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Claves de la bancarrota de Wework: cómo se gestó la caída del gigante y sus efectos en España

La compañía pasó de la “revolución de las oficinas” en todo el mundo a solicitar la bancarrota en solo cinco años

WeCrashed Anne Hathaway Jared Leto
Adam Neumann, el fundador de WeWork, a comienzos de 2019.Michael Kovac (Getty Images for WeWork)
Leandro Hernández

Neones con mensajes motivacionales en las paredes, mesas de ping-pong entre los escritorios y barra libre de alcohol para compartir ideas con otras mentes pensantes. Durante años, la propuesta de WeWork fue una máquina de atraer inversores, así como usuarios de su particular sistema de salas de trabajo compartido. Sin embargo, como lo retrata la serie `’WeCrashed’, la caída fue igual de rápida y ha llegado esta semana a la Bolsa de Nueva York con la declaración de bancarrota. Estas son algunas de las claves sobre este fenómeno, así como las consecuencias de la actividad en España, donde opera diez espacios de coworking.

¿Cómo se gestó su caída?

El salto al abismo de WeWork y sus fundadores, Adam y Rebeca Neumann, no tiene precedentes, incluso en el mundo de las startups. WeWork fue la gran idea de Adam Neumann, un emprendedor que con solo 20 años llegó a Nueva York procedente de israel con la única meta de convertirse en millonario. Probó múltiples opciones antes de los bienes raíces, desde moda para bebes hasta la venta de zapatos con tacón plegable. Solo en 2010, junto con su esposa, llegaron a la idea que los convertiría en multimillonarios. Sin embargo, la pareja se despegó del mercado inmobiliario y vendía su servicio de espacios de trabajo compartidos como una solución tecnológica para las empresas y los emprendedores. Compararse con firmas como Google, Airbnb o Uber le permitió a la compañía el favor de los inversores en un contexto de bajos tipos de interés.

La ambición ilimitada de los Neumann fue el primer factor para su caída.: él afirmó que la misión de WeWork era “elevar la conciencia del mundo”, lo cual es una meta muy ambiciosa para cualquier compañía. Rápidamente esto chocó con los pesos pesados de Wall Street. Al presentar su solicitud para salir a Bolsa, WeWork puso al descubierto su funcionamiento interno. Los inversionistas se asustaron ante sus pérdidas crecientes y los enredos de la familia. Por ejemplo, el matrimonio había contratado a otros familiares para gestionar tareas claves de WeWork sin ningún tipo de calificación para las mismas, a la vez que había comprado edificios que luego alquilaba a la compañía. Incluso, Adam Neumann forzó a su empresa que le pagara 5.900 millones de dólares por los derechos de uso de la marca tras registrarla como marca registrada a su nombre.

¿Cómo fue su salida a Bolsa?

WeWork esperaba una exitosa salida a Bolsa en 2019, con inversiones por hasta 100.000 millones de dólares en la firma. Sin embargo, el estreno bursatil tuvo que esperar ante la presión de los inversores y decidió aplazar la oferta pública. En ese momento, la empresa estaba valorada en 47.000 millones de dólares, según la última ronda de financiación de comienzos de 2019. Finalmente, a finales de ese año, Adam Neumann anunció su salida como presidente de la empresa, lo que permitiría mantener a flote su negocio. Ya en ese momento, con la crisis sanitaria a pocos meses, la empresa había caído a una valoración de solo 8.000 millones.

Finalmente, en 2021 la empresa de alquiler de oficinas y espacios de coworking comenzó a cotizar en el mercado electrónico Nasdaq de la mano de una SPAC. Tras superar la crisis provocada por el teletrabajo, el valor de la compañía era de aproximadamente 9.000 millones de dólares.

¿Cuáles son los inversores más afectados?

El gran respaldo de los Neumann estaba en Japón. El gigante SoftBank y su fondo Vision Fund eran poseedores de un tercio de WeWork tras una inversión aproximada de 10.600 millones de dólares en los últimos años en lo que esperaba sea más que solo espacios de trabajo y salas de reuniones, sino también una marca internacional que ofreciera viviendas, educación y todo tipo de servicios. El rescate propuesto en 2019 elevó la participación de la compañía japonesa por encima del 60%. A fines de ese año, Masayoshi Son, el fundador del grupo asiático, dijo que la inversión en WeWork había sido un “muy mal juicio” de su parte, que provocó la mayor caída en los 38 años de su firma.

Además de esta firma japonesa, otros nombres destacados del capital riesgo apoyaron el emprendimiento: Goldman Sachs, Vanguard, Fidelity, entre otros.

¿Cuál es su actividad en España?

La llegada del gigante estadounidense a España se dio a mediados de 2017 y desde entonces comenzó una historia de pérdidas millonarias. Según los datos del Registro Mercantil, la filial española de WeWork acumuló entre 2018 y 2021 números rojos por 65 millones de euros. “La sociedad ha incurrido en pérdidas que han supuesto una reducción de los fondos propios y la existencia de un fondo de maniobra negativo, factores que ponen en duda el seguimiento del principio contable de empresas en funcionamiento”, destaca el informe de las primeras cuentas anuales, publicadas en 2018.

Los datos de 2019 muestran de igual manera un aumento de su actividad local, con las que llegó a contar ese año con ocho oficinas de uso compartido en el país distribuidas en Madrid y Barcelona. En 2019 alcanzó ingresos por 22,3 millones de euros, pero esto trajo asociado un aumento rápido de los gastos en alquiler de locales y su acondicionamiento para respetar los usos de la marca a nivel global. Solo en arrendamiento, la firma gastó ese año 15,5 millones de euros. En ese caso, también señaló que “se esperan considerables pérdidas durante los primeros años”. Sin embargo, precisaba que la matriz estadounidense “ha confirmado su voluntad y capacidad de proporcionar apoyo financiero” a su filial local.

Estas pérdidas, que constan en los registros oficiales, eran a pesar de los altos costes de acceder al servicio. Como mínimo, trabajar en una oficina de WeWork en Madrid costaba 250 euros al mes por un espacio sin ningún tipo de privacidad ni garantía. Esto ascendía hasta 2.000 euros al mes para quienes buscaban una “oficina privada” con mesa individual. Eso sí: el café y los mensajes motivacionales eran gratis.

En 2019, la firma destacaba el fuerte interés de los consumidores españoles y mencionaba la existencia de una “lista de espera” para acceder a las instalaciones. Por ejemplo, se destacaba la presencia de firmas como Accenture, Everis u Openbank en los complejos que administraba la compañía. Al cierre de 2022, la multinacional estadounidense comentaba que la ocupación media en sus cuatro centros en la capital española se situaba en el 86%, más de diez puntos por encima del 75% que registraba como media global.

¿Mantendrá el negocio local?

La compañía aún cuenta con diez espacios de coworking, cuatro en Madrid y otros seis en Barcelona. En su sitio web, se pueden visualizar las imágenes y reservar espacios de trabajo, lo que confirma que siguen trabajando sin ningún problema. De hecho, el último centro, ubicado en el número 36 de la calle Goya en Madrid, fue inaugurado hace poco menos de dos meses. En comentarios a la prensa, la compañía ha destacado que el negocio local “no forma parte” del proceso de bancarrota iniciado en Estados Unidos.

A nivel global, su actual director ejecutivo, David Tolley señaló esta madrugada que “continuará racionalizando su portafolio de arrendamientos comerciales” y que “espera que las operaciones globales continúen con normalidad”.

Sin embargo, la actividad en España conoce bien los vaivenes de la compañía a nivel global. Por ejemplo, en 2019, en plena historia de amor con los inversores, WeWork se instaló en el número 106 de Francisca Silvela, un edificio propiedad del fondo AEW. Sin embargo, en 2021 el gigante estadounidense decidió salir del contrato tras una “revisión en profundidad de nuestra cartera global de inmuebles”, según señaló un portavoz de la firma a este periódico.

¿Cómo afecta esta caída al sector en España?

WeWork no es el único jugador en el mercado local de coworking. Además de la firma estadounidense, se encuentran las marcas Regus y Spaces, Utopicus (propiedad de grupo Colonial), Aticco, Loom (operado por el grupo Merlin), First Workplaces, Monday, entre otros. Un informe elaborado por la plataforma Coworking Spain, destaca que se trata de un negocio al alza, que ha crecido casi un 40% desde 2021.

La misma organización destaca que existen al menos 1.092 espacios de este tipo y que, en total, suman una dimensión de 836.000 m2. Barcelona y Madrid encabezan las ubicaciones preferidas por estas compañías, con 315 establecimientos en la ciudad condal y 231 en la capital. Mas lejos se encuentran Valencia, con 67 espacios; seguida de Málaga, con 42; Alicante, con 34; y Sevilla, con 32 espacios de cowork.

Además, las empresas señalan que el mercado español permite que no todo sean perdidas, como en el caso de WeWork. " Contamos con un porcentaje de ocupación que supera el 85%’. En 2023 superaremos los 12 millones de euros de facturación y nuestro resultado neto será positivo’”, señala Xavier Bassons, consejero delegado de Monday. Esta compañía cuenta con diez espacios donde trabajan alrededor de 3.500 personas. En este sentido, Bassons explica que su crecimiento obedece “siempre a criterios de rentabilidad”, una de las lecciones aprendidas del rápido crecimiento de la compañía estadounidense. “Esto nos ha llevado a tener un modelo de negocio que funciona económicamente y que es duradero en el tiempo”, apunta en conversación con CincoDías.

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Sobre la firma

Leandro Hernández
Periodista económico. Interesado en entender más de criptoactivos, transformación digital y energía. Se incorporó a este periódico en 2022 después de haber trabajado en diferentes países de América Latina y en Estados Unidos. Estudió Relaciones Internacionales en la Universidad Torcuato Di Tella (Argentina), y el Máster de Periodismo UAM-El País.
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