.

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