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La banca afronta la emisión de 6.300 millones de bonos ‘cocos’ este año en pleno debate sobre su transformación

El BCE propone cambios en la naturaleza de los bonos contigentemente convertibles en su propuesta de simplificación regulatoria

El 2026 se revela como un año clave para el futuro de la banca europea. El Banco Central Europeo (BCE) publicó en diciembre un informe exponiendo las líneas maestras de la reforma de simplificación bancaria que estudian las instituciones europeas. En el corazón de esta propuesta se encontraban los bonos cocos, uno de los elementos sobre los que los reguladores construyeron el colchón de las entidades para absorber pérdidas y que se encuentran a medio camino entre las acciones y la deuda propiamente dicha. Mientras tanto, las entidades españolas deberán afrontar la emisión de 6.300 millones en este tipo de deuda para este año.

Los conocidos como cocos (o AT1, en la jerga) forma parte de ese colchón que los reguladores han instado a los bancos a crear. El objetivo es que los bancos, ante la posibilidad de que llegue otra crisis, dispongan de instrumentos que absorban pérdidas y eviten que los Estados tengan que volver a salir en su rescate, como ocurrió tras la Gran Recesión. Estos bonos contingentemente convertibles, que se transforman en acciones en caso de que el capital de un banco caiga de un determinado nivel, constituyen la segunda línea de defensa después de las propias acciones. Posteriormente, se encuentran las emisiones subordinadas, las sénior non preferred y finalmente los bonos senior, cédulas hipotecarias y otros tipos de pasivo más protegidos. Un ejemplo de su funcionamiento fue la quiebra del Banco Popular, donde la Junta Europea de Resolución (JUR) decidió aplicar este esquema de auto rescate y los accionistas, dueños de cocos y de subordinada de esta entidad perdieron toda su inversión, al tiempo que el banco fue adquirido por el Santander por un euro.

En cualquier caso, los cocos son un tipo de deuda peculiar. A diferencia del resto de bonos de este esquema, no tienen fecha de vencimiento, sino que se emiten a perpetuidad. Sin embargo, cuando pasan cinco años después de su emisión, el precio del título se eleva considerablemente. Esto añade incentivos a que los bancos los amorticen entonces y los sustituyan por bonos nuevos del mismo tipo, como suele ocurrir.

De este modo, las entidades afrontan emisiones por valor de 6.300 millones de euros que cumplen estos cinco años y con la primera ventana de oportunidad para su eliminación. Existe el precedente, no obstante, de que los bancos en algunas ocasiones han decidido no eliminarlos y renovarlos por otro nuevo periodo. Esto ha ocurrido cuando las nuevas emisiones serían más caras que las viejas debido, por ejemplo, a una subida en los tipos de interés.

La cuestión está en que el BCE ha vuelto a poner esta deuda en el centro del debate. En el informe que el vicepresidente del banco central, Luis de Guindos, presentó en diciembre proponía cambiar la naturaleza de estos títulos, que desde el Covid-19 han permitido que computen para el cálculo del capital. Así, el BCE ha propuesto dos soluciones. La primera es modificar la naturaleza de los cocos para reforzar su capacidad de absorber pérdidas y así mantenerlos en el cómputo del capital, lo que previsiblemente provocaría que los inversores exigiesen un precio mayor por su emisión y un encarecimiento para los bancos. La otra solución es eliminarlos de los cálculos de la ratio de capital o bien sustituirlos por otros instrumentos.

El mercado aún no ha emitido un veredicto. Si bien estos bonos experimebtaron un fuerte encarecimiento en los días posteriores a la publicación de las recomendaciones del BCE, han vuelto a su situación previa. Por ejemplo, la rentabilidad exigida (que discurre de forma inversamente proporcional al precio) por el mercado secundario para una emisión de 1.500 millones del Santander de junio se elevó el pasado 12 de diciembre al 6%, máximos anuales. La de 1.000 millones en cocos colocados por el BBVA en junio de 2023 llegó al 7,4%, su nivel más alto desde septiembre de 2024. En ambos casos ya cotizan a los niveles previos al anuncio.

Si bien las tensiones del mercado no son demasiado elevadas, lo cierto es que los bancos aún no han aprovechado la ventana de emisiones de inicios de año para renovar sus cocos. Por el momento, solo el Santander y el BBVA han salido al mercado en 2026, en medio de una elevada oleada de colocaciones en todo el mundo, que en las escasas dos semanas de año ya se eleva a 61.000 millones. El banco que pilota Ana Botín ha vendido 2.000 millones de euros en deuda senior preferente a cuatro y diez años y la entidad de Carlos Torres ha optado por la misma cantidad pero de senior non prefered. Por ejemplo, el año pasado el BBVA ya había colocado 1.000 millones en cocos e hizo lo propio en noviembre con otros 1.000 millones.

Por entidades, al Santander le caducan dos emisiones, de 1.000 millones y de 828 millones. Al BBVA, una de 1.000 millones, que ha anunciado que va a amortizar; y a CaixaBank, otra de 1250 millones. A mayores, el Sabadell y Unicaja deberán decidir sobre sendos bonos de 500 millones; Abanca, de una de 375 millones; y Bankinter, otra de 350 millones.

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