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Defensa
Análisis

En la cabeza de Ángel Simón: por qué la compra de Escribano está viva, pero no es inevitable

La salida de la familia vendedora del mundo Indra facilita retomar la operación, pero el retraso en actualizar el plan estratégico invita a contemplar, al menos, una revisión de la hoja de ruta

El presidente de Indra, Ángel Simón, saluda al Rey Felipe en la Gala de los 50 años del diario EL PAÍS en el Museo Maritimo de Barcelona. Massimiliano Minocri

En las grandes novelas de misterio, los mejores detectives desconfían cuando un reguero de pistas poco disimuladas señala sin ningún género de duda a un sospechoso. Esta semana, los Escribano se deshacían del 14,3% que atesoraban en Indra. Lo hacían apenas semanas después de que Ángel, el mayor de los hermanos, abandonara la presidencia de la compañía de defensa y tecnología. Su salida era la condición que en su momento impuso el Gobierno, como mayor accionista de la empresa a través de la pública Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPi), para continuar el proceso de compra de la firma familiar, Escribano Mechanical & Engineering (EM&E). Detectaba el Ejecutivo un conflicto de interés. Ergo, sin Ángel como presidente y con la familia fuera del capital, sobre el papel nada impide continuar con una transacción considerada por todos como estratégica. La resolución perfecta del caso si no fuera porque, mientras los implicados desenredaban tan enmarañada madeja, el foco cambió. Y otros móviles empezaron a tomar fuerza y quién sabe si a tener más sentido.

Ángel Simón llegó a la presidencia de Indra en plena Semana Santa. Tiene fama Simón entre quienes le conocen de ser, por encima de todo, un hombre sensato. Tan cierto es que su designación es política, y bien conocida su afinidad con ese PSC industrial que entronca con la burguesía ilustrada catalana, como que se trata de un perfil corporativo de primer nivel, con larga experiencia en la élite empresarial y desempeños exitosos en entidades como Agbar. El fallido último episodio como primer espada de CriteriaCaixa, terminado de forma abrupta en apenas un año, demostró falta de feeling con lo que quería Isidro Fainé, pero también capacidad para ocupar y llenar el puesto, para decidir y no pasar inadvertido. “Él no se ve como un hombre político. Es un ejecutivo”, asegura un empresario que le ha tratado durante décadas. Por tanto, y sobre todo tras el fiasco en Criteria, no solo se juega su prestigio y parece lógico que quiera tener peso en la toma de decisiones, sino que sabe demasiado bien que el tiempo es oro. De hecho, puede disponer de poco más de un año para posicionarse y encarrilar la estrategia del grupo, dando por hecho que un cambio de Gobierno dinamitaría la gobernanza en Indra.

A partir de aquí, los hechos, pocos aún. El más importante, el anunciado retraso de la actualización del plan estratégico de la compañía a después del verano. Darse ese tiempo, dentro del poco margen que abriga, permite inferir que, al menos, quiere hacerse preguntas y entender un sector que hasta ahora le era casi desconocido. Y la primera que cualquier recién llegado a la casa se haría, incluso sin la experiencia y el pedigrí de Simón, es obvia: ¿Por qué hay que comprar Escribano, un movimiento que puede costar 2.000 millones y que marcará la estrategia de Indra para las próximas décadas? A poco que se mezcle entre los suyos, los técnicos le dirán lo que ya refieren en cenas de amigos o conversaciones en off, esto es, que no es una adquisición evidente, que tiene mucho de política y que el debate es pertinente.

Apostar por Escribano es hacerlo, fundamentalmente, por vehículos de combate, un sector que va a repartir mucho dinero en contratos a corto plazo, pero que cuenta con una decena larga de players en Europa con los que competir si se encienden las luces largas. No está hecha la consolidación. “Sobra capacidad. Aún no se ha producido una racionalización a nivel europeo -explica un experto en la industria de defensa, con responsabilidad en firmas del sector durante décadas-. Santa Bárbara no fue capaz de integrarse en ningún consorcio y colapsó, al depender solo de la industria de defensa nacional. Tenemos experiencia. Ha sobrevivido de la mano de General Dynamics y de fabricar el Leopard. A lo mejor conviene más comprar una compañía de radares, por poner un ejemplo cualquiera. Es un escenario que, tal y como se han dado las cosas, tal vez convenga poner sobre la mesa”.

Ese conflicto de fondo, que debería ser estratégico y resuelto desde la convicción técnica de qué es lo mejor para el futuro de la compañía, topa con la realidad de un consejo que vive en un conflicto de interés estructural y permanente. Lo tenía Escribano, incluso antes de mostrarlo a plena luz del día al acometer la adquisición de su propia firma familiar desde la compañía que el mismo presidía. Y lo tienen a día de hoy otros accionistas, como SAPA Placencia, de la familia Aperribay, cuya especialización es el diseño y fabricación de transmisiones, sistemas de movilidad, electrónica de potencia y software para, también, vehículos blindados. Simón debe decidir si compra la tesis del campeón nacional, un artefacto intelectual que recuerda planteamientos que hicieron fortuna en la España hace más de 20 años, o alienta un mensaje superador de Indra como jugador europeo que busca converger con las necesidades del continente.

¿Quiere todo esto decir que la toma de Escribano está descartada o debería descartarse? No, ni mucho menos. Según fuentes próximas a la compañía, el sentimiento dentro del consejo no ha dejado de ser, por el contrario, favorable a la operación. Sería coherente que, sopesados pros y contras y con lo expresado hasta ahora, el principal accionista de la compañía decida que la estrategia pasa por adquirirla, y que los gestores se alineen con el proyecto. No parece haber ningún obstáculo para poner en marcha el proceso, siempre y cuando la valoración y el diseño de EM&E no otorgue a la familia una participación muy alta en Indra, en la hipótesis más plausible de que se arbitrara una estructura con una combinación de efectivo y acciones.

Eso sí, el tiempo que se tomará Simón para definir la nueva hoja de ruta del grupo de defensa le va a venir muy bien a los Escribano para que se apacigüen los ánimos en La Moncloa, especialmente en la Oficina Económica del presidente del Gobierno, que ha quedado muy expuesta en todo el culebrón. También servirá para definir el futuro del consejero delegado, José Vicente de los Mozos, otra patata caliente para Simón, ya que en breve tiene que renovar su contrato y ha expresado su disposición a continuar. Normalmente vinculado al PP y a la Comunidad de Madrid de Isabel Díaz Ayuso a través de Ifema, no está claro que Simón no quiera en algún momento reforzar su posición y forzar la máquina en el consejo para aprehender atribuciones ejecutivas. Por ahora, no parece que el perímetro de la decisión deba exceder cuestiones básicas como el análisis de su capacitación profesional y el respeto interno que se haya ganado en los equipos. Una nueva era, con nuevos plazos y, tal vez, criterios.

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